Te lo juro por Saló, de Arturo J. Flores

Por Sergio Loo.

Lo que me interesa de esta novela es su construcción culterana. Me explico: Te lo juro por Saló (primera referencia cinematográfica) narra la historia de unos novios cinéfilos defeños que deciden probar suerte en los Estados Unidos. Su intención es conocer a Clint Eastwood para darle a leer un guión cinematográfico que los sacará del anonimato. Por supuesto, las cosas no salen como se planearon: entran en el negocio del porno amateur. Y les va bien. Pero en el negocio del porno “irles bien” implica un reajuste drástico y continuo a los conceptos de pareja y felicidad. Los personajes van sorteando el vértigo del éxito obstáculo por obstáculo. En ese sentido, la trama no es compleja. Va de forma lineal. Lo complejo es la construcción de la novela, su concepción estética.

Podría decirse que es abusivo el uso de epígrafes que abren cada pequeño capítulo, pero, dado que todos son letras de canciones sobre Hollywood, se vuelven otra cosa: un soundtrack, desmedido, sí, pero de ello me ocuparé a continuación. El protagonista y narrador hace uso del lenguaje técnico del cine (corte a, voz en off, close up) para narrar su historia. Estamos leyendo una película novelada, con los tecnicismos de cámara y la música de fondo incluidas.

Otra excentricidad: esta novela o película es culterana. La cantidad de referentes es avasallante. Su protagonista, un intelectual, pero de otra naturaleza. Parece que él se la vive en el Tianguis cultural del Chopo y no en el Colmex. Sus referentes cinematográficos que van desde películas de Tim Burton pasando por las del Santo y llegando, obviamente, al porno saturan la prosa. Y con el rock (metal, preferentemente) y la literatura de subgénero crea una gramática propia.
Me interesa eso: su estética de saturación como lógica.

El protagonista es un intelectual de otra índole, más MTV, si se quiere, pero no por ello alejado de lo que vendría a ser un “señorito” de principios de siglo (pensemos en las narraciones autobiográficas de Novo, por ejemplo), siempre racionalizándolo todo, llenando la vida de metáforas e imágenes para hacer de ella algo estéticamente inteligible. La narración se interrumpe a cada momento con reflexiones o comparaciones cinematográficas. No es lo que pasa en la historia sino cómo lo entiende en narrador. El protagonista se lanza a la aventura de ir a otro país, no porque sea intrépido, sino porque siente que no ha vivido, le falta experiencia. Típico de personajes intelectuales. Su novia lo sigue y, hasta cierto sentido, es empleada por él para lograr sus cometidos. Típico de personajes cerebrales.

Diríamos que esta es una novela donde unos novios cinéfilos y chilangos prueban suerte en la industria del porno norteamericano, o de cómo se racionaliza el porno desde una perspectiva neobarroca.

Flores, Arturo J. Te lo juro por Saló. México: Ediciones B, 2012.