Sobre El jardín de Venus

Aunque un clásico de las lecturas infantiles, en su vertiente como fabulador y moralista, a través de sus Fábulas en verso castellano para uso del Real Seminario Vascongado (1781), Félix Ma. de Samaniego (1745-1801), es recordado también por otro tipo de escritura, la erótica que, a la vez que divierte, se mofa, a la manera de un Boccaccio o de un Jean de la Fontaine, de la Iglesia y de su gente, de los aldeanos y sus supersticiones pero, sobre todo, muestra la hipocresía que atraviesa la sociedad de su tiempo y tiene reflejo, todavía y sin vista a terminar, en la nuestra. Escritos con la intención de entretener en las tertulias con los amigos (se sabe, por ejemplo, que Gaspar Melchor de Jovellanos, este escritor y político ilustrado, los leyó y los denominó como “cuentos saladísimos”), fueron copiados varias veces y circularon de mano en mano, hecho que, en pleno Siglo XVIII, el de la Ilustración, el de “las Luces”, el de la razón, conformó un género subterráneo y secreto, que, a pesar de su carácter clandestino, alguien hizo llegar una copia a algún encumbrado personaje del clero, lo que le valió al autor una condena, por parte de la Santa Inquisición, de internamiento en un convento el año de 1793, bajo los cargos de obscenidad y anticlericalismo.

Esta colección de historias en verso, rimados en endecasílabos y en heptasílabos, data del año 1780, en que Samaniego comenzó su tarea de escribirlos. Fue dada a la imprenta, a pesar de que el autor los destinó a la hoguera a la hora de su muerte, con el título general de El jardín de Venus, cuentos burlescos de Don Félix María Samaniego, a partir de la edición de Joaquín López Barbadillo, datada en Madrid el año de 1921 que se basa, a la vez, en el descubrimiento de Foulché-Delbosc, de un manuscrito numerado con el 316, perteneciente al Catálogo de la Biblioteca de Salvá, cuyo título global era Poesías eróticas y recogía textos de diversos autores del Siglo XVIII.
Los cuentos constituyen una colección escatológica, obscena (a través de la inventiva de sus juegos de palabras), irreverente, antirreligiosa y, sobre todo, sumamente divertida. Transcribiré uno, dejando al lector su búsqueda, lectura y deleite. La obra se abre con la siguiente apostilla:

Escribiólos en el Seminario
de Vergara de Álava por los años
de 1780 y tienen burlas
de frayles y monjas y mucho
chiste y regocijo.
En El cuervo, uno de los cuentos más breves, una pareja rústica de campesinos, una moza gallarda pero inocente y el mayoral, de nombre Farruco, van por el campo, en un carro.
Un colchón a la moza daba asiento,
porque el mal movimiento
del carro algún chichón no la levante.
Son testigos de una bandada de cuervos que sobrevuela el carro, la muchacha se sobresalta:
-¡Jesús, qué pajarraco tan feote!
-dijo la moza-. ¿Y ese animalote
qué nombre es el que tiene?
Farruco explica:
-Ese es un cuervo -respondió el arriero-,
embiste a las mujeres y es tan fiero
que las pica los ojos, se los saca,
y después de su carne bien se atraca.
A la joven, asustada, no se le ocurre otra cosa que levantarse las faldas y cubrirse la cara:
Oyendo esto la moza y reparando
que el cuervo se acercaba
al carro donde estaba,
tendióse en el colchón y, remangando
las faldas presurosa,
cara y cabeza se tapó medrosa,
descubriendo con este desatino
el bosque y el arroyo femenino.
El arriero reacciona de forma que es de esperarse:
Al mirarlos Farruco, alborotóse;
subió sobre el colchón, desatacóse,
sacó… ¡poder de Dios, qué grande que era…!
y a la moza a empujones
enfiló de manera
que del carro los fuertes enviones,
en vez de impedimento,
daban a su timón más movimiento.
El cuento culmina con un equívoco, de parte de la ingenua muchacha, que provoca una carcajada final en el lector:
Y en tanto que él saciaba su apetito,
ella decía: -¡Sí, cuervo maldito;
pica, pica a tu antojo,
que por ahí no me sacas ningún ojo!

El jardín de Venus de Samaniego, con la carga de su condena religiosa, se inscribe, con todo derecho, en la rica tradición literaria dieciochesca, que pugnaba por un arte, una sociedad, una cultura, un mundo, libre de ataduras y de prejuicios y muestra la lucha del escritor que, burlándose de las represiones morales y sexuales, va adelante en la búsqueda de la libertad de la persona y de su derecho a la individualidad.