Entrevista: Guillermo Fajardo Sotelo

Por Astrud López.

A lo largo de una década, Guillermo Fajardo (Acapulco, 1989) ha entregado diversos libros en torno a una literatura autodefinida “de la ausencia”. Su más reciente volumen de cuentos, bajo el título: Instrucciones para la catástrofe (2020), publicado en plena crisis sanitaria por el sello Ediciones Periféricas, continúa esta vertiente, asegura: “Aunque esa ‘ausencia’ ha evolucionado para cubrir otros aspectos de la realidad. Me parece que mi obra ha ido transformándose desde las ausencias físicas (Lo que no aprendí de la vida, 2010) hasta las políticas (Los discursos presidenciales, 2017), en donde la falta de la imaginación política ha clausurado las formas de la conversación social y legal”, explica.
Y continúa: “Mis cuentos, me da la impresión, se ven abrumados por esta característica de la ausencia, no solo los incluidos en Instrucciones para la catástrofe, sino otros que están desperdigados por aquí y por allá. El primer cuento del volumen, Un hombre se lava las manos, puede pensarse como la ausencia de Dios en el mundo excepto cuando necesita intervenir para hacer su voluntad, y controlar mejor los significados de su poder. Esta historia busca reinterpretar a Poncio Pilatos y su papel como el más castigado de los jueces en la historia humana. Ahora bien, una ausencia no es tanto un desvanecimiento físico, sino la continua búsqueda de algo que debería estar ahí pero ya no está o nunca ha estado. Me da la impresión de que este libro de cuentos representa, precisamente, a un montón de personajes obsesionados con hallar algo que no pueden ni siquiera verter con palabras. La forma más permanente de una ausencia es no saber representarla. Si no hay representación, tampoco puede haber una búsqueda para poder llenarla. Estas búsquedas, en Instrucciones para la catástrofe, adoptan múltiples contornos, desde el hallazgo de un culpable en Dos veces la muerte, hasta las formas en las que el arte puede inspirar a algunos a cometer asesinato, como en Judith”.

Respecto a los retos que implicó escribir su segundo libro de cuentos, relata: “Escribir Instrucciones para la catástrofe fue una experiencia que me hizo crecer como escritor, pues por primera vez experimenté con una pluralidad de temas con los que no estaba familiarizado, como la religión, la literatura detectivesca, el arte en la literatura, o los sueños. El cuchillo, precisamente, el segundo cuento del volumen, piensa las posibilidades que tienen los sueños como instrumentos de navegación humana. ¿Trampas o signos precisos? Quizá ambas…”, reflexiona.

La novela es una cápsula y también una apertura; es tanto un nido como una cascada y también una herida como un bálsamo. Es un género errante”: Guillermo Fajardo

Has publicado cuatro novelas: en las dos primeras exploras de manera casi obsesiva, por no decir delirante, el tema amoroso, mientras que en la tercera, Los inocentes también (2013), la literatura y el azar conforman un thriller psicológico en la que se va resquebrajando la zona de confort de un escritor privilegiado. Para ‘Mariano Peredo’, narrador y protagonista “la novela es un género engañoso” como una “mujer caprichosa y libre”… ¿qué tanto refleja esta frase una reflexión autoral?
La novela es una de las formas que adopta la libertad. Más que un objeto, creo que es un lugar al que acudimos para mitigar la contaminación que los otros nos propagan. Ese es el primer engaño de la novela: no es un objeto. No creo exagerar cuando digo que al vivir nos envenenamos de quién sabe cuántas sustancias, reales, psicológicas o imaginarias. La novela es una cápsula y también una apertura; es tanto un nido como una cascada y también una herida como un bálsamo. Es un género errante. Es arenga, desdoblamiento, confesión. Aun así es círculo y cerrazón. Ese es el segundo engaño de la novela: todo lo que contiene no se desborda hacia la realidad sino que la expande. Su límite es el lenguaje pero nos ha afectado de formas tan inconmensurables e intangibles, que es imposible medir sus efectos con respuestas concretas aunque sí con preguntas que nos pueden hacer temblar: ¿sería el mundo el mismo sin Don Quijote? ¿Seríamos los mismos si no hubiésemos conocido a Madame Bovary? ¿Respiraríamos como respiramos de no habernos topado con Raskólnikov? ¿Alguien se atrevería a decir que el mundo es un mejor lugar porque sabemos qué significa Macondo o Yoknapatawpha?
Este es el tercer engaño de la novela: creemos entenderla únicamente porque podemos escribirla, sin embargo, confieso que su profundidad tiene un alcance que va más allá de lo que podamos medir, pensar o hacer con ella. Es tan libre que no necesita ser caprichosa. Es una mujer que tiene a todos los amantes pero que no necesita a ninguno.

Para ti, ¿la escritura tienen una función que va más allá del mero entretenimiento?
Por supuesto, la escritura juega un papel importantísimo en una sociedad, no solamente como una forma de denuncia ante lo que sucede sino como una suerte de expresión ante ciertas ausencias que ocurren en la vida. Si no existiese esa sensación de que a la vida le falta algo, quizá algún personaje, alguna situación, algún retrato, la literatura no serviría de nada. Escribimos porque queremos señalar las ausencias que hay y rellenarlas. La vida nos proporciona la materia prima; la literatura, la receta: la obra es el producto de esta combinación.
Los escritores, sin embargo, no deben de ser copistas de la realidad: una novela que “narre” exactamente lo que sucede allá afuera no creo que deba ser considerada literatura sino más bien un facsímil que hacemos porque lo tenemos a la mano. No hay que olvidar que la pulpa de la literatura es la imaginación.

¿Qué buscas cuando escribes?
Creo que es tarea del escritor el intentar abrirle al lector una serie de preguntas, ya sea en la extensión de una novela o en el instante de un cuento. Cualquiera que sea la forma de esta conversación, Instrucciones para la catástrofe propone la de anunciarse como un apocalipsis continuado de historias. Entretejidas a partir de las violencias que nos llegarán a todos nosotros en algún momento de nuestras vidas, estos cuentos quieren mostrar otras formas de asomarse a los abismos.

Las relaciones amorosas y su desvanecimiento mantienen un eco constante a través de tus novelas y relatos
Más que el desvanecimiento de las relaciones amorosas me gusta pensar que escribí acerca de las ausencias personales. Literalmente, el intentar vivir con fantasmas a tu alrededor. Mis primeros dos libros son una densa exploración de lo que sucede entre dos personas cuando éstas se aman pero también están físicamente separadas y el símil que esto puede tener con la muerte. Son también dos novelas –especialmente la primera- cavernosas, huecas en el sentido de que puedes caminar demasiado en ellas. Ignoro la profundidad de las preguntas que lanzan al aire.

En mi primer novela, Lo que no aprendí de la vida hay un acercamiento bastante denso en torno a la reflexión de la ausencia. Es una novela asfixiante en el que el protagonista se encuentra en su departamento, solo, loco, intentando descifrar lo que le pasó a su mujer. Hace las mismas cosas una y otra vez y se hace las mismas preguntas una y otra vez. La misma narración está imbuida de repeticiones. La ausencia como obsesión.

En Los últimos versos que te escribí, el tema de la ausencia cobra un significado distinto porque esta vez el protagonista regresa del extranjero ante una realidad completamente diferente, que ya no conoce y que ignora. La separación de dos personas que antes se amaban y que ahora se reencuentran es un tema del libro. El problema es que dejaron de ser los que eran. La ausencia como olvido.

En Los inocentes también, sin embargo, el tema de la desaparición y de la separación entre personas no se queda estancada en la narración ni tampoco se actualiza en desconocimiento hacia el otro, sino en un misterio que a veces no comprendemos y que puede extenderse toda la vida. La ausencia como pregunta. Este me parece un tema con muchas posibilidades de fabulación y derroteros porque nos enfrentamos a un ejercicio memorístico, es decir, al crear “Literatura de la Ausencia” -por llamarla de alguna forma- no tenemos de otra más que recurrir a la memoria –y muchas veces a la mentira- para recuperar a aquellos que se fueron y a los cuales ya no tenemos posibilidad de entrevistar, compartir y amar. El elemento perturbador de comprobar que estamos escribiendo sobre alguien que ya no está con nosotros es que esa persona pierde parte de lo que es o de lo que fue para ajustarla a lo que buscamos. Crear Literatura puede llegar a ser egoísta porque advertimos que escribimos desde un punto de vista muy particular, cercenando lo que nos conviene, escondiendo lo que no.

Publicaste una novela política en clave de ciencia ficción…
Siempre me ha interesado explorar la relación entre Literatura y Poder y quise plasmarlo en novela. A las personas ha dejado de interesarle la política excepto cuando ésta se encuentra imbuida de escándalo. Creo que poder, política y literatura tienen mucho que dar. México vive dividido entre dos Méxicos que se excluyen y que siguen anclados al pasado, dejando un país de catástrofes, tanto silenciosas como explícitas: masacres, pobreza, inseguridad. Es tiempo que los escritores volvamos a explorar los territorios que la política nos ofrece. El escritor es también un creador de percepciones. La literatura no puede cambiar al mundo pero sí, quizá, domesticarlo, aplacarlo, tranquilizarlo.

¿La política mexicana acaso no representa el máximo horror conocido?
No me parece que la política sea la culpable de lo que está pasando: creo que son los políticos los que se encuentran viviendo en una espiral de incompetencia o ceguera ante lo que sucede. Creo que hay buenos funcionarios públicos en privado pero pésimos políticos públicos. Es decir, creo que lo que sucede en México es que tenemos cuadros bien preparados en ciertas áreas de la administración pública –especialmente la Federal- pero prácticas y tácticas políticas tan arcaicas que, combinadas con una falta de supervisión gubernamental –especialmente en los estados-, nos han llevado a ser testigos de una corrupción brutal y de una especie de caudillismo que ya no busca secuestrar espacios políticos sino conquistar silencios.
Ciertos políticos mexicanos sí representan un horror indescriptible porque además actúan con un cinismo ilimitado. Los nombres sobran pero las soluciones escasean. La sociedad mexicana está alzando la voz y exigiendo justicia. Qué bueno. México no se merece la sangre que está corriendo.

Fajardo Sotelo, Guillermo Lo que no aprendí de la vida. México: Endora Ediciones, 2010.
_______ Los últimos versos que te escribí. México: Sediento Ediciones, 2011.
_______ Los inocentes también. México: Sediento Ediciones, 2013.
_______ Cara o Cruz. México: Casa Editorial Abismos, 2014.
_______ Los discursos presidenciables. México: Editorial De Otro Tipo, 2017.
_______ Instrucciones para la catástrofe. México: Ediciones Periféricas, 2020.