Narradores Mexicanos Nueva Generación: Elisa Corona Aguilar

El vértigo según el diccionario de la Real Academia de la Lengua es el “trastorno del sentido del equilibrio caracterizado por una sensación de movimiento rotatorio del cuerpo o de los objetos que lo rodean”. En su definición médica es una falsa sensación de movimiento. Generalmente es síntoma de una alteración de los órganos sensoriales del oído interno o también por una lesión nerviosa central. Pero como nos dice el escritor Naief Yehya, en el prólogo del libro El doctor Vértigo y las tentaciones del desequilibrio (La Cifra Editorial, 2017) de la ensayista mexicana Elisa Corona: “En nuestra cultura de la velocidad, la impaciencia y el frenesí, la palabra vértigo puede implicar excitación y glamur, es un término que asociamos con los excesos, los deportes extremos, las actividades cargadas de emociones, así como con ciertas expresiones culturales provocadores que pueden dejarnos sin aliento”.

El vértigo es, como vemos, un término con múltiples acepciones, múltiples significados. Y fue justo esta multiplicidad de significados lo que despertó el interés por el tema de Elisa Corona Aguilar, quien después de sufrir de este padecimiento, se encontró con un médico experto en el tema: Jorge Madrigal, a quien bautizó como ‘El Doctor Vértigo’. Este encuentro le permitirá a la autora sortear la vorágine de un malestar físico, que no le permite ni siquiera mantenerse en pie y, al mismo tiempo, dar con un compañero para un viaje intelectual que la llevará a realizar un recuento pormenorizado de los antecedentes del estudio científico y médico para entender cómo este malestar físico asociado con el sistema auditivo, se convertirá en la definición del momento histórico en el que estamos viviendo.

Corona Aguilar analiza así el vértigo y sus relaciones con las metáforas culturales y sus relaciones con el mundo artístico. Uno de los datos que nos da Corona es, por ejemplo, que el Dr. Meniére, uno de los primeros médicos que se dedicó a investigar sobre el vértigo, era muy cercano a Balzac. El Doctor Vértigo nos lleva así a través de la historia del trastorno, buscando que las personas lo entiendan, comprendan de qué se trata el padecimiento, incluso a través del dolor, de las cimas a las que la enfermedad puede someter al ser humano. No en vano la autora retoma reflexiones de Susan Sontag, quien ha ofrecido una mirada profundamente humana sobre el dolor y la soledad provocada por la enfermedad, ese “otro lugar” desde el cual la vida y la salud se entiende y se ven desde un ángulo completamente distinto.

Por otro lado el tema del vértigo y del mareo también aparecen en libros anteriores de la autora, como es el caso de El desfile circular, acreedor al Premio Sor Juana Inés de la Cruz 2013, y en el que analiza el carrusel, la rueda de la fortuna y la montaña rusa, es decir, la necesidad del juego o del vértigo autoinducido y su relación con la construcción del mito de la modernidad.

La enfermedad “es un tema que, en estos momentos, pareciera se ha puesto de moda, aunque en realidad siempre ha estado ahí. Varios escritores han hablado del tema, de sus enfermedades y entonces hay muchas opciones. Para mí fue cuestión de escoger la forma en que lo iba a abordar, entonces era muy importante encontrar un balance entre mi experiencia personal y una investigación a fondo, porque soy un tanto enemiga de estos libros en donde solo se nos cuenta la experiencia personal, porque en realidad no me parecen interesantes -en realidad las personas no somos muy interesantes que digamos-, no me parece una buena estrategia solo hablar de ti y también me parece un poco ingenuo. Para mí es muy importante investigar sobre un tema, investigar es algo que me produce mucho placer, investigar qué se ha dicho, además creo que los temas lo piden, por ejemplo la razón por la que yo decidí escribir sobre el vértigo fueron porque era un tema desconocido, además de que según las estadísticas, la mitad de la población va a sufrir de vértigo en algún momento de su vida, entonces llamaba mi atención que fue era eso, un tema desconocido, algo de lo que se sabe tan poco, y eso me permitió encontrar un hilo para buscar quienes han investigado sobre el vértigo, me pareció importante abordar esa investigación, leer lo que otros tienen que decir, tratar de encontrar esos hilos conductores que están en relación con el verdadero ‘Doctor Vértigo’, Jorge Madrigal, y eso me dio pie a preguntarme sobre los médicos que investigaron esto. Una de las coincidencias más divertidas que encontré es que Balzac fue amigo de Menier, el doctor que estudió y le dio el nombre al “Vértigo de Menier”, o que el padre de Oscar Wilde también fue de los primeros que investigo el sistema vestibular del sistema auditivo…”, comenta Corona Aguilar, frente a una tasa de café y deslizando reiterativamente su mano derecha sobre uno de sus ojos.

Se ha llegado a confundir el vértigo con el miedo a las alturas. El vértigo es un desequilibrio causado por un problema en el sistema auditivo, que nos incapacita para caminar o como en tu caso, para permanecer de pie…
Esa era una de las cosas interesantes, que el vértigo tiene como muchos significados y muchas acepciones, entonces por ejemplo esto del miedo a las alturas es el vértigo de Hitchcock, al que también podemos referirnos como vértigo, incluso de manera médica, incluso al Doctor Vértigo le llegan pacientes que en realidad solo tienen miedo, pero también existe el vértigo que es en realidad el mareo de los marineros y que tiene que ver con una falta de compensación entre el sistema visual y el sistema vestibular, que provoca que en el mar te sientas mareado, esa era otra parte que me intereso del tema, que existe una ambigüedad y una multiplicidad de sentidos en la palabra, y que en este traducir a la palabra lo que sientes se encuentra el secreto de qué es lo que tienes en realidad, creo que eso es algo muy interesante de escribir sobre la enfermedad, que también tiene que ver con una traducción de lo que sentimos al lenguaje, y que si no encuentras las palabras a la mejor no encuentran el diagnóstico correcto y nunca sabrán que es lo que tienes realmente, entonces se requiere de un autoconocimiento profundo de ti mismo y del lenguaje, de lo que estás hablando.

Retomando a Oliver Sacks, lo que haces es retraducir a palabras la condición de una enfermedad y además contarnos la historia, empalmas estas dos condiciones dentro del libro
En ese sentido mi libro tiene un elemento narrativo, porque me interesaba hablar de otros casos, hablar de otras personas porque, como decía hace rato, hablar de uno mismo es un poco pretencioso y aburrido, pero también me interesaba contar la historia del ‘Doctor Vértigo’, que es experto en el tema y al que en un principio todos sus compañeros le decían que no iba a lograr vivir de atender solo a gente que se marea, y resulta que ahora ya no puede atender a todos los pacientes que llegan, pero también tiene ser un poco psicoanalista o confesor de todos estos pacientes, porque las historias del vértigo son complicadas, por eso es que son tan difíciles de diagnósticar, porque hay una cuestión de que no se sabe cómo empieza, casi a todo el mundo le da un día en la mañana sin que haya un aviso previo y es ahí en donde empieza lo complicado, el vértigo llega de súbito.

¿Cómo decides que el ‘Doctor Vértigo’ se convierta en personaje?
Pues creo que fue desde el principio, porque cuando empecé con la idea del libro, lo primero que hice fue ir a verlo para proponerle una serie de entrevistas para escribir sobre él y sobre el vértigo…, luego ya éramos más amigos que médico y paciente, nos hicimos amigos porque él también toca la guitarra, le di clases un tiempo y empezamos a hablar de otros temas, es muy obsesivo en los temas que se le ocurre, entonces se me ocurrió que él era un personaje al que tenía que entrevistar y fue justo cuando ya estaba en ese proceso que me di cuenta de que él era un personaje central del libro, porque él todo lo cuenta desde sí mismo, desde las dificultades que tuvo para investigar sobre su tema, su primera experiencia con el vértigo con un paciente que nadie sabía que tenía, nadie sabía diagnosticarlo, y él había leído en una revista sobre una maniobra física que cura el vértigo y se la aplico y se curó, y desde ahí se dio cuenta que se podía dedicar a eso. Esa fue una de las primeras historias que me contó y pensé que era un personaje que debería aparecer en el libro, porque además tiene mucha información sobre el tema y yo no me quería inventar cosas. Y tampoco me quiero poner esotérica sobre la idea de que me curé gracias a mi reflexión y a mi escritura, porque existe esa tentación de que escribir es una forma de curarse a sí misma, quería dar información verídica que viniera de una investigación y de un especialista.

El ensayo es un género muy flexible. En este libro nos hablas de la investigación que realizaste, las entrevistas que le hiciste al ‘Doctor Vértigo’, de tu condición como paciente, todo eso permite generar un ensayo en el que se involucran todos estos elementos para hablarnos del vértigo como enfermedad.
Esa es su gran ventaja, la flexibilidad, porque puedes hacer casi cualquier cosa que quieras en el ensayo, aunque también esa flexibilidad puede ser su punto débil, porque hay una tendencia en muchos ensayistas a flojear, no se investiga tanto con la idea de que “es ensayo”, pero a un novelista sí le pides que termine la novela y que no le falte un capítulo, entonces sí veo a una tendencia a flojear en el ensayo, a no tomárselo con la seriedad debida, lo cual me parce pésimo, porque precisamente porque hay esa flexibilidad se presta para que haya mucha libertad pero lo cual no significa que no se deba investigar a fondo un tema, yo investigo hasta que no encuentro hilos que seguir, aunque por supuesto debes de ponerte un alto, porque cuando empiezas a perder el entusiasmo ya significa que tal vez no vas a acabar bien, es cierto que tampoco puedes meter todo lo que investigaste pero eso no significa que no debas investigar a fondo, pero he leído libros de ensayos en donde lo que se ve es la falta de lecturas, lo que veo es alguien que no ha leído pero que cree que lo que tiene que decir es muy interesante y que cree con su experiencia personal ya le basta para escribir un ensayo.

¿Se dice que la crónica es como un ornitorrinco y al ensayo se le ha asimilado con el Centauro? ¿Es vigente esa imagen para el ensayo?
Sigue siendo vigente, de hecho ‘El Doctor Vértigo’ iba a salir originalmente en una colección que tiene mucho esta idea de que el ensayo es un centauro de los géneros, es una colección en donde se habla mucho sobre el cuerpo también. A mí me gusta esa idea del ensayo como un centauro, tiene esas cualidades, pero debe tener el rigor necesario para permanecer, es importante mantener esa cuestión híbrida del ensayo, pero que sea respaldada por la experiencia de las lecturas y el trabajo.

¿Con cuál definición te identificas más: ensayo literario o ensayo creativo?
Recuerdo cuando en el FONCA cambió a ser ensayo creativo entiendo el por qué de esa decisión, aunque nos siga sonando muy raro, porque además es un término que proviene de Estados Unidos, pero si veo una diferencia muy drástica entre el ensayo académico y lo que yo hago, por ejemplo, porque yo no pretendo seguir un aparato teórico, hace poco leí un ensayo del tipo que yo leo en la academia, que gusto a mucha gente, pero por ahí alguien preguntó qué lugar ocupaba ese tipo de ensayo, y mi profesor comentó que en ocasiones el centro se vuelve la periferia, y ahora tenemos que cambiar las cosas, me parece que sí es importante que un ensayo como El Doctor Vértigo está más cercano a los estudios culturales que a un ensayo teórico, sí creo que en eso lo que yo hago tiene más libertad, creo que la academia se ha vuelto un poco obsoleta al seguir ese tipo de ensayo tan teórica y tan de marco teórica, y sobre usar un lenguaje críptico que solo ciertos académicos conocen, yo creo que no ayuda a nadie.

Una de las características de tus ensayos es que partes de las preguntas, de lo que no se sabe.
A mí me parece muy importante confesar lo que no sabes, decir lo que ya no alcanzaste a investigar, algo que pocas personas hacen, y es lo mismo cuando citas, decir que alguien más lo dijo es tan importante como decir lo que a ti se te ocurrió, todos los ensayos parten de las dudas, de preguntas que van abriendo las siguientes. Por ejemplo el ensayo del vértigo es anterior al del Desfile circular, aunque salió después, porque contó con, menos suerte, el Desfile… gano el Premio Sor Juan Inés, pero en realidad es un ensayo que surgió por lo del vértigo, por eso alguien mencionó en una de las presentaciones que son libros que comparten un riñón, lo cual me pareció una comparación muy precisa.

¿Qué tanto escribes desde las obsesiones?
Pues yo no escribo sobre algo que no me obsesione en realidad, o que me fascine, siempre ha sido así, desde el primer libro que publique, que fue Amigo o enemigo; el debate literario de Foe de J.M. Coetzee (FETA, 2008), que se publicó en un momento en el que nadie estaba leyendo a Coetzee, y era la novela menos conocida, fue una novela que me apasionó, y para sorpresa fue que al año siguiente ganó el Premio Nobel y su discurso estuvo centrado en Foe, lo cual para mí fue una cosa gloriosa y para mi tutor en ese momento, pero todos los libros han sido así, bastante obsesivos, porque yo creo que no vale la pena escribir sobre otra cosa, además que yo no puedo, si no es algo que te obsesiona es algo que terminas dejando por ahí, se queda a la mitad el proyecto o lo dejas para otro momento.

Has publicado cuatro o cinco libros de ensayos, dos en editoriales paraestatales, dos en editoriales independientes, ¿cómo ves el panorama para publicar ensayo en México?
Es muy difícil publicar ensayo, en realidad publicar cualquier cosa, pero la dificultad con el ensayo radica en esa ambigüedad de ser académico, sí es creativo, porque el creativo suena a que más gente lo va a leer, algo que no es necesariamente cierto, y el académico suena a que lo vas a vender a otros académicos, pero eso es otro camino, realmente me siento muy contenta de haber publicado todos los libros porque en realidad ha sido resultado de la insistencia, o sea el libro de Amigo o enemigo lo termine cinco años antes de que fuera publicado y fue insistiendo y enviando a concursos, que es una manera de financiarte la carrera de escritor y de comprar tiempo para seguir escribiendo, y también lo de los premios es una señal de que algo estás haciendo bien, es muy difícil, pero yo encontré en ese primer libro la posibilidad de que sí se puede y lo tengo que seguir haciendo, pero tristemente también encuentras con la falta de respeto generalizada a los autores y al trabajo artístico en México, que es algo que no tendría que ser así, porque en México llevas tu manuscrito a las editoriales, no te dicen sí o no, guardan tu libro por ahí y no te vuelven a contestar y no sabes sí lo leyeron, si se lo fusilaron, si lo tiraron a la basura, si te van a responder, algo tan simple como eso que es tener una comunicación directa entre el editor y el autor es bien difícil de lograr en México, y más cuando se trata de ensayo, que es algo que no les interesa mucho a la gente y que nadie quiere hacer la labor de re educar a la gente para que vea el valor que tiene ese libro y que sí se puede leer y disfrutar en México, pero eso de que no haya truculencias en México es muy complicado, de que te digan la verdad sobre la publicación del libro, tristemente las editoriales grandes, a la que mucha gente aspira, tienen eso, y yo no creo que eso me convenga a mí, mi libro está donde yo quiero que esté, mucho mejor que en plataformas fantasiosas de la fama.

¿Cómo decidiste que el ensayo era el género literario que querías escribir y desarrollar?
Pues hago muchas cosas que no puedo dejar de hacer, y ese es el caso de la literatura, es algo que no puedo dejar de escribir, pero creo que llegue al ensayo por necesidad, por escribir ensayos escolar tal vez, escribía poesía, sigo escribiendo poesía, pero el primer ensayo que escribí fue el de Coetzee, que es además mi tesis de licenciatura, entonces también es mi tesis de licenciatura en letras inglesas, y salió un ensayo creativo, algo que no tiene que ver con el ensayo académico, que algunos editores me lo rechazaron, pero fue a partir de la honestidad de decir “esto es lo que yo puedo escribir”, y no quiero dejar de hacerlo, y me gusto cómo salió, pero también es un género que creo que uno debe de dominar de alguna forma si quieres compartirlo con los lectores, pero también llegue por las lecturas, porque me topé con muchos ensayistas que me gustaban mucho, lees a Susan Sontag y sin duda quisieras escribir algo así.

¿Te interesaba el tema de la condición de la enfermedad como tema literario, antes de escribir ‘El Doctor Vértigo’?
En realidad no me había propuesto escribir sobre esto, había leído mucho sobre el tema, había leído a Susan Sontag, a Virginia Woolf, pero no me había propuesto hablar sobre ese tema, hasta que me paso algo así a mí, creo que así debe ser, porque se vuelve un poco raro hablar de algo así si no estás en una condición extraña.

Da la impresión que una de tus obsesiones es la construcción de la modernidad, este proceso del siglo XIX y siglo XX. Algo que se ve reflejado en libros como El desfile circular o Niños, niggers, muggles
Es que yo creo que todos tenemos esa opción, que es en parte obligación de hablar de lo que está pasando, pero hay muchas formas de hablar de lo que está pasando, pero me parece que hay tanto que decir y que alguien lo tiene que decir por darle un poco de sentido al desastre que es el mundo actualmente, y siento que se me van apareciendo señales. En ese sentido creo que hay mucho que decir sobre el arte moderno, por ejemplo, hay muchas referencias y discusiones que se dan que tienen relación con los temas y las formas de la modernidad, creo que aún se puede tocar ese tema de muchas maneras para entender este desastre. Y me gusto sobre todo ahondar en temas sobre los que no se han hablado mucho, por ejemplo, la cuestión de la feria, que está ahí y nadie habla de ella, pero sigue ahí, y a mí me parece que es como un oasis de locura y de juego en medio de una cosa bastante extraña que es la modernidad, me gustan buscar esos temas que están ahí, están como enfrente de nosotros y por alguna razón nadie quiere hablar de ellos, en ocasiones porque parecen demasiado infantiles, porque qué vas a poder decir sobre eso, y es justo ahí en donde me gustan indagar, porque hay temas que nos dicen mucho de cómo somos, nadie quiere hablar de eso porque hay otros temas que están de moda, y justamente también creo que hay que escapar de las modas. Por ejemplo, esto que hablábamos al principio de hablar desde uno mismo, eso es la moda actual, que promueve un egocentrismo medio raro, que al mismo tiempo nos habla de un desconocimiento de uno mismo, y es cosa de moda, a la gente le gusta el chisme y quieren saber de ti, es como una exigencia de la gente, saber de ti.

Otro de los temas que vinculan tus ensayos es el juego, que también es visto como un tema de escaso interés pero que también cohesiona a la sociedad…
A mí me encanta una cita que dice que el juego tiene la permanencia de lo insignificante, los imperios podrán nacer y morir, pero los juegos permanecen casi con las mismas reglas ¡eso es increíble! Habla de nuestra naturaleza, y es un tema que me da algo de esperanza y algo de humanidad en medio del caos, es algo que le da sentido a muchas cosas, y son cosas que, como repito, están ahí, pero se hablan muy poco de ellas, y además que tienen una relación directa con lo que yo hago, que es la literatura y la música, el arte es juego, estamos jugando y el que se sale de las reglas del juego pierde o es expulsado, (pero) creo que es lo que nos mantiene en pie en medio de la locura, y algo que también me parece increíble es que los animales también juegan, saben que juegan, entonces es un vínculo que tenemos con los animales. En el fondo del arte está el juego y esa es una de las razones por las cuáles me fascina el tema.

Elisa Corona también ha publicado los ensayos Amigo o enemigo. El debate literario en Foe de J. M. Coetzee (FETA, 2008), Fábulas del edificio de enfrente (Textofilia, 2011), Niños, niggers, muggles: sobre literatura infantil y censura (Deléatur, 2012) y El Desfile circular: ensayo sobre el carrusel, la rueda de la fortuna y la montaña rusa (Editorial del Estado de México, 2013).