Los locos mueren de viejos, Vanessa Núñez Handal

Por Hugo César Moreno.

‘Paula-María’, mamá, abuela, tía; ‘Alejandra’, ayudantes domésticas, costurera. Constelación de mujeres, constelación humana, social. Vanessa Núñez utiliza la voz de su personaje para indagar en la producción de cierta feminidad transmitida por línea materna: abuela, madre, hija. Las mujeres de Los locos mueren de viejos están solas más allá de la co-presencia. Paula se desdobla en María y es en los efectos del desdoblamiento cuando se enfrentan siendo la misma en conflicto. Soledad y exigencia. Soledad y deseo. Soledad y violencia.

Mediante una narrativa fragmentada, pero con una línea progresiva coherente, Vanessa Núñez cuenta la historia de ‘Paula’ y su madre. En aparente bloque, las fisuras de la relación se tensan en fracturas estridentes. La educación, la posición social, los supuestos sobre cómo debe ser una muchacha de buena familia, con clase, explotan en delirios que exigen la resolución de los deseos, la liberación de las amarras sociales puritanas de una existencia sustentada en la frívola imagen proyectada hacia afuera. La pobre Paula padece la inclemencia de una madre suspirante por el pasado, sin futuro y de presente endosado a las necesidades básicas de un cuidador innoble. Predador clásico, come madre y come hija. Recurso de protección básico: víctima olvida selectivamente.

Si bien hay una construcción de personaje sometido a diversas opresiones, la novela de Vanessa Núñez no es sólo el lamento del personaje bocabajeado a cada momento. Es víctima, pero hay un tono que no se regodea en el victimismo. Es víctima no ontológica que desde su ser logra superponerse a la condición endilgada por el sexo. Con esto quiero decir que no se trata de una novela feminista crítica, sino la historia de una feminidad espiada a nivel óntico donde la villanía se despliega desde la mujer y hacia la mujer sin dejar de lado la violencia masculina que somete con el poder económico y envilece la relación madre-hija, pero sin arreciar los principios de la pretendida construcción del género enarbolado por la madre. Es decir, la acción masculina es violencia elemental, mientras que la violencia femenina es simbólica en sentido de fabricar mujeres. Lo que se nota en el siguiente fragmento: “Entonces deseé haber nacido hombre para tener más libertad y no tener que cuidarme en todo momento por parecer recatada y sumisa”. La falta de libertad, las cadenas del recato y la postura pasiva no son enseñadas o impuestas por la violencia masculina, sino por el poderío materno. Lo interesante es que ese poderío es derribado cuando se descubre incapaz de cuidar y ánima a la violencia asesina, definida como locura.

Los locos mueren de viejos lleva a cuestionarnos sobre la frontera entre la cordura y la insania mental ¿Qué tan loca es la cordura? ¿Qué tan cuerda es la locura? Lo que se pone en juego es ese entramado de imposturas sociales y culturales que definen cómo debe ser una mujer buena, un hombre bueno, rechazando, principalmente, los deseos y postrándose de manera sumisa a los deseos de los otros, sobre todo ese otro de supuesta superioridad, como la madre. La madre genera locura al amarrar con principios morales las alas del deseo infantil y juvenil. Es la locura, producida por la esclavitud, la que libera, siempre cometiendo el delito.

Núñez Handal, Vanessa. Los locos mueren de viejos. Guatemala: F&G Editores, 2009.