Entrevista con Antonio Ramos, director de 27 Editores

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Por Nahum Torres.

Años antes de lanzar el sello 27 Editores -en mayo de 2013-, Antonio Ramos Revillas (Nuevo León, 1977) trabajó “una breve temporada” en Santillana y otra en Jus. En la primera, asegura, pudo apreciar “cómo trabaja una máquina entrenada para vender“, mientras que en la segunda, todos los procesos de la edición: “No sé si fui editor, pero sí estuve inmiscuido en todas las áreas de trabajo de una editorial“, refiere.

Entre las vivencias recuerda un viaje a Mexicali, en donde pudo charlar con lectores y compradores. “Fue una semana de duro aprendizaje; allí empecé a reformular ciertas visiones sobre qué debía publicar“. Ahora, en 27 editores, procura atender el stand con las armas para vender cada uno de sus libros. “Y por armas me refiero a un genuino argumento de venta, uno en el que (yo) crea“, dice.

Hasta el momento, 27 Editores funciona como un puente a la literatura creada por autores regiomontanos. Su aparición estuvo conformada por el lanzamiento de tres obras breves, entre las que destaca la hiperviolenta novela-poema Yerbabuena, de Felipe Montes.

Al año y medio de existencia dieron a conocer otra triada de libros bajo el nombre de “Los primerísimos” que, como su nombre lo indica, pone en circulación -en tiraje pequeño- “el primer título de la obra de autores que consideramos ya consolidados“, como El río, el pozo y otras fronteras, de Eduardo Antonio Parra (León, 1965) y Estas y otras ciudades, de Patricia Laurent Kullick (Tampico, 1962), dos escritores clásico-contemporáneos que no nacieron en Monterrey pero cuya formación literaria se relaciona de manera inmediata con su geografía.

Este año, colaboraron con Lorena Valdivieso, una estudiante de Letras de la UANL y lanzaron una convocatoria para estudiantes universitarios. “El resultado fueron cinco novelas con mucho tesón, mucho lenguaje, de las que hemos seleccionado para publicar Shampoo, de Priscila Palomares“, se puede leer en su página de Facebook.

Para 2016, entre los autores que publicarán, su director editorial adelanta nombres como los de Antonio Malpica, Imanol Caneyada, Guillermo Meléndez así como el primer libro de Joaquin Hurtado, autor del legendario volumen de relatos Laredo Song (1997).

Lo que más nos gusta de conformar el catálogo, es cierta pizca de validar lo tradicional con apuestas nuevas. En un principio el lema era hacer una editorial para los regiomontanos, explorar primero el mercado local y luego salir. Tenemos ya seis libros complejos, completos, que abren horizontes“, comenta.

Sin embargo, como editorial regiomontana, 27 Editores busca expandirse más allá del Cerro de la Silla. “Pensamos en trabajar en una serie de autores que nos permitan cubrir más ciudades del país y no sólo Monterrey. Buscamos no volvernos locales ni localistas -eso sería terrible para el proyecto en cuanto a lo literario-. Antes que traducir o traer a autores de otras partes del español, queremos dar un voto de confianza en lo propio. Me parece que una de las características más interesantes de editoriales como las nuestras, es que nos permitimos dar a conocer a autores y obras que por cuestiones del mercado no sólo económico, sino también del mercado de las relaciones públicas, no tienen acceso a libros bien hechos“, refiere el también multipremiado narrador y promotor cultural.

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Ramos Revillas se caracteriza por realizar un continuo ejercicio de revisión de la cultura literaria de Monterrey: sus autores, sus talleres, sus publicaciones, etcétera. La literatura que allí se produce, al menos la reciente, se caracteriza por ser divergente a un sentir localista… La primera pregunta se relaciona con uno de los cuentos de Patricia Laurent Kullick en el que el narrador afirma que MTY “es y siempre ha sido una ciudad malagradecida“, (como editor, narrador o ciudadano) ¿estarías en (des)acuerdo?
En la ficción el entorno siempre se verá exacerbado -lo digo en relación al personaje del cuento de Paty-. Mi opinión es bipolar al respecto. En ocasiones siento, más que a la ciudad, a una comunidad literaria muy cerrada, con sus tradiciones y sus conceptos de validación muy extraños. Acá lo que abundan son los profetas de las buenas prácticas literarias y se pierde mucho tiempo en definir qué cosas valen o no la pena. Pero en el terreno profesional, la ciudad ha sido inmejorable para nosotros como proyecto: encontramos cómplices en la aventura que nos han dando espacios, oportunidades y a cambio hemos generado sinergia y también espacios y oportunidades. Si en lo individual ha sido complicado, a nivel institucional hemos podido crear acuerdos con casi todas las instancias universitarias de la ciudad de una u otra forma: ya sea con servicios o prácticas profesionales de alumnas y alumnos, con invitaciones a ferias del libro, con charlas, ventas especiales, talleres.

¿Buscarán desligar lo colectivo para potenciar cada obra por su valor individual (o viceversa)?
En este momento no podemos desligar lo colectivo, vamos en grupo, somos todos los libros, o procuramos que nos conozcan por paquete. En una u en otra colección, queremos que vean la diversidad del proyecto de 27 editores, que lo mismo genera espacios de promoción de la lectura, ediciones de novelas breves, reediciones de obras clásicas, un espacio de distribución del libro y punto de aterrizaje de muchas editoriales que no estarían en Monterrey de no ser por el puente que hemos podido crear dada la lejanía, y también la amistad que luego entre editores se puede hacer o la comprensión por el oficio.

¿Qué significa para ti la edición de libros?
Significa abonar en el capital cultural de un país. Todo libro, en cualquier tiraje, presentación o experiencia de su autor es un activo, es un pretexto para el diálogo, para que los lectores encuentren en él su voz. No existen lectores repetitivos e incluso aquellos que leen historias ligeras o de argumentos repetitivos encuentran en cada texto algo nuevo. Editar es entonces pulsar en ese diálogo, pero también marcar una historia literaria. Y también queremos hacerlo con las mejores condiciones de edición posible. Hay una tendencia, al menos en Monterrey, a considerar que editar es imprimir el libro. No, editar es trabajar con el texto, revisarlo a detalle, luego pasar a producción. También nos gusta trabajar con el diseño y hasta el momento hemos hecho libros que están a la altura de cualquiera en cuanto a calidad.

¿Cómo se vincula tu labor de editor con tu vocación literaria?
Llega un punto en el que es imposible separar ya las distintas funciones que realizo. Bueno, es que no tan en el fondo, para mí todos son pretextos para tratar de escribir mejor. A veces cuando edito novelas pienso en las mías y en qué cambios hacer, cuando estoy en la promoción de la lectura doy el salto y pienso en cómo eso que he escrito puede ser utilizado como evento de acercamiento de lectores. Escribo algo sólo con el fin de la historia, pero en ese inter pienso en el texto como editor, en el libro como producto, pero también pasado ese tiempo, en el libro como ente libre y dispuesto a ser utilizado por otros para hablar de ciertos temas.

¿Cuál es la expectativa a largo plazo?
Nuestras expectativas son algo complejas. A largo plazo es que la ciudad de Monterrey adopte nuestros proyectos, es crecer y esparcir más nuestro concepto en las ciudades norteñas. Hemos hecho de la palabra diversidad nuestro sello y así como considero existen muchos tipos de lectores y lecturas, existen también muchas maneras de pensar el término “editorial independiente”. Nosotros vamos y buscamos por todos los medios expandir ese concepto en los alcances que la propia editorial y la librería nos lo permiten.

¿Se identifican con algún otro sello independiente (mexicano)?
Nos identificamos de manera gradual con una serie de editoriales independientes que nos han marcado un punto de partida. Con Almadía hemos hecho una gran relación y su apuesta por el diseño la hemos hecho nuestra. Con Sexto Piso, en su forma de trabajo y de distribución. Con El Naranjo en la apuesta por buenos títulos infantiles, esto al menos con Libros de Alicia. Cada editorial independiente tiene algo que admiramos y entre la forma de hacer de todos creo que hay un espíritu compartido.

Lo más reciente es el lanzamiento de un nuevo sello, dirigido al público infantil: Libros de Alicia -el nombre es por el personaje de Lewis Carroll-, la editorial hermana a 27 Editores que lleva Alicia Rosas (que laboró en Diana y Alfaguara Infantil y Juvenil). Allí han publicado -en coedición con el Fondo Editorial Nuevo León- tres libros más: Los buscadores de tesoros de Edith Nesbit; Una pequeña princesa de Frances Hodgson Burnett; y El invento de Taffimai, que incluye dos cuentos de Rudyard Kippling. “Y tenemos en el tintero, listas para salir, novelas de Kenneth Graham, José Martí y una autora mexicana…”.