#Antártida: Flavia Pantanelli

Blog: Antártida
Los cinco libros que Flavia Pantanelli* preservaría en el fin del mundo.

Sé por mi hermano que estuvo un mes en la base Marambio, que la Antártida es una experiencia para atravesar acompañado. En la Antártida no se sobrevive solo pero la convivencia obligada puede resultar demasiada. Los días son muy largos, a veces tanto como de 24 horas, así que me llevaría libros para compartir las horas en grupo, la dramaturgia, para cuando se acaba el mate, el ping pong y la comida (mucha, buena). Y mucho para disfrutar a solas, para esos momentos en que hace falta abrir una ventanita mental, situarse en otra escena. Ahora que veo, pienso que también habría que agregar un cuaderno y una birome. Y un block de hojas de dibujo. Y ropa vieja, para armar los disfraces, y mucho más. Un vagón de cosas, llevaría. Tanto, soñar no cuesta nada.

Toda la dramaturgia de Shakespeare
Para montar las obras en la Antártida. La dramaturgia para actuar y dirigir. Para organizar el grupo (pienso que no estaré sola, de modo que es un buen momento para leer, actuar y dirigir y como dice una amiga mía que vive en Patagonia, acá si querés ver teatro lo tenés que armar vos.

El limonero real (Juan José Saer)
El limonero real es la novela más poética y desesperanzadamente dulce y más atada a la vida que se me ocurre en este momento.

El sendero de los nidos de araña (Italo Calvino)
Un canto a la resiliencia. La resiliencia de un niño sometido a la peor de las adversidades. Un niño con un eros tan grande que es capaz de matar o de vender a su hermana para seguir viviendo. La historia de ‘Pin’, un niño errante durante la segunda guerra.

Cuentos completos (Silvina Ocampo)
Los cuentos de Silvina Ocampo hablan con el libro anterior. Se escribe poco sobre niños de forma no idealizada. Los niños perversos de Ocampo son únicos y son la gema de lo más resiliente, de lo más combativo que tenemos.

Fragmentos de un discurso amoroso (Roland Barthes)
Simplemente porque es maravilloso. Porque me encanta. Porque nunca me atoro de volver a leerlo. Creo que en la Antártida tendría tiempo de sobra de aprendermelo de memoria.

Pd. Ahora que lo pienso ir a la Antártida también sería una buena ocasión para terminar de leer a los rusos del siglo XIX y, por qué no, ¡a los del siglo XX!

*Flavia Pantanelli tiene 51 años. Es terapista del lenguaje y cuentista. Vive en Buenos Aires. Se formó con los escritores Lunazzi, Bermani, Drucaroff, Consiglio y Kupchik, entre otros. Realizó la Formación Intensiva en Escritura Narrativa de Casa de Letras. Sus trabajos fueron distinguidos en concursos municipales, provinciales y nacionales e internacionales en Argentina, en España y en México. Publica sus trabajos desde 2014 en revistas y antologías de Argentina, Brasil, España, México y Estados Unidos. Participa de los proyectos solidarios PH15 (Argentina) y 30 SONRISAS CON HISTORIA (España). Traduce del italiano y es editora. Ha publicado los libros de cuentos Haceme lo que quieras (2015), Carne rota (2015; Segundo premio del Concurso de la Fundación Victoria Ocampo) y El extraño lenguaje de las casas (2017), mención honorífica en el XIV Premio Internacional de Narrativa “Ignacio Manuel Altamirano” de la Universidad Autónoma del Estado de México.
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