Ni hermosa ni maldita

Hugo César Moreno Hernández.

El valor de una antología con el supuesto de actualizar el quehacer literario de una región, país, latitud, lengua o lo que sea, está en permitir dibujar panoramas estilísticos, temáticos, lingüísticos, filias y fobias arraigadas por coyunturas e historias o historiografías. A veces se trata de formular un ethos, otras una gestualidad, en ocasiones un Estilo, con mayúscula, en fin, las intenciones pueden ser muchas, loables, deleznables, mezquinas, honestas. A fin de cuentas, acometer la empresa de antologar, en sí misma, supone un esfuerzo donde la subjetividad del antologador liga las obras presentadas, esto si el afán es literario, si es político, son voces cercanas, si es cultural, son voces afines. Vaya, es imposible realizar la antología total, lo cual sería un despropósito.

Ni hermosa ni maldita es una antología donde es posible identificar cualquiera de las cualidades o defectos mencionados, lo cual sólo podría ser descubierto si se sufre de complejo detectivesco paranoide.

Para un lector no guatemalteco ni cercano a las dinámicas de la cultura literaria de ese país, Ni hermosa ni maldita cumple con mostrar una diversidad refrescante de voces narrativas que delinean cartografías impensables, si se tenía algún prejuicio geográfico respecto a Guatemala, o reorganiza calcos mentales si se conocía el panorama literario guatemalteco. Hay voces que recuerdan un poco a suciedad carveriana, como Liberty city, de Alejandro Torún y (V)ery (I)mportant (P)eople de Javier Payeras, los cuentos que abren la antología. Inicio muy audaz, audaz y comprensible, porque irrumpe algo no esperado si se pretendía literatura bananera, por decir algo. Por otro lado, se apela a la superioridad literaria de los centroamericanos para hacer minificción, relato corto o lo que sea. Con ese inicio uno sabe si sigue o no. En mi caso, que quizá he leído un poco más de literatura centroamericana que otros, me encandiló. Seguí y seguí cuento tras cuento.

Ni hermosa ni maldita satisfizo la pulsión morbosa sobre qué es lo actual de la literatura guatemalteca. De ese tono sucio a relatos de infancia donde la guerra civil deja restos humeantes, gatos piratas alcohólicos, cuidadores de fincas leales, luchadores guatemaltecos dominando las arenas del norte mexicano, reinvenciones de cuentos infantiles, terroristas de dios, cerotes, patojos y baboso, con la jeta abierta. Guatemala no aparece hermosa ni maldita. Aparece en microcosmos de ciudad, subirse al bus para iniciar la revuelta, tiempos vitales, violencia y un poquito de amor vendido poco correspondido. Ni hermosa ni maldita es calurosa, por eso deja ver sus carnes sin vergüenza y, como debe hacer una antología, sin importar virtudes o defectos, invita a buscar la obra de los autores incluidos. En mi caso, además de los dos ya mencionados, Maurice Echeverría, Eduardo Halfon, Estuardo Prado, Francisco Alejandro Méndez, Eduardo Juárez, Eddy Roma y Rodrigo Fuentes, son quienes más me interesaron. De Prado, Halfon y Méndez ya tenía noticias, sólo se confirmó mi interés.

V. AA. (2012). Ni hermosa ni maldita. Narrativa guatemalteca actual. Alfaguara, Guatemala.