Entrevista: Efraím Blanco

La llegada de una misteriosa nave a la tierra trastocará la vida de los habitantes de la Tierra. Algunos intentarán huir, temiendo que la tripulación que comanda esta nave tenga intenciones de destruirla o conquistarla para dominar a los humanos y esclavizarlos. Otros se emocionan con la perspectiva de conocer a los extraños visitantes. Este es el tema que conduce los veintisiete cuentos que conforman el libro La nave eterna del escritor morelense Efraím Blanco (1974). Cuentos que nos van llevando a través de los sentimientos, la fascinación, la idolatría, las locuras o el miedo que un fenómeno como la llegada de una nave extraña llegará a aterrizar en nuestro planeta.

Los cuentos de Blanco buscan llevarnos a observar este fenómeno, este posible hecho, desde distintas ópticas y perspectivas. Entre ellas, la mirada que observa a los extraños hombrecillos que viven en esta nave y que han permitido que un grupo de terrícolas puedan subir y viajar con ellos. Esta observación al interior de la nave, se realiza de una manera que podríamos definir como oblicua. Así, el lector accede a este vehículo aunque no puede saber todo lo que acontece en su interior.

En este libro publicado por la editorial morelense Acá las letras, el autor egresado del Diplomado de Creación Literaria de la Escuela de Escritores “Ricardo Garibay” en el estado de Morelos (ICM/SOGEM), busca engarzar géneros literarios como la fantasía y la ciencia ficción en un juego de reflejos, de referentes, que terminan por arrojarnos a un planteamiento que refresca la visión que sobre estos géneros se puede tener.

Autor de cinco libros de cuentos (¿Cómo viajan los duendes, Esos malditos zombis, Estos pequeños monstruos y Dios es un Volkswagen amarillo, con el que se hizo acreedor del Premio Nacional de cuento Juan José Arreola en el 2012), con La nave eterna, Efraím Blanco nos presenta un universo cerrado, en el que las obsesiones y los sentimientos de los protagonistas se conjugan para generar un ambiente en donde la ambigüedad, la falta de información sobre lo que está pasando, sobre las intenciones que los tripulantes de la nave tienen, generan sensaciones de angustia, de opresión, de miedo, que se van desarrollando a lo largo de los diferentes cuentos que conforman el libro: “Traía en la cabeza esta idea enredada del tema de una nave que llega y que hay diferentes situaciones que ocurren alrededor de ella y me di cuenta de que tenía ciertos cuentos con hilos que conectaban con esta idea, ciertos hilos que los llegaban a conectarse con la idea de la nave o con el estilo central de este libro”, comenta el autor.

La llegada de esta nave y la vida en su interior son dos de los hilos conductores, pero el volumen puede ser leído en varios niveles: está el miedo que genera la llegada de la nave, las protestas, la esperanza de ser elegido para entrar y viajar abordo de ella, ¿cómo decides construir un libro con estas características?
Todo surge de uno de los cuentos, el de La nave partió, en el que se narra la llegada de este navío, de este cohete, de este barco —porque también hay un juego ambiguo, en donde no se deja en claro qué es esta nave, no se deja en claro sí hay que irse en él, si no hay que subirse, si hay reglas o no hay reglas, mi idea era darle al lector una idea tridimensional de lo que es la nave—, así como lo físico, lo emocional y por supuesto las historias que ocurren alrededor, hay historias que van surgiendo a partir de la nave, desde adentro, y hay historias que corren afuera, hay gente que simplemente ve la nave y nunca la aborda, hay gente que por el contrario sí la aborda, hay gente que tiene razones para abordarla y hay gente a la que se le dice porque razones no la puede abordar, mi idea era crear varias perspectivas, hay varios cuentos en los que trato de dar pequeños guiños de quienes son los que vienen en la nave, que es lo que quieren y porque llegan, todo eso tiene mucho que ver con influencias muy claras, por ejemplo de Ray Bradbury que, en Crónicas marcianas tiene varios cuentos sobre cohetes que van a Marte, pero hay un cuento que para mí es inspirador, en el que todas las personas de raza negra se quieren subir a un cohete, el cuento trata sobre todo eso y a mí me interesó darle más atisbos sobre lo que hay en ese cohete y porque la gente quiere subirse a él.

La ambigüedad sobre el aspecto de la nave en sí te permite jugar con los sentimientos y las sensaciones más que con ideas; pienso en el primer cuento Erasmo estuvo aquí que recuerda la idea del Apocalipsis; sin embargo, otros cuentos se definen más por la curiosidad de los personajes o impera es sensación de tratar de entender qué es esa nave.
Una de las cosas con las que me gusta mucho jugar es que no sean historias o personajes planos. Parte del juego de la literatura fantástica es poderse identificar con los personajes, para que de ahí llevar al lector a hacer un contrato de lectura para que realmente se sienta parte de ello. Muchas de las historias sale un poco de mi sensación poética y me gusta dar esos pequeños guiños de historias que van mucho más allá de una línea de base en la que los personajes no tengan sensaciones o aspiraciones o tengan una línea que seguir sin que haya tropiezos en ella, a veces uno sabe hacia dónde van los cuentos y uno sabe exactamente qué final tendrán. A mí me gusta dejarlos un poco antes, justo en la línea en la que el lector pueda jugar con ese final.

¿Qué tan importante es la poesía para tu trabajo como narrador?

Siempre hay algo, sobre todo con la poesía con la que intentas condesar mucho las ideas; la poesía siempre trata de llevar todo a lo mínimo, tratas de hacer pequeñas frases o pequeñas estrofas, y mucha de esa influencia se ve reflejada en las pequeñas micro historias dentro de historias un poco más largas.

La ciencia ficción debe ser muy precisa con el uso del lenguaje…
Sobre todo creo que llegar a un cierto nivel de economía del lenguaje en la que no se pierda tampoco la idea de lo que uno realmente quiere contar y se mantenga esa pequeña ambigüedad, que el lector realmente pueda entender lo que se le está contando pero sin tener todas las pistas para exagerar la historia, porque todos hemos caído alguna vez en el pecado de exagerar demasiado, de describir demasiado, de contar demasiado y no dejar esa pequeña pausa para que funcione este pequeño juego de imaginación.

>En este juego de referencias que tienen los cuentos también nos dan la impresión de que hay varios autores que son influencias importantes para ti. No sólo es ciencia ficción o sólo fantasía, podemos encontrar otras líneas que tienen que ver con otros géneros…
Sí, de hecho sí hay influencias de autores diversos, hay cuentos que nacieron inspirados después de leer un poema, por ejemplo, hay alguno de allá, o un cuento que se dispara después de escuchar una canción muchas veces, me gusta mucho jugar con referencias musicales, hay algunos epígrafes de David Bowie, hasta Kiss. Me gusta jugar con todas esas referencias culturales, que también crean algún disparador para escribir historias y que definitivamente todo tiene que ver con ese gran arco de influencias que pasan por Stephen King, pero en el que también se encuentran Julio Torri, Arreola, Julio Cortázar o Keret en algunos cuentos mucho más cortos o modernos.

¿Consideras que hay diferencias entre tus otros libros de cuentos y La nave eterna?
Creo que nos ocurre a todos los escritores, ya sean poetas o narradores, que uno le encuentra más detalles a lo que escribía antes, me gustan mucho el resultado del trabajo que realicé para Dios es un Volkswagen amarillo, libro con el que gane el Premio Juan José Arreola, que era un libro con una estructura que me gusta mucho, porque lo dividí en tres secciones con una temática distinta y sin embargo todos los cuentos estaban entrelazados. Creo que de alguna manera ese juego me ha seguido pareciendo interesante para los libros que he escrito posteriormente, pero definitivamente siento que he avanzado en el estilo, he desarrollado ciertos temas con los que me clavado mucho más y con los que puedo ser mucho más específico, por ejemplo este tema de la nave me lleva a crear historias entrelazadas directamente, que pueden dar los atisbos de una novela.

¿El proceso de estructurar el tema del libro se dio antes de empezar a escribir los cuentos o una vez que habías empezado a escribir los cuentos?
Había un hilo conductor, pero muy suelto, muy libre, en el que no necesariamente todos los cuentos se ajustaban a la creación de un universo que tuviera que ver entre sí, pero todos los cuentos fueron hechos en cierto momento, totalmente separados uno de otro, sin estar pensados de manera lineal, lo que ocurre en el anterior no necesariamente tiene relación con el siguiente cuento que yo escribía, creo que esa sensación del destiempo o de pequeñas realidades paralelas en el mismo universo en las que ocurren cosas similares se dio porque yo tenía la idea muy clavada en la cabeza y de ahí fueron naciendo las historias, ya después me di cuenta de que realmente estaban enmarcados en medio de un cuadro.

¿Cómo puede de-construir un escritor de literatura fantástica o de ciencia ficción todos estos elementos, toda esta serie de referentes, para poder escribir algo nuevo o por lo menos diferente?
Es un ejercicio bastante interesante, pero creo que más que pensar en ello directamente, es decir no plantearse la idea de crear algo sin copiar otra cosa, eso puede ser el resultado de llegar a tu propia creación, todos tenemos ciertas influencias de cualquier cosa, a todos nos quedan cosas que hemos visto, escuchado, leído, es muy difícil llegar a algo original en estos días en la literatura, por lo que creo que es más bien lanzarse hacia lo que uno cree y siente que es su estilo, y eso va a tener como resultado crear tu propio mundo.

¿Cómo se ve el mundo editorial mexicano desde Cuernavaca?
Pues lo vemos desde otras latitudes, nosotros estamos relativamente cerca de la Ciudad de México, pero a la vez estamos lejos de lo que ocurre allá, estamos a una hora y media pero son dos mundos totalmente distintos, cada uno tiene sus propios mundillos literarios, sus propio movimiento editorial, su propio movimiento de autores. En el estado de Morelos es muy común que lo autores participen y ganen premios nacionales pero no creo que exista una literatura morelense, por decir algo. Considero que las fronteras se han ido esquivando, un poco, por lo digital, por la conexión inmediata, creo que es muy fácil como autor a otros públicos, a muchos lectores a través de las redes, pero en cuestión del libro físico, que es la principal materia del mercado editorial la cosa ya se complica, porque la distribución se vuelve localista, la distribución de los libros es muy difícil para las editoriales independientes y ahí sí se crean estas divisiones, si no estás en la Ciudad de México la gente no te lee, por eso nosotros buscamos las ferias, los festivales, y ese es el único modo de empezar a buscar lectores, aunque lo digital sí ayude un poco a derribar los clichés sobre la literatura de equis lugar.