Entrevista a Iván Vergara, editor en Ultramarina C&D

Por Javier Moro Hernández.

ultramarina

Editoriales independientes nacen y mueren cada año. Es un negocio complicado y todo parece en contra de aquellas que apuestan por la calidad antes que la cantidad, aquellas que abrazan un proyecto cultural antes que un proyecto comercial, que se asumen como puentes literarios tal y como sucede con Ultramarina Cartonera y Digital, un proyecto organizado a partir de la Plataforma de Artistas Chilango-Andaluces, mejor conocido como PLACA, grupo de artistas y escritores que desde hace diez años dieron vida a un festival de poesía independiente llamado Recital de Poesía Chilango-Andaluz.

En poco más de un lustro, la Ultramarina C&D ha publicado a autores reconocidos en México como Juan Villoro, Alberto Chimal o al músico Armando Vega-Gil, así como varios autores españoles que se han integrado al catálogo mediante plaquettes de poesía como por libros de narrativa, todos hechos de manera artesanal y que al mismo tiempo tienen su versión digital.

Iván Vergara, editor ultramarino y motor de la PLACA nos comenta en entrevista que el origen de este proyecto viene desde las primeras ediciones del Recital Chilango Andaluz. “En aquellos días trabajamos con algunas editoriales teniendo ya una perspectiva de tener control sobre las propuestas literarias que nos gustaría apoyar“.

Como tal, Ultramarina surge en 2009 “y ha sido un no parar“. Actualmente buscan distribuir sus ejemplares “de una orilla a otra de Europa y América. Es difícil, pero alentador en la cuestión literaria: tenemos acceso a escritores y poetas que están trabajando en la dinámica de la editorial y sus propuestas, lo que hace más llevadero todo el proceso ante una editorial que por múltiples razones tiene que ir reinventando el oficio, así como reinventándose a sí misma.”

La Ultramarina aterrizó a principios de 2015 a la Ciudad de México con la intención de fortalecer vínculos literarios. Publicó un par de nuevos títulos, entre ellos Feminus del escritor jaliciense Dante Medina, además de organizar presentaciones en la Feria del libro de Guadalajara.

¿Cuál es la forma de trabajo de Ultramarina para publicar un libro?
Todo autor tiene que implicarse en el proceso completo del libro, lo cual indica que si tenemos que poner trabajo y dedicación, o lo ponemos o no lo publicamos. El autor que espera que paguemos todo el proceso y le llevemos al Olimpo literario no tiene lugar aquí; la base de este proyecto es ‘juntos y parejos’. La respuesta a esta propuesta se encuentra en cada uno de los libros de nuestras diversas colecciones; es decir, ha funcionado. Ahora, todo esto lo ponemos en marcha ya que ha pasado el título por el proceso de selección de la editorial, en el que también nuestros criterios están ahí y no podemos dejarles por intereses cuales quieran. La PLACA es un proyecto puente, Ultramarina C&D tiene que ser extensión de él, así que los libros que buscamos tienen que ser eso: puente hacia el otro, hacia el lector; hacia lo desconocido.

yinyan

Hace cinco años se cuestionaba el formato del libro, se pensaba incluso que su futuro se encontraba en lo digital; sin embargo, en este tiempo el movimiento cartonero -por llamarlo de alguna manera- se ha extendido y fortalecido, sobre todo en América Latina. Ustedes son una editorial que combina lo cartonero y lo digital…
Considero que las cartoneras no harán más que crecer dado su dinamismo y su capacidad de establecer su proyecto según el área territorial en la que se encuentren; poseen mayor libertad que otros formatos editoriales, lo cual ayuda a implementar editoriales de esta naturaleza prácticamente en cualquier sitio. Nos encontramos muy a gusto entre estos dos formatos, le sacamos rédito, nos ayuda a impulsar a nuevos autores o ya conocidos en diversos formatos. La idea con la que movemos estos proyectos nos continúa pareciendo adecuada para nuestras intenciones: hay que dejar que el lector elija en qué formato accederá a la cultura, gratuita o de pago, ellos eligen. Es cosa de que la gente lo asimile mejor: un libro digital llena una parte importantísima de la estructura cultural y tecnológica para hacer más accesible la literatura, sobre todo en lo económico, aunque la asimilación pasa también por aceptar nuestra condición fetichista y el amor que procesamos a los objetos impresos. En Ultramarina C&D compartimos la idea de que el libro no tiene que ser una réplica, sino un objeto único, por el que manos y trabajo humano haya pasado notoriamente.

¿Y cómo ensamblan los dos formatos para hacer funcionar a la editorial?
Por el momento la edición cartonera es la reina de nuestros formatos básicamente porque para la versión digital lanzaremos la aplicación que permitirá a cualquier usuario tener acceso a prácticamente el catálogo completo de la editorial; entonces sí tendremos que apostar de manera conjunta. Son dos ideas distintas, pero una es la meta: llevar a nuestros autores a que sean conocidos al “otro lado del charco”.

Después de los años de recesión y de crisis, ¿cuáles son los retos a los que se enfrenta una editorial cartonera en España?
Son terribles, aunque sabiendo de la realidad mexicana no queremos que suene frívolo pues acá hay cosas que no lo están tanto, pero la perspectiva general sí que lo es. La crisis económica ha golpeado a ambas naciones, estamos siendo testigos de una ‘agenda global’ donde unos continúan enriqueciéndose y otros acabamos por justo lo contrario. Esto ha llevado a Ultramarina C&D a tratar de reinventarse, de abrirse paso publicando periódicamente nuevos títulos, de inventarnos medios para poder generar los pagos a los participantes o poder tener presencia en ferias de libros.
Es desolador contemplar como en ambas orillas están generando políticas que ayuden a desaparecer proyectos independientes y autónomos. Somos las editoriales incómodas y no es falsedad comentar que esas políticas nos llevan al cansancio, hastío y desesperanza. Por eso creo que esas editoriales que surgen, aguantan, mueren, continúan, se reinventan, todas ellas son los espacios de resistencia más grandes. ¿Lo más difícil? Que la gente lo entienda y te apoye comprándote libros.

El mercado español ha sido algo como “El Dorado” de la literatura latinoamericana; ¿cuál es la situación actual del mercado español? y en ese sentido: ¿se lee autores latinoamericanos que no sean publicados por las grandes editoriales que todos conocemos?
La situación actual es un espejo de la realidad mexicana. En el viaje a México pudimos participar en diversos eventos literarios: ferias, congresos, festivales, presentaciones alternativas, etcétera; la visión que nos otorgó fue sencilla: estamos trabajando de manera casi paralela, aunque quizá, y eso sí marca una diferencia, es más fácil que en México se interesen por la literatura extranjera que en España, acá lo recurrente es que se mencione, recomiende y lea gente local. Es algo que España podría cambiar, lo difícil es que les interese: mirar hacia afuera, tender puentes hacia América, hacer todos los esfuerzos posibles por traer gente de diversos países latinoamericanos y ayudarles a compartir su obra y voz por estas tierras. La experiencia sería positiva para ambos lados, pero sin apoyos institucionales o políticos nos vemos abocados a ir lento, cuando esto debería ser la política moderna. Por otro lado, es importante que en América miremos con orgullo el trabajo que editoriales pequeñas y medianas están realizando; ya está disminuyendo el cacicazgo de las editoriales gigantes; algunos escritores tienen la convicción de que existen más opciones para distribuir la obra. En verdad todo sería muy sencillo si la gente pudiera comprar asiduamente libros de editoriales independientes, muchas de ellas no desaparecerían, pero ya se sabe que el aparato de comunicación en los grandes medios sigue siendo una herramienta que abruma y confunde.

Uno de sus objetivos es la vinculación entre España y México, países con una cultura literaria muy fuerte. ¿Cuáles son los retos a los que se enfrentan en el día a día en este trabajo de vinculación?
En estos últimos meses quizá la movilidad de los autores sea el conflicto más grande y por otro el animar a los lectores de cada país por conocer lo que hay más allá. En lo primero las razones de la dificultad radican en el desembolso económico, en la segunda pasa algo más difícil aún pues se pide que un grupo de personas de un área específica quiera saber qué es lo que ocurre afuera, qué es lo que se está produciendo.
En el caso de la movilidad las instituciones deberían ver que esto también puede ser algo positivo para la cultura, invertir en esto me refiero; pongamos como ejemplo un grupo de música que tiene que mover a cinco personas de un país a otro, si contamos el gasto resultará en una cifra alta, cosa que en la literatura no es así: un autor es un mundo en sí mismo, puede ser un Embajador de las letras y el gasto no será excesivo. El reto en ello es preguntarnos ¿quién representaría cada región? Tiemblo un poco al pensar en la transparencia de las instituciones y sé que no es por ahí el camino, pero sí con quien hay que colaborar, entonces, ahí estamos, atorados.
Sobre el segundo problema debería añadir algo más: si hay algo que defina la existencia cotidiana de cada individuo es el desconocimiento y lo único que puede salvarlo es el acercarse a la otra orilla para saber qué se está escribiendo, cómo, en qué región. Me da por pensar que muchas veces diremos que lo mejor es lo que se hace en la región donde nos encontramos. En verdad este deseo ‘de vincular’, nos ha demostrado en estos años que no es en lo absoluto cosa sencilla, es auténtica contracultura.

¿Cuáles son los planes para los próximos años?
Este año publicaremos unos diez títulos, siendo el mayor número que hayamos lanzado en un año. Por el momento estamos lanzando los títulos europeos y preparamos lo que será el regreso a México. ¿Los siguientes años? Sobrevivir, seguir trabajando en la idea de borrar fronteras, vincular con poesía y artes regiones y personas. Es un plan de vida, en verdad.