El latinoamericano como una literatura del migrante

Somos apenas un vagar por ese planeta, descubriendo sentidos en cada paso en lo cual damos nombres, alegría, compartir, frustración o ¿ilusión mágica? Del caminante que busca el sentido humano en el trotar entre diferentes mundos, es decir, el enraizamiento en el viento donde las perspectivas de diferentes planos existenciales se cavilan en nuestro espacio existencial.

¿La realidad latinoamericana es esencialmente hecha por migrantes? Sé que esa frase es un poco categórica, mas dependiendo de la forma como miramos el ayer lleno de guerras por establecer los territorios nacionales, vemos migración como el camino de la formación latinoamericana. Esta narrativa siempre presente: voy a regresar a Europa, a África o al mundo pre-conquista. Estos continentes tan distantes y tan cercanos.

¿Por qué un “regresar”?
Esta ambigüedad melancólica del mestizo que quiere ser europeo, entre ser foráneo y estar en un constante exilio interno, donde la ideología de los Estados nos fuerza a querer ser blancos, aunque llevamos otros colores adentro.

¿Cómo pensar el vagar de los migrantes por el tren de la muerte y su construcción latina del imperio anglosajón?

Quiero pensar tres grandes ejes del personaje migrante del hecho latinoamericano desde una lógica del existencialismo mágico. La del migrante simbólico, es decir, la migración como categoría psicológica de destierro interno; la del migrante desterrado (o en busca del oro perdido en Estados Unidos o en Europa o en busca de algún sentido en la vida); la del viajero/migrante que vivencia el hecho latinoamericano.

El lado de acá de Cortázar

Es interesante que la parte argentina de Rayuela[1], de Julio Cortázar, comienza con “El lado de acá”. Para mí ese “lado” y “acá” expresan la idea de una ordinaria pertenencia, como la perdida de la aventura en el regreso de ‘Oliveira’ a casa. Pero anunciando el verdadero lado de todo, el lugar verdadero de la novela que flota entre Paris y Buenos Aires.
En ese sentido, es característico que el personaje ‘Traveler’ nunca ha viajado, pero además de nombrarse como tal, soñara siempre en viajar. Como sí su existencia estuviera presa a esa anhelo nunca alcanzado de conocer el verdadero mundo en su vagar por aventuras, teniendo como consuelo a su esposa ‘Talita’, que lo ha llevado “en alas de fantasía hasta el borde mismo del horizonte” (Rayuela, p. 241). Lo que el personaje busca desesperadamente en el contacto con su viejo amigo ‘Oliveira’ que nunca le cuenta nada sobre París. Ese mismo amigo que vaga aún por Argentina sin encajarse en ningún lugar, apenas buscando un fantasma de una rioplatense migrante en París, ‘Maga’.

Entonces solo le queda circular en:

“No queda ni uno derecho”, pensaba Oliveira, mirando los clavos desparramados en el suelo. “Y a esta hora la ferretería está cerrada, me van a echar a patadas si golpeo para que me vendan treintas guitas de clavos. Hay que enderezarlos, no hay remedio” (Rayuela, p. 254). Así en su existencia flota en esa acción circular de enderezar clavos que luego se torna una imagen de la disputa loca entre los dos amigos por Talita, que se queda encima de una tabla entre los dos pisos.

‘Oliveira’ vive como en una omnipresencia, navegando en esos dos planes, donde Argentina vive en él cuando está en Francia. Paris cuando está en Buenos Aires. Así en un momento su existencia sabe a huevo y vino en pequeños departamentos fríos en Paris y en otro, el olor a tierra de un sentir frío en el calor argentino en una especia de villa tanguera.

El destierro como camino

Ese vagar por el mundo en el destierro tal cual está presente también en los personajes de Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño[2]. La búsqueda de ‘Belano’ y ‘Ulises Lima’ por el mundo es como un vagar por encontrar el realismo visceral latinoamericano en otros mundos. Ese vagar por ser efectivamente “escritores”, donde ‘Belano’ después de ser varias existencias, de vigilante de camping a marinero, logra efectivamente ser un escritor, luego va a África y se hace periodista.

¿Sería ese el sueño del migrante latinoamericano? ¿Tener el éxito del reconocimiento social que su propia tierra no le permitiría? Una vez en El Salvador, conocí una modelo brasileña que hacía programas de auditorio (odio esos programas), cómo no veo televisión, no la reconocí, luego me pregunta:

-¿Qué haces en El Salvador? –pregunto, con una cara de asustada.
-Te hago la misma pregunta –me mira triste y me hace ver su programa, algo que he visto por unos minutos. Así que no bastaba que los salvadoreños le tengan aprecio, era necesario que un paisano suyo le reconociera. Pues es la existencia del otro la que cuenta para validar tu propia existencia como una búsqueda por algo en ese mundo.

Volviendo a los personajes de Los detectives salvajes, donde ‘Belano’ y ‘Ulises Lima’ son contados por medio de varias voces, como se fuesen testigos del camino de esos poetas mexicanos por el mundo que buscan vivenciar el realismo visceral. Las historias sobre ellos son de existencias simples, de fracasos, con rabia, reconocimiento, donde la existencia de esos dos seres etéreos y absurdos lastimara a las múltiples voces que hablan por medio de Los detectives salvajes, como se hubiese un encuentro entre el extraordinario y el ordinario en el simple vagar por el camping en Barcelona.

El camino del viajero latinoamericano

Simone Darrieux dice:
Cuando yo lo conocí él era un mexicano como cualquier otro, pero en los últimas días se sentía, cada vez más, un extranjero. Una vez le dije: vosotros, los mexicanos, sois así o asá y él me dijo yo no soy mexicano, Simone, yo soy chileno, con algo de tristeza, es cierto, pero con bastante determinación” (p. 290). “Ulises no, él era respetuoso, irónico pero respetuoso, aceptaba a las personas tal como eran y nunca daba la impresión de que intentaba forzar tu intimidad, algo que a mí suele ocurrirme en el trato con latinoamericanos” (Los detectives salvajes, p. 291).

Aquí volvemos a la dialéctica del migrante como destierro interno. ¿’Belano’ era o no era mexicano? ¿Es un chileno sin papeles en México que vivencia la juventud de la poesía mexicana? ¿Bolaño contando una historia mexicana con su voz chilena? Ese destierro interno en la voz de una francesa hablando sobre la personalidad de los latinoamericanos me parece la búsqueda de una esencia en la existencia del trotar por mundos diferentes, donde los europeos son aquellos que nos dan la respuesta de lo que somos.

¿Quiénes somos?
Cuando caminamos por América Latina nos espantamos con la existencia de los otros latinoamericanos con descripciones mágicas, contradicciones, ambigüedades, que parecen caminar por un sendero mágico, cuando cuento sobre América Central para mis paisanos parece una historia:

que me costaba entender, una historia de poetas perdidos y de revistas perdidas y de obras sobre cuya existencia nadie conocía una palabra, en medio de un paisaje que acaso fuera el de California o el de Arizona o el de alguna región mexicana imaginaria o real, pero desleída por el sol y en un tiempo pasado, olvidado o que al menos aquí, en París, en la década de los setenta, ya no tenía la importancia. Una historia en los extramuros de la civilización, le dije. Y él dijo sí, sí, aparentemente sí, sí, sí”. (relato de Sofía Pellegrini, p. 307)”

En esa historia ellos buscan a ‘Cesárea Tinajero’ que a su vez se exilia en el extremo norte mexicano y huye de su existencia como poeta, se hace profesora, obrera y al fin se torna un ser mágico, una elefante en la voz de Madero, una vendedora de tés y hierbas, como el símbolo chamánico, de una bruja que da su vida por los nuevos poetas realvisceralistas.

El lugar latinoamericano en la frontera de México con Estados Unidos como ese extramuros de la civilización para mí es como el territorio del vagar maravilloso de Carpentier que en su trotar por Haiti encuentra el hecho latinoamericano:

a cada paso hallaba lo real maravilloso. Pero pensaba, además, que esa presencia y vigencia de lo real maravilloso no era privilegio único de Haití, sino patrimonio de la América entera, donde todavía no se ha terminado de establecer, por ejemplo, un recuento de cosmogonías. Lo real maravilloso se encuentra a cada paso en las vidas de hombres que inscribieron fechas en la historia del continente y dejaron apellidos aún llevados: desde los buscadores de la fuente de la eterna juventud, de la áurea ciudad de Manoa, hasta ciertos rebeldes de la primera hora o ciertos héroes modernos de nuestras guerras de independencia de tan mitológica traza como la coronela Juana de Azurduy” (p. 42)[3].

Otro día soñé con un duplo, nosotros dos íbamos a viajar juntos. No sé sí a México o a Brasil. ¿Cuál regreso? Corrimos los dos juntos hacia el aeropuerto, pero cada uno fue por un lado. Yo me quedo y pierdo el avión. Él se va en mi lugar. Es como sí así siempre habrá uno en otro lugar, mientras yo estoy acá. ¿Pero de qué lado es acá? ¿Así el sueño explica caminos existenciales en el vagar latinoamericano que nos da como una omnipresencia en un destierro permanente?

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[1] Cortázar, Julio. Rayuela. México: Alfaguara, 2016.
[2] Bolaño, Roberto. Los detectives salvajes. México: Alfaguara, 2016.
[3] Carpentier, Alejo. De lo real maravilloso americano. México: UNAM, 2009.