Entrevista: Naief Yehya

‘Niarf Yahamandí’, un escritor mexicano de ascendencia iraní que vive en Nueva York, recibe un correo electrónico en donde se le invita a inaugurar el auditorio que llevará su nombre en la Academia Cuauhtémoc de San Ismael. Un homenaje a una carrera que él sabe mediocre. Y sin embargo decide viajar a este pueblo perdido, que él no puede siquiera ubicar en el mapa, donde todo terminará convirtiéndose en una vorágine de malos entendidos. De entrada, nadie llegará a recibirlo; la localidad se encuentra en medio de la emergencia debido a un volcán que no se sabe bien a bien en donde está haciendo erupción. Y como la violenta explosión, la afamada amabilidad de los mexicanos es más bien desconfianza agria y grosera.

‘Niarf’ sobrevive a la catástrofe y logrará regresar a casa. Allí intenta escribir una novela sobre lo sucedido en San Ismael, pero su vida se verá de nueva cuenta trastocada la mañana del 11 de septiembre de 2001. Meses antes él había escrito un cuento alucinado y bromista sobre unos terroristas que secuestran aviones y atacan las torres gemelas de Nueva York. Parece que la tragedia persigue a este autor que vive solitario luego de un divorcio con una rubia estadounidense de mal carácter, con quien antes de que su matrimonio naufragará había viajado a China con la intención de adoptar una bebé, proyecto que fracasa estrepitosamente y que los obliga a la separación.

‘Niarf’ es el protagonista de Las cenizas y las cosas (2017), novela con la que el también Ingeniero industrial por la UNAM, el escritor Naief Yehya (Ciudad de México, 1963) regresa a la narrativa tras varios libros abocados a la cultura contemporánea desde la perspectiva de los medios de comunicación, la cibercultura y la pornografía, principalmente. “Mis amigos me decían que yo no escribía novelas, que yo escribía cuentos largos, escribí tres novelas cuando empecé, (Obras sanitarias de 1992, Camino a casa de 1994 y La verdad de la vida en Marte de 1995), pero luego dejé de escribirlas, primero porque descubrí el ensayo que me conquistó”, explica en un primer momento de la entrevista.

En Las cenizas y las cosas, el también ensayista y autor de libros como El cuerpo transformado. Cyborgs y nuestra descendencia tecnológica en la realidad y en la ciencia ficción (2001), Guerra y propaganda, medios masivos y el mito bélico en Estados Unidos (2003) Pornografía. Obsesión sexual y tecnológica (2012), Pornocultura. El espectro sexualizado de la violencia en los medios (2013), ubica a manera de espejo a un personaje de su misma edad y que vive en el mismo barrio en el que él vive, para ahondar en temas como la soledad, la migración, la incomunicación, la importancia de la palabra y el fracaso de la industria editorial.

Y aunque ‘Niarf Yahamandí’ tiene una vida mediocre como escritor, no tiene que lidiar con los problemas que tienen que sortear los inmigrantes ilegales que llegaron a Nueva York buscando una forma de sobrevivir y de enviar dinero para sus familias. Sin embargo, el brutal cambio que los atentados terroristas del 2001 provocaron en la sociedad estadounidense trasforma su forma de vida.

Hay varios niveles de lectura a partir de los temas que a tu personaje le interesan. Creo que la derrota y la cobardía serían algunos de esos temas. El personaje no se atreve a soltar toda la molestia, el enojo que trae dentro, no encuentra las palabras para hablar libremente de ello. ¿Esa contención tiene que ver con su condición de inmigrante en los Estados Unidos?
Esta incapacidad de respuesta, incapacidad de presentar su caso de una manera racional, por un lado, y de entender a los demás, o de chocar contra un muro de incomunicación, tiene que ver con la noción de la palabra. La novela está construida alrededor de la idea de la palabra, la palabra como este vehículo de comunicación que pongo en tela de juicio desde el momento en que este personaje, que al mismo tiempo es escritor, llega a un contexto en el que su significado se diluye, sino es que desaparece, las preguntas que mueven a la novela es ¿cuál es la función social de un autor en general? y ¿cuál es la función de un escritor fuera de su contexto?, un contexto en donde hay un océano de lectores que nunca lo van a leer, que no lo conocen, ni les interesa, ni van a aprender una lengua nueva para leerlo, ni va a ser traducido para que lo descubran. Todas esas preguntas están alrededor de la idea de la palabra como esta entidad de enorme poder pero a la vez efímera, volátil, como ceniza. En lugar de una caligrafía te quedan rayones, entonces la palabra es medio de subsistencia, pero también es la pasión del escritor, pero también es la comunicación básica que te permite comunicarte todos los días, entonces el personaje viene de estos dos exilios, primero el exilio de Irán y después el exilio de México, en los cuáles ha ido tratando de asumir nuevas condiciones, nuevas palabras, pero en realidad siempre cuando ganas también pierdes. La llegada a este mundo ajeno, en donde se sentirá un poco aislado, marginal, con una gran soledad, un personaje que tiene que hablarse solo porque no tiene a nadie más para hablar, incluso en su regreso a México lo primero con lo que se encuentra es con la incomunicación, con la deshumanización, una situación estéril, de hecho para mí San Ismael, el pueblo adonde se supone va a recibir su homenaje como escritor, me representa la esterilidad completa, en lugar de un pueblo como lo conocemos nos encontramos con un lugar lleno de concesionarias y refaccionarias y policías que parecen decentes, es una cosa completamente extraña, porque cuando él llega y se acerca a la gente recibe un hostilidad muy notable, es un especie de broma, de chiste, y que recogí de Ibargüengoitia y de Rulfo, pero que hablan de un constante mal entendido, él está siendo mal interpretado constantemente, tanto por los gestos como por las cosas que dice o deja de decir.

Justa esta incomunicación es muy notoria cuando llega a San Ismael, pero es un proceso que podemos ver también en su relación con su ex esposa, con la que nunca se entiende. Y este proceso se va acentuando y lo lleva, por un lado, hacia la soledad, pero también hacia situaciones entre absurdas y ridículas. Aunque vale decir que es un proceso de aislamiento que él mismo abona.
Ese aislamiento se refleja en los diferentes niveles de la migración que aparecen a lo largo de la novela, él es un nivel de inmigrante, hijo de padres iraníes que llegaron a México por azares del destino, que luego viaja a los Estados Unidos y se establece allá. en donde él mismo sabe que hay once millones de inmigrantes mucho más desafortunados que él, y luego en su andar pues termina con esta mujer y termina por intentar adoptar a un niño en China, es decir la adopción es eso, la inmigración involuntaria más forzada, más brutal, pero al mismo tiempo hay una serie de ideologías alrededor de la inmigración, la idea de absorber a un elemento de otro cultura para hacerlo tuyo y, de esa manera, desarrollar una especie de idea sobre la generosidad, por lo menos se proyecta, pero también hay una apropiación cultural, que dice yo me traigo esto porque me quiero apropiar de eso otro que es exótico, diferente; es decir, no me basta con decorar mis paredes con objetos chinos, quiero algo más exótico que me pertenezca, entonces hay una serie de diálogos que se establecen entre las partes adoptadas, son diálogos cruzados en un lenguaje hecho de palabras muy cargadas y muy incomprensibles, entonces él se ve en este diálogo hasta encontrarse con un bebe, que además simboliza la crueldad de la carne, y es ahí al enfrentar estas ideas y estas palabras con lo incontestable de la tragedia de la carne se desmoronan todos los códigos, se acaba la ilusión.

El tema del bebé nos podría hablar de la desfiguración de la identidad que vivimos actualmente, que también vemos a través de los procesos de inmigración de la que platicabas hace un momento…
Sí, claro. Es que el protagonista viene justo de esas pérdidas de identidad sucesivas, siempre está en la búsqueda y en el tratar de reconquistar la identidad de una u otra manera y se enfrenta con este, con un bebé sin rostro, que simboliza está perdida, claro, yo no tenía esa anticipación a la hora de escribir la novela.

Otra de las líneas temáticas del libro es la crítica que el personaje hace a los absurdos con los que se maneja la industria literaria en nuestros días…
Lo que él dice es qué sentido seguir inmerso en esta locura de seguir escribiendo libros, sobre todo en su caso es mucho más extremo, porque no se traduce en nada, no se traduce en dinero, no se traduce en el reconocimiento que él niega pero que realmente ansia y delira por él, y no se traduce en una posición social, solo se traduce en un laberinto kafkiano de promesas y amenazas que no lo lleva a ningún lado, no lo enriquece de ninguna manera; sin embargo él sigue en esta locura, pero es un poco está reflexión sobre lo que es la literatura, porque por otro lado la literatura es lo único que lo puede salvar, no tiene más, solo le queda eso, y en eso yo sí me sumo, yo sí creo en eso, yo creo que como sociedad lo único que nos salva son estas historias que nos contamos, sin estas historias que nos contamos estamos perdidos, estamos metidos en el tráfico el resto de nuestras vidas y dejando que las maquinas tomen el control.

¿’Niarf Yahamandi’ está satisfecho con su vida como escritor?
Hay una cosa paradójica en ese asunto, porque no lo pensé así, no sé de dónde vino, no tengo la más remota idea de dónde vino eso, pero esta idea de que empieza a anticipa cosas, como el hecho de escribir una novela que él cree que es muy original y que resulta que la película taquillera más cutre es exactamente igual a la novela que él ha escrito, y no entiende cómo fue que paso, y se empieza a imaginar alternativas, pero nada tiene sentido, entonces decide escribir un cuento sobre terroristas, que es rollo chistoso, absurdo, pero resulta que pasa en las torres gemelas, entonces hay una sensación de que la literatura aún nos puede anticipar el mundo, contar este mundo y descifrando al mundo, a pesar de que este autor sea incapaz de beneficiarse de ello, ni de regodearse de ellos, ni de disfrutarlo, es decir llega a parecerse más a presagios negativos, sin serlo, porque acá no hay nada de mística, sin embargo le suceden este tipo de cosas de anticipación que él no puede ni entender ni disfrutar, ni manejar.

Mencionaste a Ibargüengoitia hace un momento. La risa, la burla de la forma en la que nos comportamos los mexicanos también están muy presente en esta novela…
Debo decir que le tengo una enorme envidia a Ibargüengoitia, lo leí muy joven y me dejo traumado, me dejo completamente impactado acerca de lo que debería ser la literatura, acerca de lo que yo esperaba de la literatura, lo que yo hubiera querido hacer, y obviamente cuando escribes eso sale, aunque no lo puedas contener, las influencias que uno tiene son muy difíciles de controlar, eso me parece, pues a mí me pasa que lo que sea que escribo me sale Kafka, y no porque yo sea un buen lector del autor checo, simplemente soy un obsesionado más de lo kafkiano y no voy a poder evitarlo, está en esta novela en todos lados, aparece siempre en todo lo que hago, y son estas lecturas de la juventud que no te puedes quitar, pero también está otro autor, que para mí es un autor mayor, que es Pedro F. Miret, que escribió poco y su reconocimiento es aún menor para el tamaño de las ideas que aventó en unos cuantos relatos, a mí me lleno de fantasías y de visiones burocráticas espantosas, claustrofóbicas, esas son las cosas que no puedes evitar, aparte de otras influencias muy evidentes, pero creo que esas son las voces que traigo en la cabeza y que vas a llevar toda la vida.

Quería vincular el tema de la migración, del que ya platicamos, con el momento histórico en el que se desarrolla la novela, que es un poco antes de la caída de las torres gemelas, que marca el fin del siglo XX, pero que sin duda marca una situación de guerra que se ha mantenido, y de la que quizás el presidente Donald Trump es la cara más feroz que hemos visto, y que enfilo sus baterías hacia la migración.
Es una situación que se basa en el desconocimiento del otro y de incomunicación, este es un libro finisecular y de fin de milenio también, es decir, dentro de mi cabeza está construida entre los años 1985 hasta el 2001, nada más, cuenta esos años, y en esos quince años suceden muchas cosas importantes para el cambio de siglo, por un lado está el fin del comunismo, la caída del Muro de Berlín, lo cual resultó en un mundo sin ideologías, un mundo en el cual ya no iba a ver un duelo de potencias, no iba a ver un conflicto entre dos polos, que iba a ser un Nuevo Orden Mundial, bien o mal, era algo distinto, no estoy diciendo que era una utopía maravillosa, estoy diciendo que iba a pasar algo por ahí, entonces mientras en la realidad las cosas empiezan a construirse o a deconstruirse, aparece también un mundo nuevo que es la virtualidad, el Internet empieza a convertirse en una realidad para todos los demás, no solamente para los científicos y militares que lo utilizaban, sino para todos los demás, a partir del 95 se abren las puertas del Internet para todos el que quisiera tener una cuenta de correo electrónico, lo cual abre otra utopía, entonces en ese momento por un lado tienes la utopía de que tal vez puede existir la paz en el mundo, a la mejor puede crearse un nuevo contrato entre las naciones, entre los individuos, y aquí aparece una plataforma en lo que eso puede tener sentido, es decir, una plataforma que te permite la comunicación con cualquier lugar del mundo, gratuita prácticamente, en la cual desaparecen las jerarquías, un lugar en el que puedes tener tu website y ese página puede ser tan importante como el de la Coca-Cola, ese momento en el que se aplastan la realidad y desaparecen la hegemonía, en el que la jerarquía del inglés empieza a cuestionarse gracias a que todo el mundo puede comunicarse, es una utopía en el que se cree que todo va a cambiar, en el que se piensa que por fin vamos a tener un mundo de unión máximo, es ahí en donde situó el inicio de la novela, la historia empieza justo con un correo electrónico, con una invitación para San Ismael, porque el correo electrónico aún cargaba con el misterio de esa nueva era, y la invitación es justo eso, él se pregunta sí es real que lo inviten para hacerle un homenaje, a él, un escritor casi desconocido, parece irreal, pero se aventura a probarlo, en este mundo en donde la comunicación y el diálogo parece que van a ser la paz empieza a avanzar llega el 2001, y eso nos permite darnos cuenta de que al contrario, de que mientras más nos comunicamos menos nos entendemos, entonces las soluciones fáciles, que nos habían contado sobre la idea de que íbamos a tener un mundo en paz solo dialogando resulta que no son ciertas.

La novela nos deja una sensación de desolación, de persecución y paranoia.
No quiero decir que esta sensación empezó en el 9/11, pero ese momento acentuó una sensación en grupos muy específicos, hubo gente que sí fueron acosadas, perseguidas, deportados, encarcelados, solo por pertenecer a una minoría étnica, fue un momento muy traumático, hubo varios que vimos como desaparecía la población árabe, desparecer comercios, gente que fue expulsada, interrogada, gente que migró voluntariamente y gente que migró por la fuerza, y bueno ese ambiente se respira un poco en la novela, porque al personaje le sucede algo parecido, entonces sí hay algo de ese ambiente en las páginas de este libro.