Si dios me quita la vida, de Francisco Alejandro Méndez

Por Hugo César Moreno Hernández.

El desastre tiene un sentido humano. Sólo lo humano vive el desastre. Una avalancha, un huracán, terremoto o explosión volcánica devienen desastre cuando interviene lo humano, ya sea en sus creaciones o en sus vidas. Lo humano crea desastres sin intervención natural. Produce las condiciones exactas para destruirse. Y como en todo lo humano, es en las escalas más bajas donde los desastroso alcanza mayor volumen. La fórmula puede ser casi matemática: toma un espectáculo que encienda algo profundo en los seres humanos con tal fuerza que cree una multitud, mete a esa multitud en un lugar cerrado con capacidad limitada, llena dicho espacio más allá de su límite y si no caben, no importa, mete más que si lo humano está más allá de la naturaleza, la mecánica de fluidos no le interpela, como la biología o la física, para eso está dios y para eso se reza. Todo eso ponlo en un país pequeño con problemas económicos, políticos y mucha corrupción. Voila, todo listo para un desastre. Corrupción e identidad nacional, un partido de futbol entre selecciones nacionales en eliminatoria mundialista, gesta a la que nunca ha asistido Guatemala.

Con esos ingredientes comienza la novela Si dios me quita la vida donde el comisario ‘Wenceslao Pérez Chanán’ desplegará todos sus recursos para resolver un crimen atroz que sucede en el mismo entorno del desastre. Mientras cientos de personas son aplastadas debido a la sobreventa de boletos, auspiciada por corruptelas y una pobre valoración de la vida humana, una familia es masacrada en casa, manchando las camisetas de la selección nacional guatemalteca, en un guiño que permite pensar que el autor (Francisco Alejandro Méndez) comprende cómo se vinculan los grandes desastres con las tragedias familiares, como si Méndez tuviera la clave para dar con la línea que conecta todas las vidas, todas las muertes, como si Méndez conociera demasiado bien su país. Dejemos esto en la capacidad creativa de un escritor que modela con humanidad pastosa a su héroe: Wenceslao Pérez Chanán.

La confección del nombre del héroe es también importante, Méndez le asignó a su personaje uno que tiene musicalidad, que merece ser pronunciado de manera completa, no Wences, no Pérez, sino ‘Wenceslao Pérez Chanán’, acaso sólo Pérez Chanán, como para guardar el ritmo de las últimas silabas.

¿Cómo debería ser un policía honesto y hábil en el país centroamericano?, es decir, cómo crearlo sin caer en subterfugios ofrecidos por el género y poner a un tipo atormentado, solitario, de oscuro semblante, armado con valores férreos, pero con métodos cuestionables. Primero -algo que parecería obvio, pero no siempre pasa en el noir latinoamericano- tomas un policía guatemalteco, un comisario como el que viste en algún noticiero o reportaje periodístico. Muy seguramente se tratará de un hombre moreno, con sobrepeso, de semblante adusto, con pocas capacidades comunicativas. Si tiene rango, debe estar en sus cincuenta altos, si tiene sobrepeso, sus hábitos, muy impulsados por el tipo de trabajo, no podrán ser saludables, quizá se la pase comiendo cacahuates garapiñados y pida carnes rojas y beba ron. No se tratará de un hombre de acción, sino más bien cerebral y reflexivo, de gestos serenos y repelente a la sobreactuación, siempre dolorido de las coyunturas atacadas por la cristalización del ácido úrico. Padre de cinco hijos con una esposa siempre en vilo. Así es ‘Wenceslao Pérez Chanán’.

Estos elementos hacen verosímil el caso narrado en Si dios me quita la vida. Las preguntas sobre la relación entre la tragedia en el estadio y la matanza de la familia Figueroa se resuelven de manera sencilla y efectiva, sin elucubraciones insospechadas, pues se trata de un entramado de situaciones demasiado comunes en países como Guatemala, desde las estructuras políticas y económicas hasta la cotidianidad de familias siempre con secretos y maldades que surgen cuando la sangre mancha las estampas presentadas fuera de la intimidad.

Por supuesto, también hay acción, ‘Fabio’ y ‘Enio’, los agentes estrella del comisario, imprimen la dosis necesaria de acción en tiroteos, persecuciones y capturas, dejando como un haz de luz descripciones la ciudad, permitiendo al lector dibujar un mapa que ilustra la capacidad narrativa de Méndez. Si dios me quita la vida es una novela policiaca con todos los elementos definidos por el canon con el plus de estar bien situada en la realidad guatemalteca. Esto es un valor que es preciso señalar, pues situar, en este género o subgénero, es lo más complejo, porque no se trata de traer al detective privado gabacho o ennegrecer al policía nativo, sino de acometer la empresa con las posibilidades ofrecidas por la realidad específica por explorar. En ese sentido, Francisco Alejandro Méndez lo hace muy bien.

Méndez, Francisco Alejandro. Si dios me quita la vida. México: Ediciones Periféricas, Serie Redrum, 2021.