Hotel chinesca, de José Salvador Ruiz

Por Astrud López.

Hotel chinesca es un retrato de la descomposición social. Expresa en clave la barbarie de género y la corrupción que ha cimbrado el noroeste mexicano.
La primera línea de investigación son los feminicidios. Casos paralelos a los que visibilizaron la “dimensión desconocida” en que se convirtió Ciudad Juárez durante el primer lustro de la década de los noventa, pero en otra geografía: Mexicali, ciudad recurrente en la narrativa de José Salvador Ruiz Méndez. Dos décadas después de las mal llamadas “muertas de Juárez” la historia se repite a 122 kilómetros de distancia como parte de un espejo roto que ya ha esparcido sus fragmentos a lo largo de todo el territorio que cierta empresa de telecomunicaciones ostenta como suyo.

La pesquisa requiere de una figura ideal: el agente ‘Armando Yee Ramírez, el Chino’. No deja fuera al personaje “real”: ‘José Juan Zavaleta’, el judicial típico –ambos forman una especie de dupla yin yang policiaca–. También requiere una investigación criminal con base en la sospecha de un asesino en serie luego de rearmar tres cuerpos mutilados. La desaparición de una reportera, ‘Marisol del Río’, y de una prostituta, ‘Lupe’ cobran relevancia. El autor prefigura la importancia de encumbrar la participación femenina en la forense ‘Luna’ y ‘Rosela Mejía’, conductora del programa ‘Ciudad desnuda’.

Salvador Ruiz apunta hacia la Chinesca chicaleña como epicentro de una radical depravación que tiene su raíz no en la precariedad sino en las corruptelas que dan protección e impunidad a la gente allegada al poder político. En esta novela negra fronteriza hay un contubernio económico-parafílico entre dos entidades siamesas, sugiriendo así un pérfido mecanismo que mantiene oculto los intereses más oscuros.