Mujeres en el rincón, de Jaime Barba

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Los personajes de Jaime Barba están arrinconados, pero no sólo en el sentido del terror, sino también en el sentido geográfico. Atrapados a pesar del tipo cosmopolita a la latinoamericana, señor de huestes con aire palaciego. Con todo y su garbo está arrinconado, atrapado por los vericuetos de una economía global que estratifica sin remordimientos y convierte a la región centroamericana en pasaje, caseta de peaje. Los viajes no salvan de la sensación de jaula. Los barrotes se llevan en la estirpe. Porque el Toñón recorre El Salvador, Guatemala, Honduras, huyendo de la muerte, y nunca escapa, va clavando corvos con pericia “las chispas en el piso del machete largo simulaban las primeras luciérnagas de la noche”, luciérnagas vampiro hambrientas de sangre, el filo colmillo hendido por el corazón del continente, enclaustrando sin remedio.
Mujeres en el rincón va de cuento en cuento oscilando entre la violencia y la ternura. Los basurales sugieren ambiente bucólico y los poblados enclavados en las selvas, semejan bulliciosos barrios urbanos, una deliciosa confusión de ambientes, pues Jaime Barba no conduce por calles atascadas por el tránsito, sino por historias hirientes, con una violencia un tanto deliciosa.

Secuestros, asesinatos, connivencias criminales, envejecimientos, bombas. En “Largos los días” y en el cuento que da título al libro, la guerra civil salvadoreña se deja ver como entorno, como naturaleza, casi como el amanecer en su avance avasallador. Son las voces narrativas las que descolocan, los amores y el miedo. No se mezclan. El primero es sobre el amor, un amor lento, pastoso, pieza a pieza va formando el dolor del final, cuando se resuelve la ecuación. En el segundo, que también cierra el volumen, la bombas caen con el ocaso, entre sirenas y no se sabe, las chicas no atinan a descubrirlo, si los ataques vienen del cielo o de la tierra, una innoble forma para describir la lucha entre lo divino y lo demoniaco.

En Dalila y Toñón los nombres propios son el rincón desde donde revienta la violencia con la parsimonia del transcurso de la vida. También, como una miel resbalando por el tronco de un árbol moribundo, sin explosiones, con palabras aceleradas por el acento, por la jerga: “Te vamos a degollar como a los cuches si no pagás”, dice la secuestradora en El tío más querido”. Una cultura de la violencia refulge en casi todos los relatos, pero sin amarillismos de noticiario. Lo hace en el espectáculo de la cotidianidad. Los amaneceres simbolizan la hora de llegada del sicario, quien a pesar de la maestría, nunca le alcanzará para salir del vertedero y cuando la gran idea surge y el horizonte llamea, el oficio le replica por la espalda con borbotones sanguinolentos, todo esto sin gestos de asco, sin vértigo.

Porque en Mujeres en el rincón prima la tranquilidad campirana, guiños de una sociedad que salió hambrienta, enojada y cansada de una guerra. Los relatos están fechados entre 1989, Fuerza bestial, corazón de niño, quizá el texto más bello, como si marcara el derrotero de los demás, y 1998. Es decir, Barba vivió el proceso final de la guerra y el difícil acceso a la paz. Se nota, sobre todo en los fechados hasta 1996. Pero algo pasa con los dos textos de 1998, “Bambuki” y “El gallo en el gallinero”. Con ellos se cura la goma, la resaca producto de la borrachera de sangre. Desentonan con el resto del libro.

Son narraciones fantásticas y junto con Amores en el acantilado, de 1993, donde Barba también exploro la vocación del narrador fantástico, nos lleva por otro lado, dejándonos con un palmo de narices. Bambuki es un cuento para niños, incluso dedicado a sus pollos (supongo se refiere a sus hijos) donde un rinoceronte en miniatura hace nada y en la inacción sucede el entretejido narrativo. Contrasta, no tiene, en apariencia, cabida en el mazo de cuentos. Quizá un capricho, incluso un remanso como el que regala con Amores…, donde el mar y el acantilado expulsan escenarios que recuerdan un poco a Quiroga o como en El gallo en… con la metamorfosis y muerte del personaje.
Mujeres en el rincón es, pues, una colección de cuentos que no consiguen identidad en su totalidad, pero sí un serpenteo selvático que refresca de cuento en cuento. Comienza a tambor batiente y termina arrinconándonos con tres mujeres aterrorizadas, en espera de violación. Cierra un círculo sangriento, contado con parsimonia.

Barba, Jaime. Mujeres en el rincón. San Salvador, El Salvador: Istmo Editores, 2000.