El país de Toó, de Rodrigo Rey Rosa

El país de Toó es una novela política construida en el formato de thriller policiaco, que pone el acento en los conflictos sociales provocadas por el ánimo feroz y destructivo con que el que las empresas mineras se comportan en América Latina. En el País de Toó, del escritor Rodrigo Rey Rosa (Guatemala, 1958), autor de obras como El agua quieta (1989), Ningún lugar sagrado (1998), El material humano (2009) o Los Sordos (2012), nos propone un lienzo político-social sobre un pequeño país latinoamericano, en el que los intereses de las empresas mineras construyen su emporio basado en el despojo y la destrucción del entorno natural y social, violando los derechos que tienen las comunidades indígenas sobre la tierra. Pero para que esta destrucción sea posible resulta necesaria, sin duda, la protección política, que les permita a estas empresas actuar con una impunidad asesina.

Rey Rosa no se detiene a explicarnos en donde sucedan las acciones que nos cuenta en su novela. Sin duda uno puede recordar o pensar en su natal Guatemala, país golpeado por una clase política voraz y mezquina, que ha pasado sobre las comunidades indígenas, privilegiando los intereses de las empresas extranjeras sobre los de las comunidades originarias.

En El País de Toó conviven varios niveles políticos: Una clase económica privilegiada, cercana a la clase política, como lo es la familia de Jacobito, cuyo padre es un rico abogado-hacendado, que formará parte de las defensas legal e ilegal de las empresas mineras asentadas en su país, que ven a las comunidades indígenas que se niegan a ceder ante el poder político y económico y a las ONG que las apoyan, como el enemigo a vencer, como un estorbo que hay que quitar del camino.

Aquí nos encontramos con la otra arista social que Rey Rosa nos presenta y que podemos englobar en el personaje de Polo Yturriaga, un veterano luchador social que preside una ONG de comunicación, que ha ayudado a varias comunidades y pueblos indígenas, a documentar y comunicar en el extranjero la lucha por sus derechos y por su tierra. Pero también no encontramos con un personaje simbólico, que representa a las comunidades que luchan en contra de las empresas extranjera s su expolio. Nos referimos al mismo País de Toó, una comunidad indígena que se gobierna a partir de usos y costumbres y que ha logrado mantener alejadas a las empresas de sus tierras, gracias a sus procesos organizativos. Pero el País de Toó se encuentra cada vez más amenazado, porque las mineras ya se encuentran a escasos kilómetros de sus territorios y las empresas ansían explotar los ricos yacimientos de minerales, que suponen guarda en sus entrañas la tierra de la combativa comunidad.

Es ahí en donde se entrecruzan la necesidad de rescatar a Jacobito, heredero de una poderosa familia de terratenientes que se encuentra encerrado en un hospital psiquiátrico y el intento de asesinato que sufrirá Yturriaga, para callar su voz, que cada vez llama más la atención del público internacional.

Rey Rosa logra construir una novela trepidante gracias a un brillante manejo del lenguaje, pero sobre todo a su capacidad para estructurar los diálogos de los personajes como una catapulta para que la historia se desarrolle. El autor logra introducir al lector en este país imaginario, un país complejo pero con conflictos sociales agudos.

Ahí radica el poder del escritor, en hacernos entrar a una realidad que por más que vemos todos los días no conocemos en toda se extensión: Nuestras comunidades indígenas y sus luchas para hacer respetar sus territorios. Rey Rosa nos lleva al centro de un conflicto vivo, un conflicto que se está desarrollando en las tierras, en las sierras, en las selvas, de nuestro continente. Un conflicto que ha marcado la historia de América latina, que es la defensa del territorio ante la voracidad de las empresas, de las mineras.

Además de la gran capacidad económica que representan las mineras, hay que sumarle, como sucede en la novela de Rey Rosa, la terrible y endémica corrupción que aqueja a las débiles democracias latinoamericanas, en donde los escándalos de corrupción, aparecen un día sí y el otro día también en la prensa, sin que esto haga mella en las formas en la que los políticos actúan y se comportan. Saben que la impunidad es otra de las características de nuestros sistemas políticos, y que sí caen y se quedan callados nada les pasará.

El padre de Jacobito es el ejemplo perfecto, pues con amigos indicados en todas las esferas del poder, como son la política, el ejército, el Presidente mismo del país, y lazos oscuros con las fuerzas delincuencias, se sabe completamente impune. Mantiene a su hijo y único testigo de sus muchas tropelías en un hospital psiquiátrico y sabe que los débiles brazos de la autoridad nunca lo alcanzarán, a menos que algo extraño pase con sus planes.

El País de Toó es una novela que ahonda en las desigualdades políticas y sociales desde una visión de thriller policíaco escrito con una prosa fina y poderosa. Una novela que logra descubrirnos un entorno aún maravilloso pero que se encuentra terriblemente amenazado por el poder del capital.