Adicción a ver muertos, de Oswaldo Buendía Galicia

Por Hugo César Moreno.

Adicción, compulsión a sentir o consumir. Compulsión a consumir productos que lleven a sensaciones. Compulsión a sentir lo mismo una y otra vez hasta el desgaste. Adicción a ver muertos, compulsión a sentir el efecto de la muerte en los cuerpos. Amor desenfrenado por lo putrefacto. Necrofilia. Amor a la negritud de lo humano. Dónde se podrá encontrar la sustancia capaz de hacerme ver muertos: Nigromantiun. Sin duda, sólo hay una ciudad en la geografía contemporánea donde se puede encontrar esa droga: ‘Ciudeath’. Sin embargo, ir a ‘Ciudeath’ para conseguir nigromantium a fin de ver muertos puede ser una tomadura de pelos. Porque ahí los muertos están presentes en una existencia fantasmal que les permite imitar la vida. Fantasmas. En el oxímoron vida-muerta existen diversas posibilidades, y un banquete para quie npadece adicción a ver muertos: no-vivos, no-muertos, muertos-vivos, vivos-muertos, o entes no biológicos, vampiros, zombis y burócratas. Muerte en vida es una fórmula moralina para definir la existencia de un adicto a sustancias perniciosas. Entonces quizá también puedan entrar en este catálogo, al igual que los melancólicos o aquellos con muerte cerebral. En fin, la muerte se conjuga con la vida, ya sea a través de metáforas biológicas o fórmulas mágicas.

Oswaldo Buendía Galicia extiende el brazo y se inyecta con oscura alegría para producir monstruos clásicos reconstruidos bajo los faroles de una ‘Ciudeath’ que –como la ‘Ciudad Gótica’ de ‘Batman’ recuerda a Nueva York– recuerda a la Ciudad de México, segmentando la geografía con mejor orden (Norte, Sur, Oriente, Poniente). En ‘Ciudeath’ el adicto a ver muertos puede engolosinarse hasta morir de contento gracias a la sobredosis. Pero no se confunda a ‘Ciudeath’ con la tranquilidad de una necrópolis. Como cualquier gran ciudad, está plagada de conflictos y dramas humanos con características perfectas para confeccionar misterios por resolver.

Buendía Galicia tiene su ciudad humana, demasiado humana, entonces necesita héroes al más puro estilo noir: hombre rudo, entre sus treinta y cuarenta, con experiencia en asuntos de investigación (en este caso algo como un ex periodista) y un misterio tan acendrado que defina su carácter, lo martirice un poco, pero no lo maniate. Todo buen detective necesita un socio con el estómago capaz de frenar los exabruptos del detective. Ímpetu y prudencia. Sin embargo, en esta primera entrega de la saga “Sorel y Compañía”, ímpetu y prudencia exigen un componente más: fastidio. Es importante este elemento en la medida que debe ser disuelto, pero cómo se elimina el hastío cuando ya se ha visto casi todo, incluso lo más podrido de la muerte, los confines de la existencia. Ese es el fondo climático de Adicción a ver muertos, de Buendía Galicia: sacudir los principios ontológicos de los héroes para azuzarlos a revivir, reencender el fuego.

En su primera novela, se regodea en lugares comunes del género policiaco y el horror. No es algo inédito en sí, ya se han descolocado narrativas clásicas en entornos que no les corresponden. En ese sentido, Adicción a ver muertos es parte de una tradición más o menos joven que desacomoda lo clásico para encontrar su propio orden. Ahí, precisamente, está la apuesta de Buendía Galicia y su buen tino: en el reacomodo de las posibilidades de los llamados subgéneros consigue una aventura policiaca con tintes de horror y fantasía un tanto épica, sin implicar el sino de la literatura policiaca mexicana de las últimas décadas, al darle una pizca, sólo una pizca, de saborizante narcoliterario.

Es innegable que el subgénero –como algunos especialistas llaman a lo que otros especialistas llaman literatura de la imaginación– tiene como base ciertas reglas de aproximación. Eso, para unos, lo convierte en algo menor, para otros en una forma exclusiva en sí misma. Resalto esa estructura porque fuerza a la innovación en diversas búsquedas de invención que no traicionen. El corsé se convierte en camino y devenir, posibilidad de divergencia. De esta manera, Adicción a ver muertos cumple con el canon, sin repetirse y sin traicionar.

Buendía Galicia, Oswaldo. Adicción a ver muertos. México: Ediciones Periféricas, Serie RedRum, 2020.