El buitre soy yo, de Alejandro Ribadeneira

Por Hugo César Moreno Hernández.

Hay un Quito tomado por distintos ángulos en El buitre soy yo, de Alejandro Ribadeneira. Un Quito visto desde profundidades interesantes, no necesariamente sociales o políticas y cuando esta cualidades aparecen entre los cuentos, lo hacen con humor, con sátira, sin clavarse en esa línea de exploración, sino buscando enterrarse en los habitantes de una ciudad asediada por anhelos, por deseos de felicidad truncados en el remolino de imposibilidades inscrito en cada personaje.

Anhelos cursis, como en el primer cuento, Crisálida pura, que se enrojecen con los mercados de carne tierna, inocente y deliciosa de chicas a punto de ser paridas por las miserias de una urbe que no termina de convertirse en puro concreto, pero mira telenovelas y sueña con estaciones de metro parecidas a las de París (y así lo atestigua la realidad política, según reza el discurso del gobierno municipal a propósito de la construcción del metro de Quito: “en el metro los ciudadanos se sentirán como si estuvieran en París”). Un Quito visto desde la inocencia de un joven imberbe incapaz de entender qué es un Beso francés, ah qué hecho verga está el man. O un portero que obtiene con el último gramo de honor el finiquito de su carrera en El último partido.

En este entramado de historias aparece el cuento Los caudillos liberales, para mi gusto, el mejor de la colección, tanto en estilo, escrito en una primera persona inmersa en sus necesidades adolescentes, en sus dolores, en sus problemas tan grandes como el universo que es él mismo. Un tono lingüístico que resuena en voces quiteñas y escrito me remitió a ensayos estílisticos tipo Thomas Bernhard, sin llegar a la extensión ni sensación abrumadora del personaje, pero sí permitiendo integración del lector con el relato.

Con The Mugre Music Band, Ribadeneira continua su recorrido a través de miradas juveniles, amplificadas por sus sueños, vivos y rotos, vivos o rotos, definidos según la filiación social sin que el autor asuma una postura antropológica. Por el contrario, se coloca en el lugar del observador capaz de burlarse, a veces con crueldad, otras con un poquito de conmiseración, pero no mucha para evitar manchar los relatos con mieles innecesarias.

Esto se constata con Los combatientes del agua bendita, quizá el cuento que mejor recorre el Quito contemporáneo y alcanza el Quito del 2013 (el libro se editó en 2004) según las confrontaciones políticas más álgidas desde la toma del poder de Correa. El cuento explora las actividades terroristas impulsadas por grupos ecologistas, protestas contra la explotación petrolera. En agosto de 2013 la convicción ambientalista del gobierno de la Revolución Ciudadana se vino abajo con el anuncio de la explotación petrolera del Yasuní. De alguna manera, Ribadeneira permite observar, con humor y sin toma de partido, cuán sensible es este tema para la sociedad ecuatoriana.

El buitre soy yo resulta una lectura sencilla, aunque no necesariamente fácil, recurre a elementos de apariencia trascendental (el amor, la patria, el honor, etcétrera) para desnudarlos con humor, sin recurrir a la crueldad, pero sin permitirle a sus personajes ser motivo de compasión.

Ribadeneira, Alejandro. El buitre soy yo. Quito, Ecuador: Eskeletra, 2004.