Entrevista: Venancio de Oliveira

por Astrud López.

Economista. Poeta, músico. Trota-mundos. Venancio de Oliveira debuta como narrador con la compilación intitulada Cuando la lluvia llega, primer volumen de una pentalogía en edición bilingüe publicada por Ediciones Periféricas y Cuaderno Fronteira.

Cuando la lluvia llega, incluye nueve cuentos que “giran en torno a las reflexiones de los personajes frente a los desafíos” que urbes como la Ciudad de México y São Paulo les presentan, y donde la lluvia establece la cadencia y la atmósfera de lo narrado.

El libro viene acompañado de una decena de postales creadas por Luísa Melo, quien se dio a la tarea de revelarnos a los personajes de cada relato, mismos que el autor ha catalogado parte de una propuesta literaria definida como “Existencialismo Mágico”.

En la presente entrevista Venancio de Oliveira ahonda al respecto acentuado por su singular mezcla de español y portugués.

¿En qué consiste el Existencialismo Mágico y cómo se relacionan los cuentos de Cuando la lluvia llega con este concepto?
“Existencialismo Mágico” para mí es una pregunta narrativa sobre cómo los personajes latinoamericanos, viviendo en el actual mundo fraccionado de una determinada modernidad imperfecta, buscan dar sentido a su vida a partir de lo onírico. Cuando la lluvia llega es el inicio de esta serie, donde lo onírico y lo absurdo van dando cuenta de los personajes. El cuento Ojos en medio de la muchedumbre ejemplifica la idea: dentro de una urbe acaparadora se busca la interpretación onírica de la realidad: el sueño de llegar al sol. O en Recuerdos, el niño al enfrentarse con el tren, no sabe lo que es real. Entonces, no es que la realidad sea sueño, el sueño es una posibilidad de existir.

En Ojos en medio de la muchedumbre la bandera es tan grande como el peso de la nacionalidad. Tras leer los cuentos me surge una pregunta, quizá indiscreta, si para ti existe el dilema de la literatura nacional o si por el contrario te sientes un narrador trasnacional…
Ese es nuestro tema, pienso yo, como latinoamericanos, ¿dónde encontramos a nuestros países? Siempre nos gustan tanto los demás, pero ¿y los nuestros? Es decir, existe esa narrativa de ese mundo de allá (anglosajón, francófono) y los de acá, queriendo ser como los de allá. En México y América Central hay ese dilema del malinchismo, en Brasil hablamos del complejo del “perro callejero”. El tema nacional es un tema transnacional en la medida que se ubica como una cuestión nuestra, de toda Latinoamérica; claro, tal vez en nuestra búsqueda por lo nacional, encontramos un mural de otros tantos temas que pueden existir transnacionalmente.
A veces pienso que Brasil es una invención fantástica, como México, y tal vez eso es lo que somos. Cuando busco entender el mexicano, entenderme a mí, acabo por crear un otro mexicano, un otro brasileño que existe como sueño.

Todos tus personajes están afectados, incluso temerosos o se encuentran ante la imposibilidad del amor (filial, de pareja)…
La urbe es una existencia colectiva que crece de una forma descomunal, los personajes temen por su vida, pues están inmersos en una realidad que parece transcender sus propias elecciones. Todo lo que anhelamos parece imposible: amor, afectos, eternidad, etcétera.

El D.F. es escenario protagónico de varios relatos, ¿aun es posible enamorarse de esta ciudad?
Sí. Claro que sí. Como odiar. Tu puedes escuchar sus monstruos en el tráfico, en la locura de humanos que parecen arrodillarse ante la velocidad del maquinismo. O puedes querer a las banderas de los pueblos, el colorido de los tambores de los supuestos indígenas, la historia que camina por cada centímetro de piedra de la ciudad. Si paras un poco y miras al Zócalo por unos segundos, puedes sentir un mareo en medio del hormiguero o puedes enamorarte del olor al chile que parece exhalar de cada persona que camina, buscando dar un sentido a toda esa locura.

La lluvia parecería haber sido utilizada en otras décadas por la literatura y el cine a tal grado que fuer desechada ya de la narrativa contemporánea. Y sin embargo los retomas como elementos…
Tal vez lo obvio tenga alguna magia que no percibe la narrativa contemporánea. Tal vez, estamos presos en burbujas, queremos hablar de angustias personales, evitando al Gran Otro, pero ese Otro está presente en nuestras inseguridades. Mis personajes temen ese Otro, por eso la vida les parece un gozo imposible, pero aun así está presente en esa gran locura que es la dos grandes ciudades de América Latina, São Paulo y Ciudad de México, que concentran muchos Yo’s, es como sí esas ciudades nos dijeran: “Estoy aquí, ¿me quieres o vas a ser enterrado por tus miedos?”.

Una gran parte de los cuentos son relatos lúbricos, sexosos. en La perla negra se lee: “el sexo no es la esencia pero es fundamental”… parece una frase autoral. ¿Te resulta muy importante la sexualidad?
Bueno, yo diría qué esa frase es de mi personaje, pues para ella es fundamental y es lo que la ciudad le propone como desafío, cómo lidiar con su cuerpo, cómo dar un sentido a sus deseos sin privarse de los momentos bonitos que puede tener en la ciudad, superando lo que el monstruo de urbe le ha dicho como superyo: te reprimes mientras gozas. Mi reflexión personal es que el sexo puede ser lo peor como lo mejor; es decir, el sexo como deseo puede ser violento, cruel, no en la cuestión del juego, sino de cómo el sexo se hace un superyo, pero para mí es fundamental hablar del sexo, pues tiene un valor en la construcción del juego, de lo onírico despierto, es decir, es parte fundamental de la construcción subjetiva de mis personajes, y puede tener un gran valor literario. No hablar del sexo es como intentar escribir sobre un mundo sin ánimo de vida.

El volumen se divide en dos, pero los cuentos de Domador de olas parece más que una sección, otro libro…
Los cuentos existen por sí mismos, pero su existir puede llamar una metanarrativa que quiere resolverse, entonces a cada libro finalizo con un extracto de una novela, en este caso Domador de olas, que se publicará completa en el último libro Urbe reencantada: domador de olas, parte final, así los cuentos llaman a otro libro y pueden existir en su diálogo con esa narrativa fuerte de la novela.

¿Qué más podemos esperar de los próximos títulos de la serie Urbe Encantada?
Más conflictos con la ciudad, en personajes que son tragados por esa urbe, por esos otros que se cristalizan en narrativas salvajes y crueles. Si me preguntan si hay salvación, no creo que sea mi papel buscar un mesias, sino caminar con mis personajes, tal vez morir con ellos. Es cómo caminar por esa línea fina de la existencia colectiva desordenada: habrá dualidad siempre, el sexo es cruel y transcendente y el infierno puede vivir en la próxima esquina.
La idea del libro es que a partir de narrativas reflexivas, abordar una metanarrativa, por eso mismo, pensé en combinar el cuento con la novela.