Entrevista a Jonás Domínguez y Jesús Cruz de Ediciones Periféricas

Por Astrud López

Hace algunos años, Jesús Cruz y Jonás Domínguez intercambiaban libros en los corredores de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Autores latinoamericanos poco distribuidos y novelas negras, en gran medida ediciones baratas de James Ellroy. El cambalache de lecturas persiste hasta la actualidad, pero ahora intercambian contraseñas y responsabilidades editoriales.

Cruz es un jovencísimo editor que acaba de sumarse al consejo editorial de Ediciones Periféricas, un sello con poco más de dos años de existencia, que busca potenciar la literatura emergente del extrarradio arriesgando y comprometiéndose por igual con las obras de noveles autores.

Otro de sus objetivos es el de romper el estigma editorial de que lo pequeño es poco ambicioso. Antes de platicar sobre los planes de Ediciones Periféricas, le preguntamos a Jesús cómo fue que un coordinador de contenidos en una agencia de publicidad llegó a convertirse en editor literario: “Viví engañado mucho tiempo, quise hacer de la publicidad otra de mis pasiones, pero nunca me llenó, solamente es como mi sugar daddy que se encarga de mantener, en todos los sentidos, mi verdadera pasión: el juego que se establece desde la literatura en la construcción de diversas realidades”, comenta.

Ediciones Periféricas es un sello independiente con base en la Ciudad de México. Inició actividades en 2017. Principalmente publica literatura de autores mexicanos provenientes del Estado de México, Coahuila, Baja California y Guanajuato. A la fecha han publicado literatura juvenil, poesía y narrativa; y la mayoría en formato de bolsillo.

Su primer apuesta poética se titula Papeles de Myra Hindley, del polifacético escritor Luis Bugarini. Otro poemario breve es Se visten niños-dios del novel Ernesto Reyes, el cual abrió la colección #poesíacircundante.
En narrativa han publicado Ámbar de Sergio Osorio, un compendio de 16 relatos cortos, construidos desde la perspectiva infantil sobre la vida paupérrima y vil de la periferia de las ciudades; Hombres al borde de un ataque de celos, de Carlos Díaz Reyes, en el que impera una mirada cínica en torno a una afectividad enfermiza, o Cuentos para romper espejos, que reúne relatos de un “power trío guanajuatense” conformado por Francisco Andrade, Luis Fernando Alcántar y Rodrigo Díaz.

Cuando se les pregunta sobre la razón de tan peculiar nombre para el sello, Jonás se adelanta: “Periférico siempre ha sido sinónimo de marginación. Hay una relación dialéctica entre el centro y las regiones periféricas que sirve para comprender, entre otras cosas, cómo se ha gestado la pauperización cultural no solo en México. Ahora, de alguna forma, lo periférico ha pasado al centro o ha llegado a situarse al centro… vivimos una resignificación en todos los ámbitos“.

Ediciones Periféricas

En su catálogo hay una novela con temática gay –como Todos mis padres–, cuentos libidinosos –como Pornoteca–, ficcionalizaciones en torno a asesinos seriales…, ¿qué viene después?
No descartamos algún día publicar novela negra o libros fotográficos…

¿Cuál es la perspectiva para esa colección de novela negra?
Como dice la canción: “Black is the colour”… Tendremos una colección de eso alguna vez denominado noir; y consideraremos tanto publicar traducciones como a autores hispanohablantes. Por el momento es todo lo que podemos adelantar. Pondremos todas las balas al cartucho.

¿Qué tienen en común los autores que han publicado y sus obras?
Son autores que tienen una propuesta interesante, diferente, a quienes vale la pena exponer por lo que están haciendo. Se nota su compromiso con la literatura misma.

¿Qué nos pueden contar de su plan de negocio?
En ese sentido somos como Luis Videgaray hablando del TLCAN: se trata de ganar-ganar-ganar; es decir: que gane tanto el autor, como la editorial y principalmente, los lectores.