Malmarido, de Esteban Martínez Sifuentes

Por Hugo César Moreno.

El crimen perfecto no existe porque la perfección exige exhibirse. El crimen perfecto es artilugio literario porque es fascinante su confección. Pero más atractiva es la caída del perpetrador cuando comete un error motivado por la soberbia o la culpa. Malmarido, de Esteban Martínez Sifuentes me llevó a recordar el Corazón delator de Edgar Allan Poe. En Malmarido el delito se fragua con parsimonia, se calcula a detalle cada acción hasta llevar a cabo el cometido y es el regodeo de Edgardo, el personaje principal de la novela, lo que nos avisa sobre algo no pormenorizado, el error, infaltable, que le hará caer.

Con un ritmo narrativo que va acelerando a cada página, Malmarido se inscribe en el género negro donde el criminal es el centro de la historia. Incluso, el plan para cometer el delito se devela gracias al discurrir de la consciencia del personaje, recurso bien imbricado con la voz narrativa. Lo que le ofrece vértigo a la novela no es la acción policiaca ni la certeza del lector sobre el error cometido, evidente como táctica literaria, sino la soberbia de ‘Edgardo’, convencido de la infalibilidad de su plan.

En el momento de la novela cuando todo parece haber sido descubierto debido a una especie de fuerza sobrenatural, como si un fantasma molestara desde el más allá vía telefónica, ‘Edgardo’ logra evitar el quiebre psíquico gracias al convencimiento sobre su superioridad intelectual. De la confrontación sobrenatural pasa a la confrontación política, el fantasma deviene colectivo ideológico y de ahí acaece el resurgir de ‘Edgardo’, prometiendo un final más cercano a nuestra realidad: el criminal logra impunidad.

Pero si así hubiera sucedido el final, el lector, en ese momento un tanto desorientado debido al detalle que tiene bien registrado como el error central del drama oscuro, se sentiría un tanto defraudado o, por lo menos, azorado ante el detalle bien puesto sobre la página para operar de la mejor manera en una novel del género. En ese sentido, Esteban Martínez Sifuentes, sabe que su criminal debe caer, debe hacerlo de la misma manera en que se encumbró, equiparando su soberbia con cierta locura, sin arrepentimiento, pero sí con un escape impensado, el anhelo por la impunidad, el deseo del triunfo.

Con esos detalles, Malmarido consigue los elementos necesarios para funcionar plenamente en el género negro, implica al lector a través de la anunciada caída del héroe-criminal, primero evadiendo obstáculos, triunfando hasta descender a lo más bajo cuando se creía victorioso.

Martínez Sifuentes, Esteban. Malmarido. México: Ediciones Periféricas, 2020.