Facsímil, de Alejandro Zambra

Por Javier Moro Hernández.

Novela construida a partir de cinco relatos independientes que se terminan entretejiendo para construir un relato más amplio. Así podría definirse el artefacto narrativo que es Facsímil, del escritor chileno Alejandro Zambra (1975).

Cinco capítulos que se van entretejiendo a partir de la llamada Prueba de Aptitud Académica, que se aplicó en Chile desde 1967 hasta el 2002, como parte de los exámenes de ingreso a la Universidad, con una estructura que recuerda a cierta poesía experimental, que juega con las preguntas de respuesta abierta, en donde el escritor va encontrando cierto tipo de sentido al caos y al sinsentido de la vida.

Preguntas como la siguiente aparecen a lo largo de los dos primeros capítulos del libro para darnos a entender que el examen tiene otro sentido:

25. Mil novecientos ochenta y tato

1. Tu padre discutía con tu madre.

2. Tu madre discutía con tu hermano.

3. Tu hermano discutía con tu hermano.

4. casi siempre hacía frío.

5. No recuerdo nada más.

El autor va construyendo a partir de las preguntas y de sus posibles respuestas una narrativa que nos lleva hacia los años ochenta en su país natal. Un país controlado por una feroz dictadura militar, que iba impulsando un modelo económico que naturalizaba las diferencias y las desigualdades, centradas en muchas ocasiones en el acceso a la educación superior. Un conflicto que aún está presente en la vida cotidiana del país sudamericano con las protestas estudiantiles de los últimos años que promueven un cambio en el modelo educativo y la apertura en el acceso a las universidades del país.

La obra narrativa de Zambra siempre ha estado marcada por estos cruces en donde los géneros literarios se desnaturalizan. Una búsqueda en donde el principal valor no es lo que se cuenta literalmente, sino lo que deja fuera, lo que crea el lector a través de los imágenes y los sentimientos que surgen a partir de las imágenes narrativas que el autor crea a través de un lenguaje que se acerca a la poesía. Cruce que crea obras inquietantes y hermosas como las novelas Bonsái, La vida privada de los árboles, Formas de volver a casa, son obras en el que la búsqueda literaria del autor hacen referencias hacia lo íntimo, lo pequeño, lo individual del ser humano que vive en una realidad compleja y peligrosa, una realidad en donde cualquiera pude convertirse en un fantasma en un momento determinado.

En Facsímil los fantasmas que siempre han preocupado al autor chileno vuelven a parecer: la complejidad de la realidad social y la incapacidad de atrapar está realidad en su justa medida. La obra de Zambra pareciera encontrarse alejada de una visión social, sin embargo las referencias que en ella del entorno siempre son discretas pero al mismo tiempo tienen un poder inquietante. Zambra es un escritor que nos muestra los peligros del entorno político y social en el que creció y vivió sin enseñarnos su casa más feroz y monstruoso, prefiere hablarnos de ellas desde la cotidianidad normada por el poder, ese poder silencioso, oscuro, que puede atraparnos de las maneras más extrañas y siniestras, interrumpiendo lo que ciudadanos considerarían el flujo normal de su vidas.

El último capítulo de la novela titulado simplemente “Texto No. 3” hace referencia por ejemplo al divorcio en Chile, que estuvo prohibido en el país sudamericano hasta el 2004, cuando se aprobó constitucionalmente que las personas podrían separarse legalmente sin contravenir los preceptos católicos. Este hecho le sirve al autor chileno para contarnos las dificultades que encontraban los jóvenes en contravenir disposiciones que en realidad venían desde un orden religioso que no tenía que ver con la vida civil de un país. Las parejas no se podían “divorciar” pero sí podía “nulificar” el matrimonio, usando un resquicio legal. Es decir, tenían que reconocer que jamás vivieron juntos, que ni siquiera sentían empatía por la otra persona. Una manera cruel y pragmática de darle la vuela a una disposición legal construida a partir de la visión de un solo sector de la población: la derecha ultramontana, que con Pinochet había terminado de imponer esta visión en la Constitución del país.

El último capítulo se va construyendo a partir de contarnos la boda del personaje, un joven universitario, recién egresado, que se casa en un acto irresponsable e irreflexivo, que busca más acercar a los amigos y organizar una fiesta interminable, que sin embargo tendrá consecuencias jurídicas y personales que van más allá de lo esperado. Sin embargo esto vuelve a traernos las preocupaciones personales del autor: los fantasmas de la vida cotidiana en un país tomado por el horror, la continuidad de esa vida que busca el silencio, el pasar desapercibido en una sociedad en donde reina la frustración y el miedo, por un lado, y el triunfalismo y la prepotencia por el otro. Un país dividido, polarizado, en el que sin embargo solo unos cuantos tienen el poder de la palabra. Zambra le da voz a los miedos y a las preguntas de la gente normal, de los jóvenes que crecieron en medio de ese país construido a partir de los formalismos y las imágenes de la arrogancia. Y lo hace buscando, rebuscando en sí mismo, en sus silencios, en sus preguntas, en las dudas. Y lo hace a través de una búsqueda personal que atraviesa los géneros literarios buscando la forma de construir una narrativa personal que abarque muchas visiones y muchas preguntas.

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