La pequeña Ficticia, entrevista con Paulina Ugarte Chelen

Por Nahum Torres.

Cuando se habla o escribe sobre literatura infantil mexicana es frecuente realizar un inventario de autores y sellos editoriales que durante varios años han apostado por una producción editorial enfocada a los infantes. La mayoría de las apuestas han sido acertivas; sin embargo, sigue resultando extraño que una u otra editorial construya una colección, o que tal o cual autor se aboque a un libro para niños.

En ese sentido, el surgimiento de la colección La pequeña ficticia, del sello Ficticia (que este 2012 cumplió 13 años de publicar narrativa y microficción latinoamericana), sirve como pretexto para reflexionar sobre algunos aspectos de la literatura infantil en el siglo XXI, como son la auto publicación, el lenguaje visual o el tipo de lector. Para ello, vía electrónica, Paulina Ugarte Chelen (comentarista de literatura infantil y juvenil para El Economista) responde un cuestionario sobre esta colección a su cargo que arranca con tres títulos bajo la autoría de Gustavo Marcovich, Javier García-Galiano y la propia Ugarte, con ilustraciones de Valeria Gallo, Armando Hartzacorsian y Rodrigo Toledo Crow.

Paulina Ugarte Echelen, (SdL), Suplemento de Libros

Paulina Ugarte Chelen (foto: cortesía de la autora).

¿Qué motiva la colección La Pequeña Ficticia?

“La Pequeña Ficticia nace porque nos parece importante ofrecer otras posibilidades lúdicas y de calidad, en formato de libro, a un mercado que cada vez se satura más de productos comerciales (también llamados libros). Se suma así al esfuerzo que hacen las editoriales independientes especializadas en el público infantil por publicar obras literarias ricas en contenido simbólico y estético“.

Eres directora de la colección y primera autora: ¿qué significa autopublicarse?
El cuento que abre la colección, efectivamente es mío. Sin embargo, está avalado por una mención especial del jurado en el Concurso Nacional de Cuento Infantil “Juan de la Cabada” en su emisión del 2009 y posteriormente, fue sometido ante el FONCA para solicitar un apoyo de Coinversiones a Proyectos Culturales.
El cuento se defiende solo, por eso nos animamos a publicarlo
“.

Respecto a las ilustraciones de cada uno de los tres libros con los que arranca la colección: ¿cómo se entrelaza el lenguaje visual con el escrito?
La personalidad de cada uno de los tres títulos es muy marcada. Cada texto provocó al ilustrador y éste decidió abordarlo desde distintos ángulos. Nosotros ahí damos total libertad. Si la propuesta es coherente y enriquecedora del texto ¡Adelante!”.

“El desplumado, ilustrado por Armando Hatzacorsian, por ejemplo, por ser un texto algo crudo y desvergozado, pedía ilustraciones más abstractas y conceptuales porque con ellas incita a una interpretación más simbólica que aleja de la lectura obvia y así lima su aspereza.
El hombre que se llamaba Cero, ilustrado por Valeria Gallo —quien diseñó toda la imagen de la FILIJ 2012— adoptó el tono sosegado y juguetón de la narración y nos presenta los extraños y contradictorios personajes creados por Gustavo Marcovich.
Rodrigo Toledo, por su parte, en
De cuando el tiempo se convirtió en música, realizó una investigación exhaustiva acerca de los talleres de relojería, hizo una disección delicada de los mecanismos que se mencionan en el texto y diseñó escenografías precisas que ayudan al lector a ambientarse“.

El desplumado, La pequeña Ficticia, (SdL)

El desplumado, La pequeña Ficticia.

¿Consideras que existe un ‘deber ser’ de la literatura infantil/juvenil como formadora de lectores?
No, no consideramos el ‘deber ser’ como una posibilidad dentro de la literatura.
Otra cosa es que, aun sin proponérselo como meta, forme lectores. La buena literatura, sin buscarlo, forma lectores porque te vuelve adicto.
Es una reacción natural: Si nosotros ofrecemos propuestas atractivas y los niños se enganchan con ellas, lo más lógico es que nos siguen como editorial. Ahí tendremos un lector fiel que nos seguirá porque confía en nuestro criterio
“.

¿Para ti cómo es el lector infantil/juvenil? y en ese sentido: ¿qué tipo de lector es el ideal para La Pequeña Ficticia?
Creo que lo que diferencia al lector infantil y juvenil del adulto es que es más abierto y desprejuiciado a la hora de acercarse a un libro. Sin embargo, ambos esperan historias frescas que los sorprendan, que los involucren y con las que se puedan identificar.
El lector ideal de La Pequeña Ficticia es aquel que está dispuesto a los finales abiertos, a las historias poco convencionales y a dejarse tocar por las ilustraciones; pero sobre todo, aquel que se anime a compartir su experiencia, sea cual sea: que te diga si le gustó o no y por qué, que te diga que habría preferido que fuera de tal o cual manera: queremos lectores participativos, críticos y desparpajados que se apropien de los textos
“.

¿Las historias infantiles, son infantiles de verdad?
Creo que las historias son historias sin importar la etiqueta que se les coloque y llegan a la persona que deben llegar. Algunas historias ‘infantiles’ se las apropian los adultos y algunas historias ‘adultas’ se las apropian los niños. ¿Por qué ocurre esto? Porque las buenas historias tocan a quien deben tocar, sin importar la edad“.