De 3 en 3: Prosa, Mujeres y Mascotas

De tres en tres
Por Sidharta Ochoa.

Frente al fenómeno del narcotráfico está más que claro que la realidad supera la ficción; sin embargo, existen muestras literarias que nos ofrecen virtudes estéticas.
A continuación, una breve lectura de tres ficciones que resultan ilustrativas de la vida bajo el esquema del narcotráfico, ya sea de manera irremediable como en la novela del tijuanense Julio César Pérez Cruz, de forma directa como lo realizado por Omar Nieto o como paisaje urbano en el caso de la novela de Luis Valdez.

Julio César Pérez Cruz hace con Prosa Lavada (ganadora del premio Binacional de Novela Joven Border of Words, 2011) un retrato sofocante de la sociedad fronteriza, de los narcos de a pie, de los “burros” que transportan droga y que sirven a amos patéticos, que viven de la venta del gramo, lejos de la grandilocuencia de los narcos admirados como el Señor de los Cielos o los Arellano o el mismo Hank Rhon. Julio César baja a la narrativa de la cloaca, a su violencia cadavérica, haciendo un retrato onírico de la sociedad narcotizada.

Si no se borra con agua. Por más que me baño, el hedor a sangre de muerto me sigue quedando en las manos y la boca. Se los puedo decir, pero quién sabe si pueda hablar. Las palabras duelen.”

‘Maidana’, uno de sus personajes principales, no se hará de poder mediante la práctica de la seducción con un cuerpo exuberante -lugar común de la narrativa sobre el fenómeno del narcotráfico- sino a través de actos atroces, secos, pulidos, como la escritura de Julio César. En Prosa Lavada aparecen ancianos sexualizados, prostitutas de arrabal, enanas fieles. Un libro desolador sobre esa Tijuana lejana a la fiesta y a la escena del arte.

Pérez Cruz Julio César. Prosa Lavada, México: CONACULTA-Fondo Editorial Tierra Adentro, 2011.

Las mujeres matan mejor es la historia ficcionalizada detrás de una nota de periódico tomada al azar sobre cualquier noticia que hable del triunfo de campaña de algún político local, de los políticos encontrados muertos, o sobre los muertos a secas de la violencia del narco en el sur del país y, claro, también de las elecciones compradas. Narrada con agilidad y pericia narrativa, se trata de un registro polifónico del pan nuestro de cada día. Es también una novela sobre el horror de ser una mujer dedicada al crimen organizado, dedicada a matar.

Le quitó el brassiere y él le quitó el pantalón. Luego la penetró boca abajo. Le tapó los labios porque Nicte comenzó a gemir, Toscano, el chofer y Salgado seguían roncando”.

Omar Nieto cumple aparentemente con las ideas básicas de la literatura realista emanadas del nuevo periodismo norteamericano: impasibilidad, verosimilitud y transparencia, donde la voz del narrador siempre es neutral; premisas que Capote y Mailer pusieron en práctica obsesivamente resultando en novelas estructuralmente logradas, en grandes obras de la literatura contemporánea.
Si el llamado nuevo periodismo estadounidense hizo de la non fiction novel un género mayor, en Las mujeres matan mejor, la obra queda a la mitad del camino: entre lo que sabemos que es factional narrative (basada en hechos) pero que no se asume como tal y se construye estructuralmente como una ficción que apunta al realismo sin mayor desafío formal.

Nieto, Omar. Las mujeres matan mejor. México: Joaquín Mortiz, 2013.

No es otra estúpida novela sobre los NaZis”, reza el subtítulo de la novela Mascotas Muertas, del regiomontano Luis Valdez. Así se les llama al grupo del narco los ZETAS. En efecto, Mascotas muertas no se trata de un libro sobre narcotráfico en una ciudad agujereada por las balas como Monterrey, si no sobre el padre de Joaquín Vicente un comunista travesti, ‘Judith’ la amiga de ‘Lou Rodríguez’ que siempre desprecia a sus amantes y de Lucía una adicta a la heronía con quien Lou tiene un pacto de junkies.

Pensándolo bien, si mi padre tuvo derecho a ser un travesti, ¿por qué no tener derecho a ser también una diva? Una diva comunista. Como Tina Modotti, pero versión de acá del norte, de la tierra de la carne asada y de la cerveza”.

El comunista travesti resulta triste e hilarante al mismo tiempo pues retrata de una manera conservadora y con toques de desprecio a los militantes de la izquierda de los años sesenta y setenta; aparece la madre de ‘Joaquín Vicente’, una mujer “que prefería pizcas de realidad” antes que ser una diva como María Félix (de los comunistas). ‘Joaquín Vicente’ termina quemando ropa interior femenina frente a la lápida de su padre muerto; preguntándole sobre la ubicación de la tumba del comunismo.

Casi todos los personajes encontrarán un destino desolador.

La voz del autor tiene un tono humorístico pero al mismo tiempo sentencioso que hace de este libro una pieza rara en la literatura reciente.

Valdez, Luis. Mascotas muertas (no es otra estúpida novela de naZis). Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León y Ediciones Intempestivas. México, 2012.

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