Gestos del centauro, de Marcos Daniel Aguilar

Miguel Ángel Hernández Acosta.

Existen diversas formas de leer un libro. En ocasiones, gracias a la generosidad del autor, se cuenta con una introducción que da pistas sobre su intención escritural, así como una contextualización del objetivo que busca alcanzar en su obra. Marcos Daniel Aguilar, en Gestos del Centauro, es honesto al inicio de este tomo y nos dice qué encontraremos en las siguientes páginas: una exploración a la figura equina en diversas artes. Pero no sólo eso, sino también los detalles mínimos que pasan desapercibidos por otros y que él halló al escribir los ensayos reunidos en este ejemplar y que antes aparecieron en “una revista sobre actividades para la socialité”.
Este punto es importante porque la antología resultante no es, como podría, un conjunto de textos sólo reunidos por una temática. Lo que consigue el autor es una unidad que pone su foco en un tema, y a partir de ahí aborda intuiciones y obsesiones que se descubren al ir recorriendo estas páginas. Por ejemplo, al retratar al pintor y litógrafo ginebrino del siglo XIX César Hipólito Bacle, Aguilar hace un recorrido por las ilustraciones e ilustradores de la época, y relata la vida de este viajero que llegó a Argentina y gracias a quien conocemos las costumbres de algunas de sus provincias. Sin embargo, al contarnos esta parte histórica, también se da tiempo para narrar con calma y conocimiento el mundo que entonces existía, y sin cuya explicación el texto terminaría siendo “sólo” una biografía.
Además, los textos de Aguilar son un ejemplo de una prosa fluida, que parece haber sido sometida a una profunda corrección con miras en que el lector acompañe al ensayista en sus reflexiones y jamás tropiece. Con ello, el descubrimiento que realiza el autor es atestiguado y nace al mismo tiempo en el lector, quien es llevado de la mano por los pensamientos y elucubraciones del escritor, quien alumbra un camino que antes no se pensaba recorrer y que al final de cada texto ha resultado nuevo y gozoso. Esto quizá se deba a que los ocho textos incluidos en este libro parecen ser esa mítica punta del iceberg que esconde un trabajo de investigación y argumental que se intuye al leer las reflexiones, en apariencia distantes, pero certeras, a las que llega el autor. Por ejemplo, al alumbrar el trabajo de Raúl Anguiano y sus logros, Marcos Daniel Aguilar apunta: “pintaba bajo una fórmula infalible, en tres tiempos: introspección, contemplación e imaginación, que se traducen en sentimiento, pensamiento y creación, los tres tiempos de la poesía, según José Bergamín”. Así, en este punto, el lector es capaz de entender la sustancia artística de las obras de Anguiano y comprender en dónde termina la técnica y dónde comienza el arte.
Si algo se agradece en estos textos es la claridad en su escritura y en su pensamiento, pues Aguilar ofrece una especie de caja negra donde reúne lo sustancial de cada artículo y lo muestra al lector para darle la seguridad de que su lectura es correcta. Esto lo consigue por las imágenes eficientes con que acompaña sus ideas, y por su capacidad de sintetizar problemáticas y contextos que adquieren relación y sentido. Ejemplo de ello es cuando habla de dos figuras esenciales en la cultura popular latinoamericana: “Con la misma suerte que el mariachi o el charro de México, el gaucho también sobrevive en la imaginación, el primero a través de la gloria de la música, el cine y el estereotipo ranchero; el segundo por medio de la milonga y hasta del mismo tango tipo Broadway: ambas imágenes que hoy son de exportación para el turismo”.

Gestos del Centauro es un libro sencillo, y en este caso el adjetivo es un elogio. Para pensar y reflexionar respecto a la figura equina, Marcos Daniel Aguilar no recurre a los fuegos de artificio para embellecer su prosa. Sin embargo, realiza una labor mucho más arriesgada y difícil: dar claridad, orden y emoción a sus ideas, y con ello entrega un libro por el que el lector fluye con la tranquilidad de quien tiene un buen guía y no se debe preocupar por extraviarse en temas que hasta antes de la lectura no resultaban de su interés. La recompensa es que llegará al descubrimiento final a través de un camino jubiloso.

Marcos Daniel Aguilar. Gestos del Centauro. México: Ediciones Periféricas/Instituto Tuxtleco de Arte y Cultura, 2012.