Soldados de Salamina, de Javier Cercas


Por José Luis Enciso

Los héroes son un gran sustento de la literatura, las épicas son incontables. Esos personajes, extraordinarios, irrepetibles, hacen suponer que el resto de los mortales debemos resignarnos a ser sólo espectadores de sus hazañas, incapaces de imitarlos. Pero esta visión, la del héroe impoluto, es puesta a revisión en Soldados de Salamina, de Javier Cercas. En esta novela, los héroes difuminan su estatus con el de los otros y están más cerca de lo que cualquiera se imagina.
Este libro contiene una historia basada en hechos y personajes reales: “Un relato real”, la definiría Cercas, sin pretensiones de nonficcionista.
Si bien es aceptable que “todos los buenos relatos son relatos reales, por lo menos para quien los lee, que es el único que cuenta”, como lo señala en las páginas de esta novela Roberto Bolaño —en su faceta de personaje—, la odisea que emprendió el narrador (Cercas) tras toparse con la anécdota que le sugirió la obra y sus manifiestos pesares previos dotan a Soldados de Salamina de una peculiaridad en su génesis. Es la historia de cómo se escribió esa misma historia, partiendo de un hecho del pasado español. La anécdota es cada vez más conocida, según aumenta la fama de este título:
Rafael Sánchez Mazas, literato e ideólogo del movimiento derechista Falange, es aprendido por un grupo de republicanos, sus enemigos. Consciente de que su derrota es ya inminente, el grupo en cuestión —los “rojos”— huye rumbo a la frontera con Francia, pero antes de cruzarla decide fusilar a un puñado de prisioneros entre los que se encontraba Sánchez Masas. Éste logra escapar hacia un bosque cercano durante la ejecución de los cautivos. Tras una búsqueda inmediata, uno de sus captores lo encuentra, lo encañona y, en vez de matarlo, hace creer a sus compañeros que no ha encontrado a nadie, con lo que salva así la vida del fugitivo, de modo inexplicable. El misterioso miliciano desaparece luego, sin dar indicios de su proceder.
Este episodio, relatado por el propio hijo de Sánchez Mazas durante una entrevista periodística con Javier Cercas —narrador y personaje—, inquieta a éste, lo obsesiona y lo obliga a replantear su lúgubre visión de la vida asumida después de haber sido marcado por dos sucesos dolorosos: la muerte de su padre y el abandono de su mujer.
Cercas describe cómo se enrola sin meditarlo demasiado en la investigación de la anécdota misteriosa, la insatisfacción por el consecuente texto obtenido, su frustración personal al tener que imponer el trabajo periodístico diario ante el deleite de la creación literaria anhelada, sus líos amorosos con una divertidísima novia llamada Conchi y finalmente, el suceso afortunado: el encuentro con Roberto Bolaño y el cierre del capítulo que sabía definitivo para que su trabajo no quedara “cojo”. De la amistad con Bolaño, el narrador obtendrá mayor información acerca del enigmático incidente, creerá hallar el eslabón perdido del atípico indulto que preservó la vida de Sánchez Mazas: un ex combatiente republicano llamado Miralles, amigo de Bolaño y posiblemente el mismo hombre que evitó la muerte del falangista.
Mediante un interesante ejercicio periodístico y literario, la visión final que Cercas reproduce es una apología de los héroes próximos —tema que también aborda en La velocidad de la luz (2007) y recientemente, en Anatomía de un instante (2009)—, de los que no mueren mientras sean recordados, de los que viven en casa, como su padre, como tantos jóvenes anónimos que murieron en las dictaduras latinoamericanas y por quienes se lamentaba Bolaño. Así, el autor replantea la visión de “ese pelotón que siempre salva las civilizaciones” y que rara vez se encuentra en el bando de los vencedores, pues a veces, los verdaderos héroes son tan desconocidos que ni siquiera pueden ser recordados.

Cercas, Javier. Soldados de Salamina. Tusquets, Col. Andanzas, 2001.