Existencialismo mágico: el sujeto colectivo y el mito del héroe.

¡Él!

La belleza del sacrificio, él rompe todas las reglas para imponer la bondad. La historia camina en sus brazos, pues él es aquel que hace la historia. ¡Él! Con mayúscula, pues es único. El héroe: ¿individuo que deja la historia a sus pies? Desde dentro de nuestra conversa sobre el existencialismo mágico es importante hablar sobre los personajes en su cualidad de héroe colectivo.

Hay una cuestión fundamental en la lógica sartreana-existencialista: ¿Cuál es tú conexión con la colectividad? Es decir, tu posición frente a los problemas del mundo, ¿o eres alguien totalmente deshidratado de vínculos fuertes? En Nausea y Edad de la Razón, Sartre construye protagonistas que tangencian la historia. Es decir, mientras los demás están conectados con el mundo, ellos están aislados o tienen vínculos cínicos y débiles, indiferentes y padecen de la vida sin color, individuos completamente ajenos a lo suyo, aunque parte del todo, parecen reflejar la vida de los otros como espasmos, cómo incómodo.

¿Cuál es nuestro papel en el mundo y como los personajes reviven eso desde sus perspectivas individuales sin padecer del desaparecimiento frente a alguna metafísica panfletaria? Como en Tínisima de Elena poniatowska, donde Tina Modotti pierde sus colores de fotógrafa, actriz y se vuelve apenas alguien tragado por el stalinismo, enfermiza, deambulando en la Ciudad de México ya sin color.

El caminar del héroe migrante

Yo miro a la cuestión existencialista de nuestro papel en la construcción de un héroe a partir de la latinoamericanidad del vacante migrante que busca vencer, sale de su rincón, sus raíces, dolores y cruza los descaminos del desierto de México, tal como un personaje migrante nicaragüense que he hecho para el libro de cuentos centroamericanos, Nuestra historia es hecha de canción y sangre, ese personaje vive la saga del mojado y cuando llega a Estados Unidos se pregunta: ¿cuál es mi vínculo con los demás?

Él es parte de una historia anónima como todos los demás, es héroe pues busca enfrentar un desafío histórico de su pueblo: sobrevivir. En Estados Unidos se siente sin humanidad como se desvaneciera en los ojos que parecen ver todo pero no ven nada, ni nadie. Él es parte de la narrativa de los invisibles, de aquellos que acaban teniendo de dejar todo para salvar a su familia del desespero económico.

La abstracción

Ese héroe migrante latinoamericano es concreto, es real, pero también es mágico, pues reinterpreta la existencia. Está lejos del héroe abstracto, de un Dios ex-machina que resuelve todo: bueno, bello y valiente. El personaje de Daniel Quinn de Paul Auster en Ciudad de cristal, es interesante, pues es aquel personaje que concentra todas las cualidades humanas, ha sido siempre lo mejor en la escuela, el más popular, expresa el símbolo más grande del exitoso y con altos valores humanos, en fin, alguien que estaría en todas las películas cómo a quien queremos amar y sabemos que nos va a salvar, pero abandona todas esas cualidades para huir de sí mismo, odia a su característica como una maldición y desaparece y abandona su heroicidad abstracta.

¿Cómo se puede construir personajes que re-significan un sujeto interesado y conectado, pero que no se pierde en la abstracción del bello, bueno y valiente?

Es decir como esas cualidades se presentan no ante un ser sin contradicciones, miedos, cobardías, pero que en el momento necesario se expresan tal como tiene de ser, como el personaje del contramaestre Galindo, del cuento, Dormir en Tierra, de José Revueltas, un marinero sucio del trabajo, bruto y que trata a un niño siempre mal, pero que sacrifica su vida para salvarlo cuando su barco naufraga.

Aquí se forma un héroe común, que bajo mis coordinadas del existencialismo mágico, es aquel que desafía lo gris de la rutina, de la banalidad, por eso no dejo de pensar en la volantera de mi libro Cuando la lluvia llega: Ella desafió la ciudad, su trabajo mecánico y además de pensar, ella quiso soñar, aunque con delirios cursis, no deja de ser un desafío a la lógica de la velocidad desabrida de los días.

Sobre un héroe cualquier en días que concentran años

Septiembre de 2017 en México, qué fecha, nunca la voy a olvidar. Yo esperaba en la calle Obregón, allí en mi frente estaban los escombros, me revolvía la idea de que en esa ciudad caída, días atrás la gente planeaba su rutina y corría en la ciudad monstruo. Allí estaba Esteban, un personaje incógnito que aparece apuntado en papeles en medio de los escombros, lo vi en sus cosas personas revueltas entre la tragedia de la caída. Lo que era tan íntimo ahora estaba a la vista de todos, era como si lo viera desnudo. Obregón, Zapata, Mancera, etc, etc, calles donde hubo derrumbes, donde la gente hablaba con nombre propio, “¿dónde necesita ayuda?”, “¿en Ciudad jardín?”.

En Obregón todo parecía el fin de dos semanas de cansancio. Había cortado la noche, esperando para sacar escombros y veo a mi lado una cuadrilla de albañiles, hombres chaparros, morenos, duros, me acuerdo de los indígenas de América Central, callados.

“Esos no postean self de aquí”, pensé. Me parecieron tan útiles, acostumbrados a construir, ahora tenían de sacar, su habilidad mezclada con la espontaneidad de ayudar sin cobrar. No los creo abstractos, eran normales, no eran los brigadistas que estamparan los principales periódicos. Pues, aquí la diferencia de narración, los hombres estampados por los periódicos, cómo dice un amigo, parecían más a un power ranger rojo, el hombre especial loado por su valentía, mientras mis héroes brillan por su existencia y no por su abstracción.

También me recuerdo de las mujeres que veía trabajando entre los escombros, cargando el “pesado” que recibían la mirada desconfiada de los soldados, que nos convocaban, “solo hombres”. O las obreras olvidadas en los escombros cotidianos de la ciudad de México, de las centroamericanas, que tal vez quisiesen ir a Estados Unidos y quedaron aquí trabajando de sol a sol para mandar remesas a sus hijos en Guatemala, Salvador, Honduras o Nicaragua, y allí en Chimapopolca, las brigadas feministas trabajaron con mucho valor para sacarlas.

En el terremoto ha habido nuevos personajes, el valor literario está más que cantar su abstracción, está en narrar su normalidad y su heroicidad, describir sus locuras, sus miedos y su decisión torpe de aventarse en medio a escombros para sacar anónimos. Valorar las palabras, pero contar lo mágico en medio a decisiones duras. Aquí el héroe traspasa la abstracción fea de fantasmas de Televisa y así el suelo transpira la mágica heroicidad que nace de cuestiones existenciales comunes.