Entrevista: Alejandro Ribadeneira

El 26 de noviembre de 2016 se firmó el Acuerdo de Paz entre el gobierno colombiano, encabezado en ese momento por Juan Manuel Santos, y la guerrilla de las FARC, que daba por terminado el accionar de la guerrilla más antigua de América Latina y marcaba el fin de uno de los capítulos de la guerra civil colombiana. Sin embargo, la firma no representó el final de la violencia en aquel país sudamericano. Pronto surgieron diferentes facciones del grupo guerrillero, alimentadas principalmente por el narcotráfico. Las autoridades colombianas los bautizaron como “disidencias.” Uno de estos grupos tuvo su accionar en el estado de Nariño, fronterizo con Ecuador. Este grupo era dirigido por un ecuatoriano conocido como “Guacho”, quien buscaba controlar el narcotráfico en ambos lados de la frontera, generando una guerra con las fuerzas de seguridad ecuatorianas para neutralizarlo. En su intento por doblegar el cerco de seguridad, la gente de alias “Guacho” secuestró a el periodista Javier Ortega, el fotógrafo Paul Rivas y el conductor Efraín Segarral, integrantes del equipo del diario El Comercio de Quito, enviados a la provincia de Esmeraldas para recoger testimonios sobre la situación en la zona. Los tres fueron asesinados el 26 de marzo de 2018.

Este es el contexto de Calendario sin abril, la más reciente novela del escritor Alejandro Ribadeneira, quien le da voz a ‘Yadira’, periodista y cónyuge de uno de los secuestrados, que intenta por todos los medios que las autoridades rescaten a los tres miembros del equipo de comunicación. A través de su relato, accedemos así al interior de la historia de un secuestro que se convierte en un conflicto internacional, en donde no existen la coordinación entre las diferentes fuerzas de seguridad de Ecuador y las autoridades del gobierno colombiano.

¿Cuáles fueron los retos a las que te enfrentaste como autor para retomar esta historia y transformarla en una obra literaria?
Lo más difícil, en realidad, fue convencerme de que era necesario abordar una tragedia que impactó enormemente en Ecuador y que tuvo una amplia cobertura (hay dos libros periodísticos sobre este caso publicados en el 2019), y hacerlo desde una perspectiva novedosa. Pienso que la literatura, si alguna función tiene, es la de ayudar a la gente a entender las cosas, así que lo primero fue hallar un punto de vista que me permitiera sacar el secuestro del relato periodístico para colocarlo en el plano de la literatura. Hay varios personajes que vivieron esta tragedia intensamente, como es lógico, hijos, padres, madres, amigos y compañeros. Todos eran interesantes. Pero pensé que la visión de una novia que se aprestaba a dar un paso vital en su relación con una de las víctimas era lo suficientemente potente para obtener el punto de vista que explicara cómo se vivió una situación de estas características. Otro reto fue escribir la novela como una ficción, pero intentado conversar lo más fielmente posible el pensamiento de la protagonista en la vida real. Y otro obstáculo fue convencer a la editorial de publicarlo, pues mi carrera ha estado más enfocada en el público juvenil y cambiar el registro puede desconcertar a los lectores habituados a otros registros.

Contar la historia de ‘Yadira’ y ‘Paúl’ nos pone en la dimensión privada de un drama público, es acceder, de cierta manera al centro de la historia. Pienso en Noticia de un secuestro de García Márquez, como antecedente. ¿Cómo fue acercarse a esta situación sin perder de vista el lado humano de los personajes?
Representaba un problema porque estamos hablando de personajes reales que fueron parte de esta historia y retratarlos representaba diversos tipos de riesgos, a pesar de que estemos en una ficción. No todos los lectores entienden que una novela no es una biografía y menos si están relacionados de alguna manera con los hechos. De todos modos, ejercer el periodismo enseña que la gente tiene diferentes facetas más allá de lo evidente. Los personajes de una novela también deben reflejar sus diversas dimensiones para que sean creíbles. Para Calendario sin abril, intenté respetar los rasgos básicos de cada uno en la vida real, aunque también me tomé licencias y asimismo descarté usar a otros, en favor de la claridad del relato. Para apegarme a ese costado humano y para reflejar el grado de compromiso de la protagonista, la novela está en primera persona y eso le dio un rango testimonial para conectarse con el lector.

¿Cómo fue acercarse a la verdadera Yadira y platicar sobre este suceso?
Estamos hablando de una historia de amor protagonizada por una mujer que eligió la pelea, aunque no tenía claro qué armas usar y se lanzó a este combate con una energía que terminó moviendo conciencias. Yo creo que el amor es en última instancia una decisión y Yadira y Paúl decidieron construir su relación a pesar de sus personalidades diferentes y los problemas que afrontaron. Lo interesante de la verdadera Yadira, creo yo, es que quiso defender ese amor a pesar de que desde el inicio del secuestro se cuestionó, incluso desde el poder, la legitimidad de su voz, ya que nunca se casó con Paúl. Como no era “pariente directo”, algunas personas y autoridades intentaron minimizarla o de plano callarla. Yadira y yo fuimos compañeros en El Comercio por unos tres años y siempre mantuvimos el contacto luego de que ella renunció para estudiar en Argentina. La amistad que nos une ayudó, obviamente, a conversar sobre todo esto con la franqueza del caso, y hablar con ella de todo esto requirió de varias reuniones, algunas muy emotivas, pues remover los recuerdos con el corazón de luto era doloroso. Había una proyección de vida que había sido destruida y charlar sobre los detalles de lo que no pudo ser requirió de esfuerzo, sobre todo de mi parte, porque ella sin duda era más fuerte. Siempre le agradecerá que me haya permitido novelar este episodio de su vida.

Hay otra arista de la historia que es la falta de transparencia en el accionar de las autoridades del país ante estos hechos. ¿Qué motivó el ocultar información y proseguir con las acciones en contra de alias “Guacho” a costa de mentirle a la opinión pública diciendo que se negociaba con los secuestradores?
Eso es inaudito. ¿Qué ganaban las autoridades con mentir de esa manera? Porque era obvio que los datos se filtrarían, como en efecto sucedió. Que se fallara en negociar puede entenderse y también es razonable la lógica de no difundir mucha información en casos de secuestro. Ecuador nunca estuvo ante un hecho así, el grupo de “Guacho” era sangriento y parte de la fuerza pública ecuatoriana, al parecer, está contaminada por el narcotráfico, por lo que los movimientos de los encargados de afrontar esta crisis debían hacerse con precaución. Fracasar, insisto, era posible. Pero los parientes tenían el derecho de estar informados. Lo peor es que los mismos parientes pidieron determinadas acciones y no se les hizo caso. Aún se espera la desclasificación de documentos oficiales para comprender la totalidad de lo que hicieron las autoridades para intentar salvar al equipo periodístico.

La violencia en contra de los periodistas es otro hecho central de la novela. ¿Crees que la violencia que se vive en Colombia se puede extender y contagiar a Ecuador?
Ecuador es un país pequeño que, en general, no interesa mayormente para los grandes negocios internacionales, sean lícitos o ilícitos. El narcotráfico se ha desarrollado de manera más sutil y creo que lo ocurrido en la frontera en 2018 se exacerbó de forma puntual por el contexto. El estado ecuatoriano no está dispuesto a librar una guerra contra el narcotráfico de gran calado, así que no habrá acciones que no sean los controles que exige Donald Trump. No obstante, tras los sucesos de octubre que casi causan el derrocamiento del presidente Lenín Moreno, sí se teme que la violencia política, que en parte tuvo fondos del narcotráfico, se haga presente. En esas protestas se atacaron instalaciones de medios de comunicación, algo que jamás había sucedido, y se realizó una campaña de intenso desprestigio en contra de los medios grandes. Yo espero, porque vivó aquí, que Ecuador no se convierta en Colombia o México y quizás no se vea ese nivel de violencia, pero lo que pasó en octubre es una señal de que habrá problemas.

Además de Calendario sin abril, Alejandro Ribadeneira ha publicado los libros de cuentos The Mugre Music Band, El buitre soy yo, Las traigo muerta y Hasta cuándo profe Almeida, así como de las novelas La frutilla mecánica y Las máscaras del padre.

Ribadeneira, Alejandro. Calendario sin abril. Ecuador: Eskeletra Editorial, 2019.