Entrevista con Serch Mendoza, autor de Pulpa negra

Por Juan Carlos Aguilar.

Un libro que rehúye de los estándares. Pinta historias realistas y cotidianas, y se ufana del más exquisito lenguaje popular, pero además se sumerge en las honduras de la física cuántica y de la literatura fantástica, y hasta sucumbe en el lodo del policiaco más rasposo.

Así puede definirse el estrambótico libro de relatos Pulpa negra (Ediciones Periféricas, 2021), primer volumen del narrador Serch Mendoza (Ciudad de México, 1982). Se trata de una obra “pandémica”, pues se concibió en diciembre de 2019, se trabajó todo 2020 y se imprimió finalmente en febrero pasado, en medio de una crisis sanitaria que se ha extendido por más de un año.

“Es un siniestro experimento” que, asegura Mendoza, rinde un homenaje a las revistas pulp, famosas en los años 30 del siglo pasado, en las cuales se ofrecían relatos de diferentes géneros literarios, como ciencia ficción, terror o policiaco, con distintos registros y tonos narrativos; una especie de miscelánea donde cada quien toma lo que le agrada.

“Me gustaría confrontar al cómodo, y reconfortar al que está trastornado; ofrecer un poco para todos para que encuentren algún cuento con el que hagan clic”, explica Mendoza en entrevista.

“Se trata de una propuesta que se fraguó junto con Ediciones Periféricas. El libro tiene tres registros, pues contiene relatos fantásticos, de género negro y algunos con un tono más realista en el que se que narran cosas que le pueden suceder a cualquier persona en un día de su vida”.
Y asegura: “Es una apuesta arriesgada porque los cuentos tienen tonos diferentes para que el lector tenga una experiencia contrastada”.

La prueba está en los ocho relatos que conforman el volumen de 84 páginas. Deambulan lo mismo las alucinaciones/revelaciones de un joven a varios miles de pies de altura, durante un viaje a Huatulco; la “historia de amor” de una prostituta y un trasnochado bebedor; una peligrosa e inesperada situación entre cigarros y “horribles whiskys”; o las experiencias cuánticas que se tienen durante un concierto a tres pistas.

Sobre el trabajo en torno al lenguaje literario, reflexiona: “La principal función del escritor es lidiar con el texto, más que con la idea de un cuento. Todos hemos sufrido un asalto o hemos visto una situación graciosa de algo que le ocurrió a alguien, pero cuando la contamos puede que no tenga el mismo efecto de cuando la presenciamos porque no la supimos contar. Como cuando alguien cuenta un chiste, pero lo arruina porque lo cuenta mal.

“Si las anécdotas fueran literarias, no habría necesidad de hacer este trabajo literario. Pero como no lo son, ahí es donde entra el trabajo del escritor, para dar forma a las ideas”, dice Mendoza, quien ve en el dramaturgo y poeta inglés Harold Pinter (1930-2008) y en la novelista y poeta mexicana Esther Seligson (1941-2010) dos grandes influencias estilísticas.

“Pinter es el rey del subtexto, es decir, dice una cosa, pero en realidad se está refiriendo a otra. Pensaba en eso mientras escribía el cuento ‘Bocanada’. Seligson, a quien descubrí el año pasado, me está quitando la venda para intentar usar distintos recursos literarios”.

Además, confiesa, es una obra de carácter “ondero”, pues está inspirada en la literatura de la Onda, que leyó con asombro en la adolescencia.

“Lo fundamental en los autores de la Onda era esa escritura de lo que vivían los jóvenes en aquellos años, de sus inquietudes y obsesiones. En mi caso, casi todos mis cuentos surgen a partir de la experiencia. Todos tienen este tono de estar experimentando algo que después desemboca en preguntas y sensaciones. En mis siguientes proyectos voy a intentar cosas diferentes, pero no dudo que siga escribiendo cuentos en este estilo, porque me divierte hacerlo y porque le tengo un cariño a este tipo de literatura (que) leí muy joven, cuando tenía unos 15 años. En ese sentido, es una literatura que se vuelve parte de mi educación”.

Mendoza, Serch. Pulpa negra, México: Ediciones Periféricas, 2021.