Narradores Mexicanos Nueva Generación: Jonathan Minila

Por Jonás “Eveready” Domínguez.

Los personajes que forman parte de los cuentos de Lo peor de la buena suerte se enfrentan, cada uno por su cuenta, ante una realidad arbitraria que los domina por completo. Extraños e impotentes, atrapados en un mar de dudas personales que se extienden a manera de ruido mental, se comportan un tanto a la manera del propio autor en su colección de ensayos (Ruido): ponen todo bajo la obsesiva lupa de la duda.

Justamente así es, sobre todo los que son los narradores“, responde el autor durante una breve charla vespertina. “Los narradores de los siete cuentos se inmiscuyen todo el tiempo en la mente de los personajes, permitiendo que el lector los vaya conociendo” a la vez que posibilita que se entretejan las historias de cada uno. “Hay un libro de George Steiner, Diez (posibles) razones para la tristeza del pensamiento, donde él dice que no conocer el pensamiento del otro es una de esas razones, de allí que, al escribir, intento cruzar esa barrera de manera total“, afirma.

Respecto a las iniciales como ‘identidad’ de los personajes, Minila explica que “de hecho el único nombre completo que sale es el mío, casi al final del libro, y es que me cuesta trabajo nombrarlos, quizá también porque no tienen una personalidad fija, son como facetas mías, en el sentido en que cada personaje es un poco alter ego de mi subconsciente“.

En el cuento Portafobia Minila aborda “el miedo a las puertas” para adentrarse precisamente en un juego psicológico. “Creo que en un libro de literatura siempre se habla de algo más allá de las historias mismas. En este cuento se mezclan un morbo por las puertas, algo que desde niño me causa una sensación rara, así como una ruta hacia el pasado, hacia la infancia. De hecho, allí se dice que ‘la imaginación puede ser la más terrible de las puertas’“. El personaje es un escritor en ciernes que escribe maníacamente sobre un escritor que escribe y que intenta acceder a su momento más lejano, a lo más profundo de sí, de su inconsciente. “Por eso la estructura del cuento es una especie de metaficción y no es extraño que el personaje sea escritor, porque la escritura también es sobre el inconsciente. La portafobia sería en este caso más que el miedo a las puertas, el miedo a llegar a uno mismo. Al final de cuentas es mi personaje, o sea de Jonathan Minila, el que tiene miedo de llegar a verse en la calle: no soy Borges para encontrarme conmigo con toda libertad“.

Literatura fantástica y crítica social

Si en los cuentos aquí reunidos se hayan las obsesiones de Minila, éstas brotan a partir de un ‘sistema fantástico’ al que Flora Botton Burlá ha caracterizado (en Los juegos fantásticos) por su irrupción agresiva en el orden de la vida cotidiana: el presente flagela a los personajes “en el engaño de un cambio que no es posible“.

No es que tenga una teoría personal de lo fantástico“, dice. “Me gusta que se sienta el ritmo de la realidad tal cual; que los personajes no se den cuenta que están inmersos en el caos. Los cuentos suceden en la realidad porque me fui dando cuenta que lo fantástico es un juego de la mente. ¡Es en tu cabeza donde se forma todo ese caos! Evidentemente tengo una influencia de la literatura fantástica, la mano de Italo Calvino está presente, así como la serie Dimensión Desconocida, que cuando era niño la veía mucho”.

Si lo fantástico cuestiona la realidad, en sus relatos, Minila insiste, una y otra vez, en la imposibilidad de estrechar lazos interpersonales en la sociedad contemporánea. “Todos los personajes son antisociales. Vivir en una ciudad tan grande, con tal cantidad de gente, te hace sentir lejano, de no pertenencia. Hay que encerrarse en casa para sentirse tranquilo. Quizá de allí viene el éxito de las redes sociales: es la única manera de socializar sin salir de tu estado de confort, manteniendo esa distancia para no relacionarte“, aventura.

Hay también guiños, al posthumanismo (esa frase de “el cuerpo no es necesario” en Perorata de un desaparecido, cuento con el que inicia el volumen en el que Minila se jacta de mezclar a Franz Kafka, H. G. Wells y David Lynch) así como a la alteridad tragicómica a la Ivan Reitman en la cinta Junior; sin embargo, a diferencia del Arnold Schwarzenegger preñado por la embaracina, el personaje masculino del cuento Siete semanas y media queda embarazado porque la realidad misma ha sido trastocada profundamente, como si todo lo conocido se desarrollase en una dimensión paralela.

Quizá la valía de la narrativa de Jonathan Minila (México; DF, 1980) está no sólo en la construcción de un relato a partir de las “voces mentalizadas” o en el vaivén que va del imaginario cinematográfico y de la televisión que el autor retrotrae a la literatura fantástica, sino en la exploración de lo que él mismo llama -en su libro de ensayos-, “la paradoja de la existencia y lo ilusorio de la realidad“.

En sus libros, Minila se plantea llegar hasta las últimas consecuencias de aquel “pienso, luego existo” de Séneca. Tal pareciera que le es imposible vivir sin pensar, incluso hasta cuando los pensamientos se convierten en pesadillas.

Minila, Jonathan. Ruido. México: edición digital, 2015.

_____. Lo peor de la buena suerte. Fondo Editorial Tierra Adentro-Conaculta, 2015.

_____. Imaginarios. México: De lo Imposible Ediciones, 2015.