Entrevista con José Salvador Ruiz Méndez

Con Nepantla P.I (2015), su primera novela, así como con su libro de relatos Hotel Kennedy (2016), José Salvador Ruiz Méndez (Mexicali, 1971) ha situado de nueva cuenta a su ciudad natal en el mapa literario. Sin olvidar la condición de frontera de Chicali y por tanto de contrastes, rememora a través de la ficción lugares emblemáticos (hoteles como “Kennedy”, “Chinesca”, “del Norte”) a la vez que desnuda un comportamiento delictivo y criminal, principalmente bajo la mirada de diferentes policías (acorde a las aspiraciones, tamaños y calibres de cada personaje).

Desde algún lugar en Mexicali o Calexico, explica vía correo electrónico, sobre esta cuestión: “Me interesa conocer, escribir e imaginar la criminalidad de y desde mi ciudad. En gran medida la novela negra es también la novela de las ciudades, de sus barrios, de sus calles y de sus habitantes, de ahí que en mi narrativa me interese explorar los ambientes sórdidos de mi ciudad. Cuando uno lee a escritores como Paco Ignacio Taibo II, Élmer Mendoza o Gabriel Trujillo uno lee también al D.F., a Culiacán o Mexicali. Incluso en autores que utilizan ciudades ficticias como Imanol Caneyada se puede ver la huella de ciudades desérticas del norte de México. Por supuesto que estas representaciones de las ciudades están filtradas por la imaginación e incluso la mitificación en algunos casos, pero parten del conocimiento (o la inspiración) de espacios reales“.

En su narrativa sobresalen detectives como ‘Brígido Kalimán Nepantla Jackson, también conocido como ‘Brayan’, un platónico Investigator Eye con problemas de disfunción eréctil que se contrapone a la figura de otro personaje creado por Ruiz Méndez para su primer volumen de relatos publicado: el ex judicial ‘Dominico Hidalgo Aqueberro’, alias ‘el Kótex’, protagonista en Asalto al Oxxo, Muerte en el Hotel Kennedy y Robo en la Chinesca, relatos breves en los que se dedicada más a delinquir y a perdonar -en un gesto de buena voluntad o de humanismo- a las mujeres que se ven obligadas a cobrar venganza, dando pie a otro tema interesante que subyace en la narrativa de Ruiz Méndez: la víctima como victimario.

‘Nepantla’ es un tipo enamoradizo, una especie de fracasado que aún vive en casa de su madre y tiene una relación problemática con ésta“, refiere en el mismo correo. “Es un detective aficionado que trabaja en los campos de California y cuya Beretta es imaginaria. Sus habilidades sabuesas son limitadas, de ahí que el caso que logra resolver lo hace con ayuda de la chica que lo acompaña y con mucha suerte. Mientras que el ‘Kótex Aqueberro’ es un tipo curtido en la Policía Judicial, con dotes detectivescas que utiliza para suplir su mermada pensión. Es un tipo duro que no se anda por las ramas y utiliza su arma sin pensarlo dos veces.

Entre estos dos personajes hay todo un antagonismo consciente, evidente desde los propios nombres. El primero es más cercano a la cultura mexicoamericana (tiene amigos como el ‘Pocho Cop’) e incluso simula tener una oficina en Calexico, a cuatro calles de la Garita. Por el contrario, ‘El Kótex’ reafirma su falsa herencia vasca y, más que un hombre violento, que lo es, se define por su moral incierta. Es decir, cada uno representa una sátira a los aciertos y prejuicios de los dos países en juego: Estados Unidos y México.

Ambos personajes son completamente distintos en varios sentidos“, confirma. “El nombre de ‘Nepantla’ surge de la lectura de un libro sobre literatura fronteriza donde se teoriza sobre su significado en relación a la comunidad chicana. A grandes rasgos Nepantla significa “estar en medio”, en transición entre dos lugares, pero la teórica chicana Gloria Anzaldúa va más allá y lo utiliza también en términos de identidad. El caso del ‘Kótex’ fue distinto. Tuve una especie de visión, una imagen de un tipo rudo vestido de saco rojo presumiendo sus conquistas amorosas en una cantina“, comparte.

En su fascinación por delinquir, ‘el Kótex’, recuerda a ese personaje estrambótico de Antonio Helú: ‘Máximo Roldán’, o acaso esta sensación sea sólo excusa para preguntar: ¿consideras que entre tus personajes policías existe una obligación de cometer algún tipo de delito o crimen?
Algo que el ‘Kótex Aqueberro’ tiene en común con ‘Máximo Roldán’ es que están condenados por sus apellidos. Donald Yates fue quien sugirió que Roldán es un anagrama de “ladrón”, mientras que Aqueberro es un apellido de origen vasco que significa “macho cabrío”. Es decir, si ‘Roldán’ es un Ladrón, ‘Aqueberro’ es un cabrón bien hecho. Tenía claro el apodo del personaje desde un principio, fue eso lo primero que surgió al imaginarlo, pero tenía que buscarle apellidos y nombres. Entonces busqué en los apellidos vascos porque siempre me han llamado la atención y encontré Aqueberro… Más que una fascinación por delinquir ‘el Kótex’ lo hace para complementar sus ingresos ya que recibe una pensión insuficiente debido a una jubilación forzada. Por su edad y la de su esposa se ve en la necesidad de planear robos y aceptar casos que le ayuden a sobrellevar el retiro y la vejez.
Otros policías de mi narrativa suelen ser delincuentes con placa, como ‘Perales’, en Nepantla P.I., aunque también los hay con un sentido de justicia sin que eso les impida incurrir en excesos y hasta en abusos de poder, aquí pienso en el ministerial ‘Gumaro Guadiana’ del cuento “Matapolicías”.
En general los personajes policiacos de mi narrativa están inspirados en la realidad del país, de ahí que predomine una representación negativa de los cuerpos policiacos. Sin embargo, no pierdo mi lado optimista y tengo policías como el ministerial ‘Armando Yee’, y otros que aún no salen a imprenta, que tiene aspectos más positivos que negativos.

Tu detective ‘Brayan’ habla como ‘chilango’…, lo que incluso es motivo de burla por parte de otros personajes, ¿hubo alguna intención por remarcar a través del habla y el acento cierto ánimo separatista del norte por la capital?, ¿por qué en tu narrativa no es frecuente el registro del habla en Mexicali?
‘Nepantla’ nació en Mexicali, pero el comandante ‘Perales’ se burla de él cambiándole el nombre por un nombre náhuatl cada vez que lo ve. Mi intención fue un tanto registrar ese prejuicio hacia el chilango por parte de algunos norteños más que un ánimo separatista de norte versus la capital. Sin embargo, el prejuicio de ‘Perales’ (y de norteños y fronterizos) proviene también de la actitud arrogante de la capital hacia la frontera que predominó por mucho tiempo. En los 80 había comerciales donde se nos quería enseñar a ser mexicanos, como aquel que decía “No seas cursi, habla español” patrocinado por la Comisión Nacional para la Defensa del Idioma Español.
En la novela, cuando ‘Nepantla’ narra lo hace con un habla menos marcada por su ciudad aunque cuando dialoga con sus amigos sí se registra en parte el habla cachanilla, dice “pinchi” y no “pinche” por darte un ejemplo. En general, creo que mi narrativa registra el habla fronteriza pero sin que sea una obsesión o una agenda forzada. Depende de la personalidad y condición del personaje. En la novela está el caso del ‘Pocho Cop’ quien habla mezclando ambos idiomas. Algo que es sumamente natural en el habla de los mexicoamericanos y chicanos.

En tu primera novela hay una gran cantidad de claves sobre la influencia de Sinaloa en Mexicali… ¿estaríamos hablando de una subcultura que permea a todo el norte o noroeste?
Como toda ciudad fronteriza, Mexicali ha recibido a inmigrantes de todo el país y uno de los estados que predominan es Sinaloa. No sé si sea una subcultura que permea todo el norte, pero seguro el noroeste. Tijuana y Mexicali definitivamente tienen esa presencia importante de sinaloenses que destacan en la música y en la comida y por supuesto también en las referencias al narcotráfico. ‘Nepantla’ hace alusión a la presencia de “chinolas” justamente porque la vox populi decía que el control de la ciudad le pertenecía al cártel de Sinaloa.

A su incursión en la narrativa, que ya le ha valido el Premio Estatal de Literatura por su libro de cuentos Crímenes sueltos (2017), el V Premio Nacional Rafael Ramírez Heredia que otorga el estado de Tamaulipas por No deis lugar al diablo y una destacada participación en el concurso literario del sello De Otro Tipo por su novela, Hotel Chinesca, se suma su sagacidad como verdadero “sabueso” de la temática policiaca, tal y como lo confirman diversos libros en los que, con la colaboración de otros escritores, José Salvador Ruiz Méndez se ha dedicado a reflexionar en torno al género policiaco y criminal en la literatura fronteriza o incluso en la prensa de nota roja.

Su labor como revisionista del género negro en el noroeste mexicano, particularmente en Baja California, aborda un trabajo colaborativo con el inquieto escritor Gabriel Trujillo Muñoz, que consiste en la reunión de 16 cuentos policiacos que suceden en la frontera México-EU, así como una serie de ensayos sobre la narrativa policiaca de fronteras intitulada Fuegos cruzados (2016), que suma el ojo y la pluma de otro autor norteño singular, Jaime Muñoz Vargas, y el ya mencionado Trujillo Muñoz, de quien además realizó un estudio sobre su narrativa policiaca, bajo el título Muertes en el tintero (2017). Ya en solitario publicó, en 2016, el libro de ensayo El cuento criminal bajacaliforniano y sus autores intelectuales (1982-2015).

Escribiste dos libros espalda con espalda con Trujillo Muñoz,y publicaste otro material sobre su obra policiaca. ¿Qué significa para ti GTM: un colaborador cercano, una influencia, un escritor marginal a rescatar…?
En los últimos años he entablado una amistad con Gabriel, nos vemos con cierta frecuencia y charlamos sobre autores y proyectos. La colaboración con él inició bajo el proyecto editorial New Borders/Nuevas Fronteras en 2014. Se trata de un proyecto editorial binacional con el apoyo de la Universidad Autónoma de Baja California, la University of Colorado-Colorado Springs y la editorial Artificios de Mexicali, bajo este proyecto hemos trabajado en dos libros con temática policiaca y a partir de ahí hemos compartido ideas y la afición por el policiaco. Lo conocí primero como lector de su obra policiaca cuando estudiaba un posgrado en San Diego y seguí leyendo su obra a mi regreso a Mexicali. Publiqué un par de ensayos sobre sus cuentos policiacos y me acaban de publicar un libro sobre su narrativa policiaca. No lo considero un escritor marginal que deba rescatar, pero sí ocurre un fenómeno extraño alrededor de su obra ya que lo estudian más fuera de México que dentro del país. Los lectores mexicanos conocedores del policiaco sí conocen alguna que otra novela de Gabriel y creo que con el interés reciente en el género negro los lectores mexicanos voltearán hacia sus diez novelas policiacas publicadas hasta hoy. Es un escritor que no viaja y eso, aunado al centralismo, ha condicionado la difusión de su obra. Para mí ha sido una influencia en mi escritura y he aprendido de su disciplina y su conocimiento del género.

¿Existe una relación concreta entre Expedientes abiertos y ese otro libro El cuento criminal bajacaliforniano y sus autores intelectuales?
Sí, sí existe una relación concreta entre ambos libros. Cuando Gabriel y yo hicimos la investigación sobre cuentos criminales precursores escritos en la frontera norte o sobre ella para la presentación de Expedientes abiertos, nos dimos cuenta que hacía falta justamente eso, una investigación más a fondo sobre la literatura negra fronteriza. Yo había escrito un ensayo sobre ciertos temas recurrentes en el cuento criminal bajacaliforniano para un dossier una revista académica argentina y ese fue el inicio del libro de ensayos Pájaros de cuentos al que te refieres. La diferencia está en que Expedientes abiertos es una antología del cuento criminal fronterizo y norteño e incluye una selección de relatos precursores y también cuentos inéditos, escritos exclusivamente para este libro. Mientras que Pájaros de cuentos es un libro de ensayos sobre los cuentos criminales escritos en Baja California a partir de 1982.

Al hablar sobre el Boom, Cabrera Infante decía que no existía la “nueva novela latinoamericana”, sino “otra encarnación de la novela”, ¿podríamos parafrasearlo en cuanto a la relación entre literatura negra mexicana y literatura negra fronteriza o norteña?
Me parece que podríamos hablar de matices dentro de la literatura negra mexicana cuando nos referimos a las vertientes norteña y fronteriza. Se suele hablar de policiaco norteño y policiaco fronterizo como sinónimos, pero me parece que sí existen matices que permiten ver algunas diferencias ya que no toda la novela negra norteña es fronteriza. Es decir, cuando pensamos en Torreón, Monterrey, Hermosillo, Culiacán, Tampico, etcétera, no pensamos necesariamente en frontera, pero sí en novela negra norteña. Tenemos a autores norteños de novela negra (o que han incursionado en el género) que no se les asocia con temas fronterizos. Me refiero a autores como César López Cuadras, Eduardo Antonio Parra, Hugo Valdés, Carlos René Padilla, Vicente Alfonso, entre otros. Por otro lado tenemos a autores norteños y fronterizos que sí registran cierta sensibilidad y temática asociadas con la frontera, algo que podríamos llamar un “Border Noir” donde se percibe la injerencia o influencia de Estados Unidos. Ya sea a través de agencias norteamericanas como la CIA, la DEA o el Departamento de Estado (DoS) o a través del impacto cultural y económico de aquel país. Generalmente estas novelas registran más directamente el impacto del neoliberalismo, la relación asimétrica entre los EEUU y México y también aspectos lingüísticos de la frontera. Aquí tenemos a Gabriel Trujillo, José Juan Aboytia, Miguel Ángel Chávez Díaz de León, entre otros. Digo esto sin el afán de incurrir en una minuciosa clasificación del género, es solo una observación que me parece apropiada comentar.

Tu cuento Killing Reagan es una retrospectiva sobre cierta “conspiración comunista” para asesinar en Mexicali al presidente-actor estadounidense. El cuento cierra el volumen Hotel Kennedy y aparece en la compilación Expedientes abiertos… Qué tanto es un homenaje a El complot mongol y qué otro tanto una forma de hablar sobre la Guerra contra el narcotráfico?
En 1986 hubo un encuentro entre los presidentes Reagan y De la Madrid en Mexicali. Para un habitante de la Ciudad de México esos encuentros son parte del vivir en la capital política del país, pero ese tipo de reuniones binacionales en la frontera eran sumamente raros. Siempre quise escribir un cuento basado en esa reunión y la serie The Americans me dio la idea para escribirlo tomando en cuenta el contexto histórico de esos años. Es un cuento que habla de la guerra contra el narco que inició Nixon a principios de los setenta y retomó Reagan en los 80, también habla de la histeria desatada por la guerra fría y de la relación del narco mexicano con instituciones de procuración de justicia tanto americanas como mexicanas. Justo en estos días la cadena FX está pasando la serie Snowfall y la Universal Pictures está por sacar la película American Made ambas tocan este tema. No lo pensé como homenaje a El complot mongol, pero no es la primera vez que me hacen esa observación, por supuesto que ‘Filiberto García’ es como un arquetipo de todo escritor de policiaco mexicano.

En tu novela se hace referencia a la guerra calderonista contra el narco como un momento que marcó al país; sin embargo, también se apunta sobre ésta que fue un “montaje entre cárteles y gobierno”. ¿Qué nos puede enseñar la ficción que no parezca una deducción simplista sobre este tema?
La novela hace alusión a la complejidad de la guerra contra el narco exponiendo las diferentes versiones que se barajan sobre la guerra. No se casa con una sola, de hecho son comentarios que se pierden en la trama porque no es una novela sobre el narcotráfico estrictamente hablando, pero toca el tema de la trata de blancas que hoy en día es ya una de las formas en que se ha diversificado el narco. Si bien no considero que la ficción tenga obligación de enseñar algo sobre determinado mal social, quizá una manera en que la ficción pueda aportar algo significativo al entendimiento del complejo problema del narcotráfico y a la guerra que aún se vive en el país, sea derribando las “certezas” que nos plantea la versión oficial. Otra manera más interesante aún sería narrar distintos factores que contribuyeron a tener un presente tan jodido: La precarización de la vida, el machismo exacerbado, el consumismo voraz, la pobreza extrema, la corrupción, etc. pero no necesariamente con un fin didáctico o de denuncia sino para una mejor construcción de la trama y de manera indirecta muestre piezas de ese rompecabezas de horror que se vive en México. César López Cuadras lo hace metiéndose en las rancherías y pueblitos se la sierra sinaloense, narra la vida precaria que viven allá sin intención melodramática, más bien con el fin de construir orgánicamente a sus personajes y a través de sus vidas el lector puede sacar conclusiones, hacer conexiones con el problema de la violencia y el narcotráfico.

Finalmente, a modo de curiosidad, habrá alguna ocasión en que ‘Brígido Kalimán Nepantla Jackson’ y ‘Dominico Hidalgo Aqueberro, alias el Kótex’ interactúen (acaso en alguna saga)…
‘El Kótex’ ha aparecido en otro cuentos protagonizados por otros personajes, pero hasta el momento no ha coincidido con ‘Nepantla’. Tengo otros cuentos inéditos del ‘Kótex’ y he empezado una segunda novela protagonizada por ‘Nepantla’. Quizá en la novela haya alguna aparición del ‘Kótex’, no me lo había planteado pero sería divertido.