Narradores Mexicanos Nueva Generación: Víctor Roberto Carrancá

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Por Miguel Ángel Hernández Acosta.

Víctor Roberto Carrancá (Ciudad de México, 1984) es un cuentista que juega con los lectores de sus libros. En su primera obra, El espejo del Solitario, creó un mundo, ‘Enogea’, que pobló de seres increíbles y desconcertantes. Además, se adentró en una escritura en abismo donde se paseaba por diversos planos de la realidad literaria. En su segunda obra, Tratado de las espirales, da un giro al tono fantástico de su anterior obra y se lanza a una apuesta mayor: convertir sus obsesiones en narrativas que pueden ser ensayísticas e incluso juegos mentales únicamente posibles en el papel.

A Tratado de las espirales lo “habita” una ausencia, la del’ Dr. Gabriel Sarcise’, autor de ‘Tratado de las espirales de la mente’, quien desaparece sin explicación dentro de un departamento de la calle Monrovia de la colonia Portales. A su alrededor hay hombres que duermen para vivir lo que la realidad no les ofrece, mujeres a quienes le crecen sueños como si fueran tumores, sirenas que abordan barcos, psicoanalistas imaginarias, oficinistas incapaces de salir de sus ensoñaciones y hombres que escapan a su destino gracias que tiene un doble.

Así, Víctor Roberto Carrancá ha conseguido con sus libros adentrarse en una literatura de gran tradición en México: la de lo fantástico y lo extraño.

En el primero de tus libros había una intención de contar historias, pero en el segundo parece que más bien quieres contarnos una obsesión…
Considero que Tratado de las espirales es un libro más personal, con cuentos que, efectivamente, responden a mis obsesiones y miedos. Los textos fueron escritos en una época determinada (mi estancia en la Colonia Portales, en la misma calle de Monrovia) y, por lo mismo, poseen una unidad temática, antes que una amalgama narrativa. Los sueños, la locura, la sexualidad, son algunos de los ejes discursivos. Al final, son temas que acosan a cualquiera, fantasmas que habitan bajo nuestras camas y deambulan a nuestro derredor. Debo confesar, por ello, que hubo una catarsis durante la redacción de una gran parte de los cuentos, o al menos una manifestación del inconsciente que me ayudó a encontrar una voz particular.

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En Tratado de las espirales exploras el universo de lo raro. ¿Cómo definirías este universo “extraño” que construiste en este libro?
Siempre me ha apasionado el “extrañamiento” literario. Aunque las características de la literatura fantástica se mantienen un tanto ambiguas en el discurso crítico, es posible identificar, al menos, esa sensación de destierro, de expulsión, desarraigo. Creo que el universo en general es extraño y la construcción de textos que ovacionan esta rareza parte de esa incapacidad de poder comprenderlo. Los sueños son un ejemplo de esta búsqueda inexorable que nos lega, únicamente, mayor desconcierto. El lenguaje, por tanto, muchas veces no es suficiente para expresar esta sensación de desorden y por eso uno busca herramientas retóricas que ayuden a aterrizar esa extrañeza.

Si en El espejo del solitario había referencias a la literatura fantástica, en Tratado de las espirales se vislumbra la influencia de Mircea Eliade con “El secreto del doctor Honinberg” y “Media noche en Serampor”. ¿Crees que esto sea lo que propició un libro más cercano al tono místico que a lo fantástico?
En ocasiones, es difícil encasillar un proyecto dentro de un género específico. En el caso de lo fantástico, como he dicho, la situación se torna imprecisa. Creo que el tono de una obra se transforma con el tiempo. También, que las influencias que están detrás del mismo muchas veces se modifican, tal como decía Borges, por ejemplo, al respecto de los precursores de Kafka. El ejercicio literario siempre está en movimiento. A veces resulta claro y, en otras, cada vez más complicado. El escritor rumano Mircea Eliade ha sabido identificar esta desambiguación del concepto propio de lo místico y lo fantástico en el caso de la religión. Aun así, creo que más que Eliade, el libro tuvo la influencia de lecturas psicoanalíticas como Slavoj Žižek, Lacan o el propio Freud.

Tratado de las espirales parece un libro inclasificable, recuerda lo mismo a Pedro F. Miret, que a La noche, de Francisco Tario…
Miret y Tario son referentes imprescindibles para cualquiera que explore la literatura fantástica mexicana. Textos como La noche o La zapatería del terror son imprescindibles en ese catálogo de literatura marginal, anticanónica, subversiva. Ambos autores construyeron una narrativa que contrariaba las fórmulas convencionales y, de igual modo, los ejes temáticos que imperaban en su época. Existía cierta exigencia de escribir acerca de la “mexicanidad”. Cualquiera que eludiera estos temas se veía relegado a una periferia obligada. Hoy, afortunadamente, proliferan esta clase de autores. La labor de algunos rescatistas como Mario González Suárez es invaluable en este aspecto. Por lo mismo, hay una deuda innegable con todo aquél que sepa contrariar el imperativo temático de la literatura y busque, más bien, proponer un proyecto innovador.

Inauguraste la colección de narrativa de Atrasalante con un cuentario. ¿Cómo ves este género en México?
Escribir cuento siempre será un desafío. Además de las limitaciones editoriales, normalmente, el lector se siente más cómodo con las manifestaciones de largo aliento. Aun así, México se caracteriza por tener grandes cuentistas. Mejor aún: se caracteriza por tener grandes cuentistas de lo fantástico. Ya mencionamos a Francisco Tario. Lo cierto es que la lista se extiende de modo significativo. Desde Juan José Arreola hasta Alberto Chimal. Esto sin omitir, por supuesto, a esa nueva generación compuesta por destacados narradores como Édgar Omar Avilés. Comprendemos que el cuento es un género severo, caprichoso, algo cruel, y que en el caso de nuestro país ha encontrado escritores con las mismas características.

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Carrancá, Víctor Roberto (2015). Tratado de las espirales. Guadalajara: 3 Norte, IMACP, Atrasalante.

_____ (2014). El espejo del Solitario. México: Ficticia, Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Puebla.