La marca del mexicano, de Mauricio Neblina

Por Carlos Díaz Reyes.

Leer La marca del mexicano fue como aventarme un Libro Vaquero. Lo digo como un halago. Mis primeras lecturas de mi vida fueron hojeadas de aquel famoso cómic semi-erótico mexicano y otras de sus variantes más explícitas. Era yo un niño y lo hacía a escondidas de mis padres, hambriento de curiosidad, apenas logrando unos breves atisbos de esas historias. Crecí en pequeñas ciudades del norte de Coahuila, donde nací, muy similares a escenarios sacados de algún neo-western y que también recuerdan a ‘San Bartolomé’, el lugar donde se ubica la historia de la primera novela de Mauricio Neblina, que cuenta con personajes como el comandante ‘Héctor Valladares’, el investigador privado ‘Artur’ y el alcalde ‘Rogelio Duffó’.

Todo comienza con la llegada de ‘Héctor Valladares’ a un pueblito dominado con claros rezagos –como cualquier rincón en México–. Ahí, el nuevo comandante piensa que se dedicará a investigar el asesinato de un joven al interior del ‘San Bartolo’s Bar’; sin embargo, pronto descubre que los poderes fácticos tienen otras intenciones para él. La novela transcurre de manera más o menos lineal durante la primera parte (San Bartolo’s Bar) pero, al comenzar la segunda (Los Imperfectos), damos unos saltos en el tiempo que nos dan una sensación de realidad alterada, en la que parecen vivir estos personajes. No sabemos bien qué pasa y de pronto se nos aparece una especie de detective privado que investiga infidelidades, quien se ve envuelto en una conspiración que busca provocar caos en la sociedad, portando armas de fuego y máscaras de animales.

La primera parte se divide en 19 relatos breves –que son como disparos– y la segunda 16, en números romanos, letras y caracteres griegos, que conforme avanzan se van deformando hacia rincones cada vez más extraños y violentos.

En esta breve trama que mezcla western, acción y hasta ciencia ficción, llega al lector como una ráfaga. Queda uno todo acribillado al cerrar el libro. A pesar de mi mención al Libro Vaquero , lo más acertado sería describir a La marca del mexicano como una “novela pulp”. El término se refiere a un tipo de encuadernación de bajo costo, con el cual se solían imprimir historias de crímenes o géneros fantásticos en la primera mitad del siglo XX en Estados Unidos. El equivalente a esa “literatura pulp”, son las películas de “serie b”. Estos productos, por baratos, se consideran menores, pero poseen algo que muchos trabajos “de prestigio” no tienen: un par de huevos para romper los moldes, para imaginar realidades absurdas, para no contenerse en cuanto a las dosis de violencia, alcohol y sexo que captan nuestra atención como en un acto de hipnosis.

Entrar en la novela de Neblina es situarse en un mundo oscuro y pesado, que duele por parecerse tanto a la realidad de México durante la última década, pero que no por ello deja de ser divertido. Es una sátira del microcosmos de estos pueblos solitarios, que son el equivalente moderno de las películas de Sergio Leone. Es el retrato de una realidad infectada y grotesca que se autodestruye entre su propia inmundicia. Así pues, en este contexto no parecen existir las reglas, cada quien quiere imponer su propia voluntad, desde distintas formas y en este caos, muy pocos quedarán de pie. Estamos ante un clásico mexican stand off o duelo mexicano, en el que todos se apuntan con armas, en iguales circunstancias de matar o morir.
La marca del mexicano es un revólver: tómelo, no tenga miedo, jale el gatillo y diviértase.

Neblina, Mauricio. La marca del mexicano. México: Ediciones Periféricas, Serie RedRum, 2020.