Entrevista: Camilo Bogoya

Por Javier Moro Hernández y Jonás Eveready Domínguez.

Ética para infractores es el segundo libro de cuentos del escritor colombiano Camilo Bogoya (Colombia, 1978). Doce cuentos en los que los narradores indagan en sus relaciones familiares y sentimentales. Cuentos ambientados en una Colombia contemporánea, cruzada aún por los coletazos de la violencia política y delincuencial.

En algunos casos los personajes de Bogoya se enfrentan o se contraponen a la figura materna, por ejemplo, en el primer cuento del libro, El héroe, el personaje nos cuenta parte de sus recuerdos infantiles, cuando ayudaba a su madre en el negocio que ella tenía para mantenerlos a los dos: ‘Simón’, un niño de 12 años, acompaña a su madre a un circo para vender víboras que fueron amaestradas para ejercicios de intimidación en la frontera. Por este negocio, el narrador conoce el circo por primera vez. Y ante la duda de que sí en el circo no les compran las cuatro víboras, su madre le responde que siempre les queda la opción de vendérselos al ‘Almirante Otalora’, “encargado de reducir el tiempo en los interrogatorios en las mazmorras del país.”

Con estas breves líneas ya podemos tener un atisbo de algunos de los elementos que conforman el universo narrativo de Bogoya: La mujer decidida, el ‘Almirante Otalora’, que es una clara referencia al estamento militar en Colombia, y por lo tanto a la violencia que ha marcado la historia reciente del país sudamericano. Pero también nos encontramos con la reconstrucción del pasado a través de la memoria, otro elemento que podríamos considerar central de los cuentos de Bogoya. Aparece también Una historia para Gonzalo Pardo, en donde el protagonista reconstruye la historia de su familia y de su relación con su madre, a través de la historia de su tío, ‘Gonzalo’, un militar colombiano mujeriego, parrandero, mujeriego, padre de tres hijas, con las que el protagonista mantendrá una relación cercana y conflictiva.

La violencia es arbitraria y produce incertidumbre e inseguridad. Esa misma incertidumbre que Bogoya hace sentir a sus personajes (transgresores) a cada página.

En los cuentos de Bogoya también podemos intuir una critica a la autoridad, qué en un país violento y conservador como Colombia, parece haberse construido en base a la represión, al silenciamiento de las contradicciones y de la crítica. Esto se vuelve más explícito en Los disidentes, en donde el protagonista es detenido y torturado por haber mantenido una relación amorosa con una chica que aparentemente formaba parte de un grupo guerrillero. La voz del narrador nos lleva hasta la distante, fría y extraña relación que mantenía con la chica, pero las respuestas que otorga no satisfacen a sus captores, que buscan pruebas para culpar a la chica de enemiga del Estado y no aceptan las respuestas amorosas del protagonista como buenas.

En Ética para infractores hay un acercamiento profundo hacia las relaciones, hacia el olvido y la memoria, un a mirada crítica, ácida, sobre las relaciones familiares, sobre la figura paterna y de la autoridad en términos generales, que hacen deeste volumen un libro sutil pero poderoso, un libro que debe ser leído atentamente para no perderse todas las aristas, todos los niveles narrativos.

Camilo Bogoya¿Cómo se conformó el libro? ¿Cuánto tiempo te llevo escribir la docena de cuentos que lo conforman?
Varios años, tal vez seis o siete. A partir de un momento se deja de contar. El libro se fue armando como una antología, relatos que luchan entre sí por hacer parte de un conjunto. Las obsesiones fueron ayudando a organizar el libro, es decir a eliminar textos. Aunque no se puede eliminar todo. El libro se hizo con ese criterio, dejar lo mejor de una suma de intentos alrededor de un tema. En medio de su diversidad, algunas cosas unen los cuentos. La más evidente es la narración en primera persona. Balzac escribía una novela de diálogos para dominar la técnica. En el origen de estos cuentos está el problema de quién narra. Digamos que durante esos años me obsesionó lo que se podía hacer con un yo que cuenta su historia o la de otro, un yo que nada tiene que ver con el narrador omnisicente. El libro se fue haciendo de esa manera.

En los cuentos de tus libros hay un viaje al pasado, a través de varios protagonistas, como por ejemplo el protagonista de “El Héroe” o “El Día en el que mi papá y yo nos trabamos”. ¿Cómo configurar un espacio narrativo a partir de una materia tan difícil de asir como son los recuerdos?
El viaje me interesa, muchos de mis cuentos incluyen un viaje en el espacio que es a la vez una aventura en el tiempo. Digo aventura porque no se sabe lo que va a pasar. Los personajes conocen su pasado y a la vez lo ignoran. Recordar es una forma de indagar en esa ignorancia. Me parece que los recuerdos tienen una doble luz. Por eso la novela histórica es tan fructífera, sobre todo en sociedades que tienden o necesitan olvidar. Todos conocemos un parte de nuestro pasado y de la biografía de nuestros pueblos, y esa parte visible no es más que el principio de las historias que contamos. La dificultad de asir los recuerdos, como tú dices, en realidad es una de las cosas que hace la literatura, nombrar esa materia huidiza de la que estamos hechos. Cuando se recuerda, puede haber dolor y por eso se necesita coraje, sobre todo si se habla de un muerto. En “El día en que mi papá y yo nos trabamos”, el recuerdo del narrador es una manera de acariciar lo perdido. Sin embargo, el cuento no solo habla de un muerto sino de unas ideas que fracasaron. A través del recuerdo personal se cuenta un episodio de la historia truculenta del país. Un asunto que tal vez resulta más inasible.

¿Le podemos creer a los recuerdos?
Creo que no completamente, porque la memoria no es infalible. Pero muchas veces, lo único que nos queda, son los recuerdos. Y el problema es ese, que nos atamos a incertidumbres. Por eso el hombre necesita de la ficción.

Otro elemento presente en tus cuentos es la relación entre padres e hijos. En algunos casos, es una relación con el padre ausente, con su sombra (como en el caso de “El Héroe”). Pero en otros cuentos la figura del padre genera en los protagonistas una búsqueda distinta. ¿Consideras que la figura del padre funciona como la figura sobre la que estos protagonistas buscan construirse una identidad distinta, personal?
Varios cuentos están basados en las relaciones familiares y en el conflicto con el padre. En “El día en que mi papá y yo nos trabamos”, no solo se trata de un hijo que desafía a su padre a fumar marihuana, sino de la relación entre un guerrillero y un padre militar. En este cuento la identidad se construye en un forcejeo entre la semejanza y la oposición, que entre otras cosas es lo que le pasa a los niños (y a las naciones) para poder crecer y alcanzar su autonomía. Tienes razón al hablar de la ausencia del padre como de una sombra que recorre algunos cuentos. Pienso en “El test de Matías Pardo”, una historia en la que el protagonista quiere vengar el asesinato del padre y encuentra en su relación de pareja una forma de hacerlo. En esta perversión no solo se construye la identidad sino también el motor secreto de la intriga, pues el lector descubre que los militares han matado al papá de Matías Pardo, y que la novia de Matías es la hija de un general. Otro caso, tal vez más complejo, es “Viejo, mi querido viejo”, en el que la identidad del narrador, desde la infancia hasta la madurez, podría verse como una lucha por liberarse de la violencia psicológica paterna. Pero no olvidemos el conflicto con las mamás, pues ellas abren y cierran el libro.

¿La violencia es un espacio contextual para abordar otros temas que te interesa abordar?
No veo la violencia como un telón de fondo, más bien como un elemento del escenario. Cuando hablamos de violencia en Colombia, pensamos en la confrontación entre liberales y conservadores. Una parte no despreciable de nuestra literatura, hablo de la más visible en el extranjero, es subsidiaria de esa guerra que ha ido mutando a través de los años y que es una de nuestras mayores pestes. Dicha literatura, como la sociedad, está enferma de violencia. No escapo al contagio y por lo tanto la violencia aparece en Ética para infractores. Hablo por supuesto de la violencia política. Pero hay otras violencias que me interesan. Me refiero a la violencia familiar, a la del sistema literario, y a la sentimental, que es la base de muchos cuentos.

¿Consideras que violencia y autoridad se pueden concatenar entre sí, son caras de la misma moneda?
Sin duda están ligadas, como sucede en Los disidentes, una historia en que la autoridad se basa en la violencia. ¿Qué puede hacer un ciudadano inocente en un interrogatorio en el que debe ser culpable? La violencia de la autoridad conduce al protagonista a aceptar los crímenes que le imputan. Aquí no serían las dos caras de una misma moneda sino más bien una sola cara. Me parece que la otra cara es la infracción. Por un lado la autoridad y la violencia, y por el otro la rebeldía.

En el cuento Una historia para Gonzalo Pardo vemos a la figura del tío (Gonzalo), como la figura del padre ausente que el protagonista necesita. Pero también vemos como los recuerdos pueden servir para reconstruir la vida de este personaje, aunque solo hasta cierto punto. ¿Cuál era la búsqueda literaria que está detrás de la construcción de este cuento?
Es cierto que parece un cuento muy masculino, un narrador que cuenta la historia del tío Gonzalo. En realidad, es un cuento, o así lo veo yo, en el que el tema es la relación con la madre. El narrador quiere contar la historia de la familia, pero la madre solo lee historias verdaderas. ¿Puede contarse exclusivamente la verdad? ¿No es acaso la verdad lo que mejor ocultan las historias familiares? El dilema del narrador consiste en traicionar a su madre, utilizar los hechos para llegar a la ficción, como si ser escritor solo fuera posible con esta toma de distancia. O bien puede ser fiel a la madre, convertirse en un detective y contar la verdad, aunque traicione al tío Gonzalo, porque la verdad que hay detrás de la vida del tío es infame. La búsqueda literaria de este cuento gira entorno a estas preguntas: ¿A quién se traiciona cuando se narra? ¿Cómo nace un escritor? ¿A qué somos fieles cuando escribimos?

Los personajes de estos cuentos son infractores de distintas clases: al amor, a la familia y a sus legados. En este sentido ¿es posible que los infractores tengan ética?
Es una de las preguntas de fondo. Incluso los infractores tienen una ética; es decir, una idea del bien y de la justicia. Pero esa ética puede ser conflictiva. Es lo que me interesa explorar en estos cuentos, sobre todo en una sociedad como la colombiana en la que saltan a la vista los infractores.

¿A qué le son fieles los personajes de tus cuentos?
En algunos casos al amor, en otros a lo perdido, y siempre al deseo de sobrevivir.

¿Qué te representa publicar en México a través de una editorial independiente como Luzzeta?
Para los colombianos, México es el país donde vivieron (Gabriel) García Márquez y Álvaro Mutis, y antes de ellos Porfirio Barba Jacob; es el país que acogió a Laura Restrepo, Fernando Vallejo, Eduardo García Aguilar, el país donde vive Marco Tulio Aguilera Garramuño. Ser editado en México me produce una sensación de cercanía con esa tradición errante. Publicar en Luzzeta significa creer en editoriales cuyo criterio es exclusivamente literario. La palabra “independiente” es una razón de ser que define el sistema actual. Yo los veo como infractores porque no se pliegan a la norma, rebeldes contra las tiranías mercantiles.

El miedo está latente pero escondido en tus personajes, de hecho, lo viven en silencio… ¿consideras que el miedo y la violencia son los dos aspectos que definen la literatura contemporánea de Colombia?
No creo que algo tan vasto como la literatura colombiana reciente pueda caber en esos dos temas. Creo que la literatura nacional, si algo así existe, se define por su desbordamiento, su irreductible diversidad, y en parte, por su exploración de temas distintos, ajenos a la camisa de fuerza que nos han puesto la crítica y cierto marketing de la novela. Por supuesto, seguirá la literatura de la violencia y de sus traumatismos, pero en Colombia se escribe sobre muchas otras cosas.