Éramos unos niños, de Patti Smith

Por Sergio Loo.

Digamos lo básico: esta autobiografía de Patti Smith, poeta punk de los setentas, autora de los discos Horses y Radio Etiopia, narra la época en que vivió con el escandaloso fotógrafo Robert Mapplethorpe.

Lo obvio: este es un libro para fans de la cantante y del fotógrafo.
Y yo soy fan de estos dos personajes: ¡el libró me encantó!

Me encantó aunque el tono grandilocuente y pseudo zen haga pensar que uno está leyendo a Sarah Brigman en vez de Patti Smith.

Me encantó aunque la cronología perfecta revele que hubo un trabajo arduo por parte de un equipo de gosth writers que hurgaron en los cachivaches de la cantante para ser exactos y fidedignos, muy contrarios a la naturaleza de la memoria de una persona.

Me encantó aunque el libro casi no mencione si quiera al movimiento punk al que Smith se debe en gran parte.

Me encantó aunque nunca explique cómo diablos pasó Patti Smith de artista plástica a poeta y luego a cantante. Así, un día amaneció y ya cantaba. ¡Qué padriuris, Patti!

Me encantó aunque el inevitable juicio moral y estético de la obra del Robert Mapplethorpe por parte de Patti está más ausente en el libro que mi talento para tocar la marimba.
Me encantó aunque el libro nunca mencione posturas estéticas ante un contexto específico: el Nueva York de los setentas, el arte pop, la crisis económica, el CBGB, otras bandas como Television, Blondie, Ramones, etcétera. Es decir: ella canta y él toma fotos, así de simple, como mi papá en vacaciones y mi mamá en el kareokee. El punk fue totalmente incidental.
De hecho las reflexiones estéticas huelen un poco a cosmovisión coyoacanense, llena de collarcitos y lugares comunes.

Me encantó aunque Smith se haga la mustia con respecto al sexo y las drogas: ahora resulta que siempre estuvo limpia y monógama: es la Angélica María del punk.

Me encantó aunque del movimiento punk prácticamente no habla.

Me encantó aunque el lugar común de los aspirantes a artistas sin dinero perdidos en una gran ciudad sea llevado a la nausea.

Me encantó aunque, pese a que hay una narrativa, digamos, psicológica o reflexiva, no concuerda con lo que pasa. Es decir, o Patti (soy su fan, me permito hablarle de tú) no se dio cuenta de que dormir a la intemperie y no comer en días es bien ojete, o al equipo de gosth writers se les pasó la mano en el tono sabiondo y a la hora de narrar esas vicisitudes decidieron hablar de ello desde una posición inalterable donde cada tronido de panza era un peldaño que ascendía a la cantante a la Suprema Poesía.

Me encantó aunque el registro mínimo de datos, si el camión costó 26 y no 24 centavos o si fue jueves y si llevaba unos zapatos de gamuza morada que no combinaba con su sombrero de fieltro verde con tres rayitas anaranjadas y cuatro azules cuando se sentó en el asiento 23 del autobús al que viajó a Nueva York, sean como un letrero al lector que dice: te estamos tomando el pelo.

Me encantó, me encantó: soy bien fan: ya quiero ver la película.

Patti Smith, Eramos unos niños, (SdL)

Smith, Patti. Éramos unos niños. Lumen, México, 2012.