Entrevista: Richard Sandoval

Con Tanto duele Chile (Los Libros De La Mujer Rota, 2017) el también autor de Soy Periférico, el periodista sanbernardino Richard Sandoval (Santiago, 1987), entrega un libro híbrido en el que sobresale su apuesta por la “libertad expresiva”.

Desde la portada de Tanto duele Chile el color fucsia suple a la franja roja de la bandera nacional chilena. El guiño adelanta un discurso pro diversidad y por tanto sobre la identidad. Hay pues una declaración de principios, clave para comprender el primer capítulo del libro, Ayer, donde la voz narrativa proviene del propio autor, en franca revisión de los años formativos, como si la patria fuese la suma de recuerdos en la memoria.

Al centro del libro, se ubican 18 crónicas breves que representan un ejercicio textual “avezado”. “Una de las características que tiene mi escritura es que pasa por descubrir o dar realce o narrar a partir del detalle. Es un tono particular. En ese capítulo (Hoy) se manifiesta una versión de mi voz, muy veloz, muy nocturna, sugerente, seductora”. El libro, dice “es como un viaje en proceso. Un viaje emocional de un ser humano que tiene que hacerse el fuerte y quise exponer esos procesos de crecimiento y maduración. En la primera parte hablo de mi infancia, de mis traumas, de la cicatrización de mis traumas, a la manera de un ejercicio de honestidad; todo ello da paso a un ‘yo cicatrizado’“, por llamarlo de algún modo, que se expresa en el segundo capítulo, Hoy. Allí “hay un yo adulto, y tiene esa frescura del sentirme adulto, posicionándome en diferente lugares para narrar la ciudad, a los personajes, lo que, en el fondo, es narrarme a mí mismo porque yo elijo ponerme frente a ello porque me seduce también, por eso creo que ese capítulo es tan intenso, representa ese fucsia salvaje“, explica Sandoval, entrevistado en el marco de la FIL Zócalo, una hora antes de la presentación de este libro que va del registro poético al periodístico, de lo íntimo a lo social, recordando también que la patria es el otro.

La apuesta narrativa/periodística de Sandoval es precisa. “Creo que el periodismo es subjetivo y también creo en la honestidad para con el lector a la hora de definir el género periodístico. Mis textos siempre parte de una postura subjetiva pero eso no significa que manipule la información. Mi crítica, mi retórica está apegada a las normas periodísticas, a los datos concretos, duros, buscando la construcción de un sentido común que despierte la indignación en el lector y lo lleve a actuar ante la realidad“. La intención: “lo que uno quiere hacer con su propio país es incendiarlo un poco, desordenarlo un poco, iluminarlo un poco para sacarlo del status quo institucional en el que está y del que se desprenden muchas de las injusticias narradas a través de los personajes” del tercer capítulo, que da título al libro. “Mi postura como periodista es seguir insistiendo en casos de injusticia como de la salud pública, de impunidad, de la educación pública, de los inmigrantes, o en otros que no están en el libro pero que son igual o más dramáticos“.

Sobre las dificultades que implica escribir una crónica, un reportaje, una historia que atañe a otros, comenta: “Creo que esas catarsis o clímax que generan las historias que uno a veces conoce, deben ser utilizadas y conducidas narrativamente. Si uno quiere contar una historia que impacte, es necesario que uno también tenga una educación emocional, uno debe conocerse para abordar cierta historia y eso también implica un proceso de maduración para que no se coarte tu capacidad expresiva. Cuando uno va a una historia uno debe estar lo menos susceptible, porque cuando llega la sorpresa uno debe recibirla con naturalidad para codificarla a la escritura“.

Richard Sandoval se abrió paso en el periodismo chileno a través de Noesnalaferia y las redes sociodigitales, principalmente en Facebook, donde publica sus textos de opinión íntegros, que corren con una fuerte dosis de viralización. “Son textos de indignación ante injusticias sociales: el crimen a un mapuche, a alguien que roba un auto, un caso de abuso sexual, yo expreso mucho desenfreno, mucha pasión. Y creo que el lector puede comprender que esa pasión, esa ira, viene a partir de mi propia historia, que es de mucho sacrificio, de luchar contra la corriente para llegar a un espacio de influencia social en un país tan clasista como lo es Chile, con su discriminación sea explícita o no“.

En tus textos más personales hay un uso ambiguo de la sexualidad. Incluso el yo cambia de género… ¿qué riesgo afrontas?
Tiene que ver con la cultura mediática en la que yo me he desarollado. En Chile se está potenciando, con mucha fuerza, la discusión de identidad de género, así como la violencia sexual y el acoso callejero. Por ejemplo, en Noesnalaferia una compañera que se llama Arelis Uribe escribió un texto homenaje al lenguaje inclusivo, en el que plantea que desde la responsabilidad del comunicado es importante quebrar la estructura rígida del lenguaje porque hay una cultura patriarcal donde el lenguaje también colabora. En ese sentido, permanentemente me desafío a mi mismo en el cómo afrontar la generación de sentido común que hace un texto. En Declararse escribo sobre declarar tu amor a una chica o a un chico. ¿Por qué un chico no puede escribir sobre declarse a otro chico? El texto busca provocar ese cuestionamiento y creo que de alguna manera se logra. Sobre los riesgos: tiene que traer los riesgos que tiene que traer. Uno toma decisiones creativas. Yo apuesto por asumir la postura que difunden y estimulan los movimientos sociales en los que yo también creo. Lo que me importa es que lo que escribo pueda tener efectos directos en quienes leen. En mi próximo libro saldrá una crónica sobre la identidad Trans; al investigar uno mismo se va educando en romper con esa rigidez y uno como comunicador, creo yo, debe dejar de normalizar la dualidad de la orientación sexual y de la identidad de género para comenzar a crear una comunidad más inclusiva.

Podría decirse que el periodismo que te interesa más que informar, está por el de sensibilizar al lector…
Tocar la tecla sensible. Que pasa también por entender quien es uno como sujeto creador. Soy absolutamente sensible, apasionado, sufrido, muy extremo. También disfruto, gozo y mis textos obedecen a eso. La clave es ser honesto con lo que uno siente y mis textos publicados siempre cuido que sean honestos con lo que siento, que no se escape la sensación ya sea celebratoria o de ira, rabia.

Todo pasa por la libertad de expresión…
Más allá de la libertad de expresión, que es un concepto más político yo diría: libertad expresiva, porque muchos de mis textos juegan con inventar palabras, con incorporar léxicos absolutamente populares.. eso pasa por la decisión de desordenar estilísticamente lo que a uno le han educado del cómo se debe expresar. Un crítico subrayo que esta libertada expresiva, de alguna manera, la experimenta la generación a la que yo pertenezco.

¿Qué nivel de influencia tiene el periodismo en la sociedad chilena?
El periodismo en Chile está viviendo momentos de muy buena salud, pese al contexto jurídico que no garantiza una pluralidad mediática al país. Nosotros no contamos con una Ley de Medios que permita la creación de medios independientes y que se den alternativas de medios comunitarios. (Sin embargo) En los últimos años el periodismo ha tenido una injerencia muy importante en la agenda pública en Chile. Con su actuar el periodismo ha desenmascarado los casos más importantes de corrupción de la década. Chile ha crecido bajo la hipocresía de venderle al mundo la idea de ser un país sin corrupción, como ejemplo de democracia, pero a partir de trabajos periodísticos de medios como El Desconcierto, como CIPER (Centro de Investigación e Información Periodística) y de periodistas como Mónica González, Nicolás Sepúlveda, a partir de investigaciones de la revista Qué Pasa se han develado caso como el negocio turbio del Caso Caval, el de la empresa minera SoQuiMiCh (Sociedad Química y Minera de Chile) que sobornó al ex Ministro de Minería, actualmente procesado; o el de Grupo Penta,? un holding empresarial que financió las candidaturas políticas de la Unión Demócrata Independiente (UDI), que es el partido de derecha más importante del país; se develó el Milicogate, que demostró la desviación de fondos de la Ley Reservada del Cobre por parte del Ejército, dado a conocer por el diario The Clinic; o el Pacogate, otro fraude millonario pero ahora de los Carabineros, que es la Policía Nacional. En Chile esto escandaliza, todavía, lo que creo que es sano. Para ello es importante la responsabilidad del sector mediático.

¿Hay temas que en Chile aún no se puedan tocar?
Creo que en Chile todos los temas se tocan. Diferente es la resonancia que tenga cada tema. Pasa por la cuestión de democracia en que uno vive. En Chile todavía es secreta las identidades de quienes torturaron durante la dictadura, a partir de una ley creada por la «Comisión Valech» que prohibe a la ciudadanía saber quién torturó a otra persona. Está también el caso de todo el pueblo Mapuche. Mientras Chile dicta cátedra a países como Cuba o Venezuela sobre democracia pero quién reta internacionalmente a Chile por el acoso, la ilegalidad y torturas incluso a niños mapuches en una zona militarizada. Esa es la hipocresía de nuestra democracia.

Tanto duele Chile también es el título de la crónica sobre el mayor incendio en la historia de Chile, ¿tienes alguna postura sobre la cobertura en situaciones de crisis?
Durante el encuentro en que participé aquí en la FILZ donde tuve oportunidad de conversar con periodistas como Guillermo Osorno; él decía que hay momentos en que lo más urgente es informar con la verdad. A cualquier costo. Lo que yo pude complementar a partir de la propia experiencia de Chile en situaciones traumáticas, es informar con tino, porque hay momentos en que la información se vuelve espectáculo; por ejemplo, en el 2010 cuando fue el rescate de los mineros se descubrió que la información tiene un altísimo factor para conseguir raiting. Y cuando ocurre eso aparecen muchas insensibilidades. Es importante comenzar a tener una cultura de cobertura mediática en momentos de catástrofes. Es un desafío de los tiempos mediáticos en que todo es instantáneo. Los periodistas y los equipos de prensa tienen que poner una cuota de profesionalismo y tino.