Entrevista con Iván Ríos Gascón

Generación del 68, Iván Ríos Gascón (Ciudad de México) es un escritor que ha entregado dos libros fundamentales para entender a los jóvenes que nacieron a finales de los sesenta y principios de la siguiente década.
Con su novela Luz estéril, Ríos Gascón nos mostró a dos hermanos incestuosos (con rasgos angelicales, pero también demoniacos) que vivían entre drogas, aburrimiento y experiencias extremas. Ahora, con su libro Broadway Express nos regala a Ian Beckam, un personaje rockandrollero que tras descubrirlo provoca en el lector las ganas de buscar sus canciones en el Youtube para perderse en esa voz atormentada.
En Broadway Express el sexo y el soundtrack no son artilugios para llamar la atención, sino que enmarcan cada sufrimiento de estos personajes bien delineados y de estas cinco historias entrañables.

Vía e-mail, Ríos Gascón nos responde sobre este libro que, a consideración de Suplemento de Libros, se trata de uno de los mejores volúmenes de relatos de 2011.

Por Miguel Ángel Hernández Acosta.

 

¿Qué te dicen las palabras “Broadway Express”?
El trayecto más rápido para cruzar una isla de extremo a extremo. El título proviene de la línea con más demanda de pasajeros del metro neoyorquino. De Harlem a Coney Island, los trenes atraviesan los puntos emblemáticos de un territorio que imaginas desde un túnel que posee infinitas cualidades narrativas. “Broadway Express”, entonces, no sólo es un homenaje al metro como emblema de movilidad sino una metáfora del viaje instantáneo por las vidas que deambulan en la superficie.

¿Por qué escoger a Nueva York como espacio para estos cuentos?
Indiscutiblemente, Nueva York es la capital del mundo. La ciudad más cosmopolita, caótica, poética, heroica, simbólica, oscura, inabarcable. En Nueva York se han escrito infinidad de historias, reales o inventadas. Ahí nacieron y murieron personajes fundamentales, es una urbe pletórica de mitos: Nueva York es un destino aspiracional de vida, de agonía y de muerte.
Ahora bien, comencé a meditar el proyecto en el invierno de 2005, durante una temporada que pasé ahí a manera de convalecencia de ciertos conflictos personales. Sorpresivamente, al año siguiente conseguí la beca de Residencias Artísticas auspiciada por el Writers Room de Nueva York, el FONCA y la SOGEM, lo que me permitió volver y arrancar con las historias. La intención del libro fue explorar el modo de vida (y su sentido) en ese espacio tan lleno de contrastes, pero sin perder de vista la ironía de la condición humana, por lo que los dramas, las angustias o alegrías de los personajes, encajan perfectamente con cualquier individuo que se encuentre en otra latitud. En suma, el objetivo de la novela o, si quieres, los relatos, era retratar la esencia espiritual de un puñado de criaturas acorraladas por sus complejos y ansiedades. Y eso puede ocurrir en México, en Londres o en París. De cualquier modo, creo que el sincretismo planetario es Nueva York.

En tu novela Luz estéril, así como en este libro, la música tiene una fuerte presencia, ¿cuál es tu relación con la música y por qué te gusta ponerle un sountrack a tus escritos? ¿Es premeditado esto?
Toda historia merece un soundtrack. De hecho, todo el mundo lleva en la memoria una sicofonía que mirifica o ensombrece un instante de su vida. ¿No te has dado cuenta que una canción te recuerda algo o a alguien? ¿Que cierta copla o percusión te remite a un recuerdo que, en ocasiones, permanecía oculto y vuelves sobre un episodio grato o doloroso? Bueno, la música es parte esencial de la memoria. Como un olor o una palabra, todos traemos una banda sonora bajo el brazo. ¿Recuerdas aquel spot de Luis Gerardo Salas en la primera etapa de Rock101?… “El soundtrack de la película de nuestras vidas”
Incluir música en mis textos no es premeditado. Sólo es algo que sucede pues cuando la vocecita interior me susurra lo que hay que escribir, generalmente viene con un ruido de fondo.

En el primer cuento, “Fabienne”, la personaje Mae dice: “Eres, ni más ni menos, que un corazón sencillo. Todo mundo necesita algo, nadie está completo. De lo contrario, seríamos como animales: sin sueños, sin anhelos, sin aspiraciones“. Esta definición parece definir a los personajes principales de todo el libro. Al mismo tiempo, parece que retrata sociológicamente a los adultos en quienes se han convertido los hermanos incestuosos de Luz estéril. ¿Hay una intención consciente por mostrar en qué se han transformado aquellos jóvenes que vivieron los noventa y que hoy son adultos insatisfechos?
Para nada. Esa idea proviene de la negación del personaje a abdicar de la ilusión. En un mundo atomizado como en el que vivimos, la ilusión ya no tiene espacio, nos hemos vuelto conformistas. Todo es plano, sin dimensión, tendemos a la indiferencia hacia el futuro. Sin embargo, esa idea repercute en un autoengaño, en el espejismo de la voluntad. La prédica de Mae, entonces, sirve como un percutor para reflexionar sobre el otro extremo, el de la superchería New Age y los libros de autoayuda, que te dicen que todo lo quieras o desees puede hacerse realidad. La ilusión es algo a lo que no debemos renunciar, aunque sea una causa perdida como en la novela de Balzac, pero conlleva un riesgo enorme: convertirte en un crédulo irremediablemente idiota.

Ríos Gascón, Iván. Broadway Express. Ediciones Cal y Arena, 2011.