Cuentos para romper espejos

Por Isaí Moreno.

Tuve el agrado de conocer a Francisco Andrade, Luis Fernando Alcántar y Rodrigo Díaz en un Seminario de Cuento llamado “Efrén Hernández”, al que me invitó Raúl Bravo Ferrer.

Armar Cuentos para romper espejos debió implicar a sus autores, y luego al editor, un enorme trabajo de selección de materiales, porque soy testigo de un proceso entusiasta y disciplinado de escritura por casi siete meses. Y también soy testigo de que al menos dos de los presentes han coqueteado con el género de la novela.

Tres miradas distintas al mismo artefacto

Francisco Andrade escribe cuentos de nostalgia, a la vez que de crudeza. Es un gran narrador de viajes interiores. En la antología presente, sus relatos delatan la imposibilidad de la permanencia a la vez que la sensación de pérdida. ¿Qué fuimos y hemos dejado de ser?; ¿qué somos ahora?, parece preguntarse en cada historia el autor, que no se conforma con ello y coloca en una mesa de disección a su personaje, haciendo así con el mismo relato, de cuyo interior vamos siendo testigos: tal como ocurre en esos relojes de precisión suizos o japoneses que por un lado permiten ver una carátula nítida y por el otro admirar el mecanismo (belleza del mecanismo) que echa a andar al tiempo.

Luis Fernando Alcántar, practicante de un periodismo alternativo y una prosa altamente experimental. En este cuentario logra poner su múltiple erudición y su habilidad indagatoria de periodista al servicio del cuento breve (con ello no quiero decir microficción, o narración súbita), esa variante narrativa que constriñe al lenguaje al máximo de su tensión, al máximo de su precisión, se muestra como un docto en la síntesis. Sus cuentos tienen una indefectible ironía: algo bastante difícil de conseguir en la escritura, y algo más: dotan de extrañeza a los objetos cotidianos.

A Rodrigo Díaz le conozco su afección por lo ominoso y lo divino, con cuentos de alta penetración psicológica. Esta vez, en esta antología, nos muestra su destreza para plantear historias del aquí, del ahora (y con ello no me refiero al presente inmediato), historias de un breve instante donde prima atmósfera, a veces lenguaje, el planteamiento de una situación más que dramática.

Del cuento: género que tiene la oportunidad de renovarse. En Cuentos para romper espejos hay como mínimo tres maneras de experimentar multiplicadas por tres.

Del cuento: artefacto horológico de minuciosidad y precisión, sobre todo porque, como bien dice la cuarta de forros de este pequeño tratado, estos cuentos son abordajes distintos al tiempo: el tiempo narrativo y el tiempo de la vida. Sin duda este breve libro también podría titularse igual que la novela de Alan Pauls: El pasado.

Definir más allá de esto a los autores, sí, a los escritores pero también el alma que se despliega en su escritura, lo único que resta es leerlos y disfrutarlos.

VV AA. Cuentos para romper espejos. México: Ediciones Periféricas / Ediciones La Rana / Instituto Estatal de Cultura, 2019.