Retrato de mi madre con perros, de Daniel Rodríguez Barrón

Por Miguel Ángel Hernández Acosta.

En Retrato de mi madre con perros, Daniel Rodríguez Barrón crucifica, simbólicamente, a su protagonista ‘Jacobo Flores’. Este hombre con complejo de Edipo, con problemas mentales y rebelde, debe afrontar un mundo del que no se siente partícipe. Afuera hay una peste al parecer provocada por unos perros y está una especie de matrix, la Gran Inteligencia, que controla todos los movimientos de los ciudadanos y que los alimenta con distracciones, con redes sociodigitales, con teléfonos celulares que les dicen qué deben ver, escuchar y hacer en cada instante de su vida; de lo contrario, son fotografiados por drones que los amonestan y que los exhiben con sus seres más cercanos. Él, sin embargo, habita un mundo mental fuera de esa tecnologización de la cotidianidad, cohabita con el fantasma de su madre muerta e intenta buscar a su padre. Pero, más allá de la anécdota, Rodríguez Barrón vuelve a ciertas obsesiones temáticas que han delineado su literatura: la madre como fruto de amor, odio y erotismo; los animales como seres capaces de mostrar lo inhumanos que somos; la enfermedad como eterna compañera de los seres vivos y como motor de sus acciones, y la exploración del alma del hombre que se visualiza como un infierno inhabitable cuando se decide profundizar en ella.

Si en Los mataderos de la noche uno de sus personajes dejaba entrever que hay un momento cuando es imposible insistir en que todo está bien, pues en realidad todo se acabó y “se fue a la mierda“; en Retrato de mi madre con perros acompañamos a su protagonista en ese instante cuando la vida puede ser aún mucho peor. Y es que como apuntó su protagonista en Morbo Sacro, “nuestras angustias son grandes porque las padecemos nosotros”, y ‘Jacobo’, en este peregrinar en que busca a su padre lo que realmente hace es buscarse y encontrarse a sí mismo. Al conseguirlo, como el mismo lo enuncia, se da cuenta de que no hay infierno más ardiente que la normalidad.

Es decir, asistimos al purgatorio de un hombre como cualquiera que en un momento se pregunta a sí mismo quién es, qué debe hacer y hacia dónde se dirige. En ese camino la madre le sirve como una guía que lo atosiga con el pasado que terminó por moldear al hijo, pero también por engañarlo respecto a ese momento idílico en que ella podía convencerlo de ser una excelente y bella actriz. De ese otro tiempo Jacobo sólo recuerda lo que le conviene, culpa a los demás e, inexplicablemente, desconoce qué pasó con su padre. Entonces, el lector comprende al paso de cada página que lo menos normal es justo la normalidad, y que cada uno de los personajes esconden tras de sí historias que hablan de ofensas y de sórdidas venganzas. El mundo que se construye en las primeras páginas de la novela empieza a fracturarse con las revelaciones de unas aparentes gemelas, con las historias que al parecer relatan las cosas como en realidad fueron y son, y con el demonio que hay detrás de Jacobo y de su incestuosa madre.

Lo que a principio es el relato de un hombre inconforme, se trastoca con la revelación de que a partir de la muerte de la madre el mundo de Jacobo se vino abajo: “Soy un hombre menos. Se llevó con ella al hijo que era mi mejor yo. De ese hijo sólo han quedado sus correlatos psíquicos más miserables: el deseo de reconocimiento filial, de ser consentido mucho más que querido”. Entonces Retrato de mi madre con perrosen realidad cuenta el momento en que todo el mundo se derrumba, el interior y el exterior; ese instante cuando la memoria cede ante la evidencia de la realidad y cada ser humano se asume como individuo, con errores, obsesiones, méritos y defectos. Daniel Rodríguez Barrón crucifica a ‘Jacobo Flores’ porque sólo a partir de asumir sus propias culpas, deseos y errores es que el protagonista puede contemplar el mundo tal cual es, y es en ese instante cuando ya como individuo contempla por primera vez la inminencia de la muerte y cuando es consciente de que su historia, por más excéntrica que parezca, es la de cada uno de los hombres. El viaje emprendido dese la primera página por Jacobo ha sido azaroso, crudo y desconcertante, pero ¿acaso la vida no lo es también?

Daniel Rodríguez Barrón en esta novela va hasta el año 2070 para narrar la historia de su protagonista. Va al futuro y en él muestra que el peor horror al que se asiste es la falta de humanidad de los humanos, y nos deja una enseñanza brutal: “todos estamos perdidos y la noche es inmensa, no alcanzamos a vernos pero atrás y adelante hay un río de gente que pide ayuda, pan y consuelo, si tú no puedes darlos, no llores ni grites, no asustes a los demás […] hoy nos tocó acampar en tu angustia, mañana levantamos y seguimos, por hoy lo único que podemos ofrecer es compañía”.

Rodríguez Barrón, Daniel. Retrato de mi madre con perros. México: Seix Barral, 2019.