Entrevista a Liliana Pedroza

Nahum Torres.

Más que un listado de libros o un compendio de lecturas armado por la lógica de lo políticamente correcto, Historia secreta del cuento mexicano 1910-2017, de Liliana Pedroza (Chihuahua, 1976), es un catálogo que refleja una minuciosa investigación que abarca un periodo de análisis de más de un siglo de publicaciones de narrativa breve por parte de 512 escritoras mexicanas “conocidas unas y olvidadas o ignoradas otras“.

En este mapeo que incluye una extensa bibliografía de 800 títulos, la también narradora y ensayista aporta datos específicos para una nueva historiografía del cuento en México al abordar el fenómeno literario con una perspectiva de género.

Entre las varias dificultades para elaborar este documento publicado por la Universidad Autónoma de Nuevo León, Pedroza relata que una de las principales problemáticas es que otros catálogos “como el de Luis Leal de 1958 (Bibliografía del cuento mexicano), el de Emmanuel Carballo de 1988 (Bibliografía del cuento mexicano del siglo XX); y el de Russell M. Cluff de 1997 (Panorama crítico-bibliográfico del cuento mexicano 1950-1995) están descontinuados, “ya no se encuentran. Entonces me era muy difícil comprobar que la catalogación era cuentos porque a veces dicha catalogación está mal, dice que son crónicas o novela o solo literatura. El proceso era acercame para verificar que efectivamente existían estos libros de cuentos y que estaba correcto el título y el nombre de la autora“.

Yo viajé a lo largo de dos años por las ciudades capitales y sucedía lo mismo: las instituciones culturales que publican no tienen un listado menos un resguardo de lo que publican. Ni ellos ni las universidades, son como muy pocas entidades que de manera azarosa uno puede encontrar los libros“, describe.

Tras recorrer el país, Pedroza visitó diversas ocasiones a Agustín Jiménez, librero de La Torre de Lulio quien le fue consiguiendo gran parte de los ejemplares requeridos. “Fueron muchos títulos que ni siquiera estaban en los catálogos“, refiere. A tal grado que obtuvo el doble de autoras que las registradas por Leal-Carballo-Cluff: “Si sumo todas las autoras que mencionan entre 1910 a 1997, para este libro yo consigo el doble. Ellos consiguen 150, yo aproximadamente 300 de esa misma época. En total son 512 escritoras porque actualicé hasta 2017“, asevera.

Otra problemática fue romper paradigmas. “Digamos que en la historiografía de Emmanuel Carballo no le parece relevante mencionar a autora alguna porque para ese tiempo las mujeres estabamos invisibilizadas. Entonces me di cuenta que yo también tenía una idea preconcebida de la literatura. A fuerza de leer y cuestionarme descubrí por qué desdeñamos temas como la maternidad y privilegiamos aquellos que son universales, escritos por hombres. Si yo en el siglo XXI tuve que romper con esos paradigmas, pues imagina Luis Leal o Carballo. Entonces Hay que entender la época“, acota.

Recapitula: “A principios de siglo XX hay mujeres que publican desde el extranjero bajo un seudónimo masculino. En ese rubro también hay mujeres que utilizan el cuento para crear fábulas moralizantes: el bien actuar, la buena esposa o cómo seguir enamorando al marido. Son aspectos sociales“, dice. Y abre un espacio para cuestionar si aquellas autoras podrían escribir lo que deseaban: “Quizá escriben para ser leídas en un ambiente muy adverso para tener una opinión diferente a lo tradicional“, especula.

La poesía tradicional habla de semen, penes erectos, musas y estamos acostumbrados a leerla. Temas como la maternidad, la menstruación, temas domésticos, son para revistas de señoras“, resume.

¿Quienes podrían escribir a principios del siglo XX? Se ve muy claramente, porque no nada más tienes que ser universitaria, tienes que tener tiempo para escribir. Son mujeres de clase acomodada, algunas hablaban varios idiomas, habían estudiado en Europa, incluso se habían formado en el periodismo, pero en general como hobbie. Son conservadoras que no ven sus privilegios.

Lo que yo he dicho es que a veces obviamos ciertos techos de cristal que las mujeres hemos tenido que romper. En principio el rezago educativo siempre ha sido mayor en las mujeres; además de que muchas abandonan la escuela por embarazo. Una manera de denostarnos es mandarnos a la cocina, incluso en la literatura“, advierte.

Cuando reuní gran parte del material y comencé a realizar una historiografía, me di cuenta que los libros de las mujeres no se apegaban al canon tradicional al que se apega Luis Leal. Hice muchas distinciones temáticas, la mayoría tiene que ver con garantías individuales como el acceso a la educación, derecho al aborto, al divorcio, al derecho laboral“.

Y cuál sería el incentivo de esta iniciativa. “Para mi ha sido como una adrenalina de mediana intensidad que he tenido para hacer toda esta talacha: la investigación de campo…, ha sido como un esfuerzo de reivindicación y solo ser una persona obsesiva es que me ha llevado a concluirlo“.

A veces en tono de broma, me gustaría ser recordada como la María Moliner del cuento mexicano. Por su labor silenciosa, rescatando todas las voces de la lengua española“, dice en tono de broma, aunque en cierto sentido es un referente.

Añade: “Realmente no pensé que esta labor silenciosa tuviera un impacto; ahora me gustaría hacer como una especie de catálogo vivo para subirlo en línea y se vaya actualizando. Más o menos hacer lo que hice con las tablas y gráficas, para medir el impacto del centralismo y ubicar a las escritoras de acuerdo a su área geográfica“.

En este libro Pedroza es franca y sin cortapizas critica el simulacro de representatividad que se vive en la actualidad, si “una tercera parte de la literatura es producida por mujeres“, dice, habría que verlo manifiesto tanto en premios, becas y antologías de cuentos.

Desde 1990 la tercera parte de la literatura mexicana somos mujeres y quiere decir que, de cada tres autores, una es mujer y nos las ves representadas en las antologías, ni como jurado. Estos pequeños esfuerzos que estamos haciendo de manera individual o colectiva no son ingenuos. Somos un grupo ignorado culturalmente. Hemos tenido que obligar a las instituciones culturaes a que nos volteen a ver. No sólo hace falta que haya mujeres en los puestos públicos, hace falta que los funcionarios públicos tengan perspectiva de género“, comenta la también ganadora del Premio Nacional de Cuento Joven “Julio Torri” en 2009, a quien Ignacio Trejo Fuentes incluyó hace un par de años en la lista de autores secretos, desconocidos por el público nacional pese a escribir a “la altura de Inés Arredondo”. Y apenas en noviembre pasado la FIL Guadalajara intercaló su nombre en la lista de talento emergente. Si bien, como ensayista, Liliana Pedroza, se ha involucrado en una revisión de la literatura mexicana desde una perspectiva poco usual, revelando desde otros ángulos un nuevo entendimiento.

La literatura tiene que ver con los círculos de poder“, afronta. “A quién se reseña, a quién se publicita en los espacios mediáticos. ¿Quién autoriza? Aunque parece un tema extraliterario, finalmente como lectores, nos dicen qué leer y cómo leer. Y eso es lo que Historia secreta del cuento mexicano trata de romper: ¿qué estás leyendo y cómo lo estás leyendo?”, puntualiza.