«Me cuesta pensar la voz como algo estático»: Lina Meruane

«Uno siempre piensa que está encontrando su voz, pero cada nuevo libro es un nuevo desafío, es volver a tensar eso que uno había pensando ya encontrado para llevarlo a un lugar nuevo. Por eso me cuesta pensar la voz como algo fijo o estático. Más bien es lo contrario: (a cada libro) uno va cambiando de voz», reflexiona la escritora chilena Lina Meruane durante la conversación con el editor Jacobo Zanella en la Cineteca «Rosalío Solano» en el tercer día de actividades del Hay Festival Querétaro 2019.

Meruane desplaza las manos suavemente para ilustrar los temas que más le apasionan: la identidad, la enfermedad, la maternidad, tópicos que busca trasgredir en crónicas, novelas y ensayos mediante una propuesta literaria que vincula con la transformación o mutación en ámbitos sociales, ideológicos, corporales.

La enfermedad es el tema predilecto de Meruane, al menos en su obra novelística, principalmente, la trilogía conformada por Fruta podrida (2007); Sangre en el ojo (2012), Premio Sor Juana Inés de la Cruz; y Sistema nervioso (2018).

Otro aspecto central de su obra es el tema de la identidad, explorado en libros como Volverse Palestina (2013) o en Contra los hijos (2014, 2018), en el que además, pone en tela de juicio la idea de maternidad en el siglo XXI.

Para la propia autora, las 40 páginas en las que plasmó el monólogo final de Fruta podrida, sobre una enfermera latina en Nueva York «que va soltando la lengua», representa un momento liberador en su escritura: «siento que todo lo que he escrito después de eso, viene con una sensación de libertad de atrevimiento que ha hecho a mi escritura más feliz; es decir, pasé de ser una escritora que sufría a disfrutar más de este ejercicio siempre imperfecto, artesanal» que es escribir.

Meruane se asume una escritora de carácter foucaultiano. Para ella «toda política es siempre biopolítica», siempre va «hacia el cuerpo del ciudadano, incluso para mandarle un mensaje a otros ciudadanos sobre el lugar del poder. Inevitablemente, llego siempre al cuerpo.»

Contra los hijos ocupa gran parte de esta conversación. Meruane asegura que en la actualidad se vive un momento tabú sobre la maternidad. «Si una mujer se arrepiente de tener un hijo resulta ser malísima», ironiza. Sin embargo, «me parece muy interesante que se levantó una veda entre las escritoras para hablar de estos temas, de lo que no se sabe sobre la maternidad. El problema es que se me acusa de no entender el verdadero amor, de hablar desde un lugar de la incomprensión; aunque tal vez sea justo porque yo escribo desde la enunciación desde un lugar incómodo, desde el otro extremo, pero lo que me parece más interesante y más difícil con este libro, es que hay una respuesta siempre muy personal. Cuesta leerlo como una tendencia de cosas que están ocurriendo y no desde la acusación, pero el tono de la diatriba tiene eso… Tal ves es culpa de uno que no se expresa bien», ironiza.

Meruanue argumenta que Contra los hijos es un libro que aborda la falta de socialización de la maternidad; es decir «cómo se ha empujado a las mujeres a asumir el rol materno pero en cuanto se asume ese rol se les escinde de los escenarios sociales y se le manda a la casa a cuidar al hijo.»

Para concluir, Zanella plantea que, en la obra de Meruane hay una búsqueda de definición de lo que significa ser mujer contemporánea: «Yo creo que por ahí está tu voz, en esa búsqueda de una definición (social, político, etcétera). ¿Lo ves así?», le pregunta. Meruane responde: «Estoy de acuerdo pero a la vez disiento.»

«Hay una exploración sobre la situación de las mujeres, pero también sobre la complejidad de lo femenino. Pensar una definición parece que fuera como encontrar una serie de palabras que definieran de manera rígida una identidad que es mucha más cmpleja porque todo ser humano no es sólo su género, es una composición de una serie de experiencias que están en un cierto fluir. Lo que en un momento pensamos que somos como mujeres u hombres puede cambiar totalmente. en las cuestiones de identidad, el escencialismo o la definición es un poco problemática porque no somos la misma persona siempre ni somos la persona que fuimos, necesariamente. Me parece que la interrogante en la que yo puedo pensar es que, cada libro, cada novela es una interrogación sobre esas complejidades: cómo las mujeres nos vamos transicionando en nuestra propia identidad de mujer. Y la complejidad que hay detrás de eso».