Existencialismo mágico como estilo de un hecho latinoamericano

Presentación del problema

El verdadero sueño se situaba en una zona imprecisa, del lado del despertar pero sin que él estuviera verdaderamente despierto; para hablar de eso hubiera necesario valerse de otras referencias, eliminar esos rotundos soñar y despertar que no querían decir nada (…)” (Cortázar, 2016, p. 520).

Esas palabras de Cortázar en Rayuela me colocan con más fuerza el color estético de un hecho latinoamericano; es decir, buscar la estética en el desdibujar de la frontera entre soñar y despertar, donde el onírico y el real se relacionan estrechamente. ¿El sueño anticipa la vida? ¿Sería una alegoría? ¿Una metáfora?

Es la conjunción múltiple de funciones que amplía el onírico en el cotidiano, donde él puede hablar sobre el destino como un tipo de simbolismo que da significado a la vida, es decir, una grieta frente al maquinismo de los días.

La realidad como un gran sueño podría ser la idea sencilla de surrealismo. Pero quiero proponer otra perspectiva del onírico desde su reinterpretación como hecho de un latinoamericanista. Pues leyendo a Rayuela logro ver la mediación hacia la idea del estilo que propongo: El existencialismo mágico.

Aquí puedo ver a un personaje latinoamericano, el ‘Oliveira’ de Rayuela, que reinterpreta el existencialismo del color europeo desde una lógica onírica.

Construyamos otro personaje distinto de ‘Oliveira’: un latinoamericano cualquier que viene desde el mundo rural y vive la urbanidad dura-gris y así busca en las grietas del realismo-claxon-coches-contaminación, un escape mágico para que pueda explicar sus problemas existenciales. Para ser más concreto, lo que propongo es la idea: el onírico como el elemento del pueblo para el existencialismo mágico es ese corte brusco de varias narrativas que expresan un drama urbano-rural como la búsqueda de sentidos plenos, desde una modernidad imperfecta latinoamericana.

El onírico habla a la vida

¿Podemos pensar el simbólico que eleva la realidad hasta un misticismo ateo? Es decir, sí pensamos las grandes ciudades latinoamericanas actualmente en su desencanto, el re-encantarse de la urbe, es pensar el simbólico, creer en él de manera a encontrar explicaciones místicas para tu cotidiano, pero después desquitarse del velo y ver el simbólico como una máscara que guarda la realidad de múltiples caminos entrecortados.

Volviendo al argentino de Rayuela, Oliveira. Él sueña con ‘Maga’ donde “un olvidado pueblo bonaerense y la rue du Sommerard se aliaban sin violencia” (p. 520), así mezcla el sabor trigueño del barroco latinoamericano (como decía Carpentier) con la vida francesa tan llena de pequeños departamentos. Ese mundo helado parisiense parece querer encerrar anhelos y cuestionar la existencia humana, pues en “el sueño había que elegir la parte más tranquila del lugar, la razón del sueño parecía ser solamente ésa, elegir una parte tranquila” (p. 520).

Me parece interesante la palabra usada por ‘Oliveira’: La Razón del sueño. ¿Los significados ocultos de la vida podrían ayudarnos a caminar por nuestros senderos con existencias que pesan en un tipo específico de libertad, como decía Sartre, de esa que nos duele?

Cuando salimos de nuestro pueblo, la tradición si pierde y tenemos de re-proponernos significados y así la fantasía de nuestros devaneos nocturnos nos ronda de forma que:

Sin ningún asombro ni escándalo que su vida de hombre despierto era un fantaseo al lado de la solidez y la permanencia de la sala aunque después al volverse a la cama no hubiera ninguna sala y solamente la pieza de la rue du Sommerard (…)” (Rayuela, p. 521).

¿La vida debería ser un fantaseo? Frente a las cuestiones tan serias, pesadas y melancólicas del cotidiano, desdibujarse en la cama y enfrentar nuestros demonios, deseos y ángeles nos incita a querer volver “a dormir como quien busca a su lugar y su casa después de un largo camino bajo el agua y el frío” (Rayuela, p. 522).

Reinterpretando el onírico frente a la existencia: la grieta

Así es la búsqueda por las grietas mágicas. El encanto debe estar atento a los detalles de la rutina, del compromiso inestable con nuestro cimento rutinero del gris de los hombres burócratas, lograr las luces de los deseos que gritan en nuestra mirada lejana hacia la luna que nos convoca a grandes actos. El torbellino puede ser el piso donde saltan las voces en la punta del corazón de nuevas grandes narrativas.

Los sueños son incoherentes, es el reino de la ilogicidad, pero en un desenlace presentan islas de lógica que invitan otra vez a quitar la armadura de la máscara formal y sistemática, dialogando entre rompecabezas que se desarman y vuelven a armarse, incitando nuevas piezas. Así el sentido general está en los fragmentos y en la totalidad que nos unifica con un motivo más grande, un motivo simbólico que es la ironía de la existencia.

Para mí eso se expresa muy bien en la llamada de ‘Oliveira’ al francés ‘Ettiene’ para contarle sobre el sueño que tuvo en que iba a cortar un pan que lloraba.

¿Qué ha significado para ‘Oliveira’? ¿Su tormento por haber dejado a ‘Maga’ en el entierro de su hijo ‘Rocamadour’? ¿Y el intento de sincronización de sueños entre ‘Traveler’ y ‘Talita’? ¿Quién dicta las reglas?

“(…) pero lo malo no es el sueño. Lo malo es que eso que llaman despertarse ¿A vos no te parece que en realidad es ahora que yo estoy soñando?” (p. 481).

¿Hay que huir de la verdad de nuestros sueños? ¿’Oliveira’ ha sido condenado a vagar por la Rayuela buscando al fantasma-‘Maga’ en ‘Talita’, la esposa de su amigo?

“No, en serio, che. ¿A vos no te pasa que te despertás a veces con la exacta conciencia de que en ese momento empieza una increíble equivocación?” (p. 481)

¿El dolor de la existencia pesa frente a las consecuencias de nuestros actos? ¿El infierno es la existencia ineludible del otro?

Así el onírico y el mágico alivianan esas decisiones y la reubican como coordinadas de una multiplicidad de significados simbólicos.

El latino-americanismo y el existencialismo mágico

-Cuando hablan de El Salvador, solo violencia aparece –decía el salvadoreño de ojos delgados.

Yo estaba en San Salvador en el grupo de literatura Los Desafinados, donde he elaborado los principales cuentos de mi libro Nuestra historia es hecha de canción y sangre. Bebíamos y cantábamos nuestras expresiones literarias.

¿La violencia era el único rasgo salvadoreño? Aunque mis cuentos vivían la violencia, más que hablar de ella, hablaban a ella, ¿cómo podemos dar sentido a la muerte?

Rescatando el onírico del indígena donde cada caído revivía en otro miembro de la comunidad.

Así el arco-iris de simbologías mágicas también implica un compromiso con la existencia humana, como existencialismo mágico de un tejer de experiencias comunales líricas-simbólicas como astillas del pasado que sean capaces de construir bellas canciones. Ese conflicto de subjetividades de la polifonía de voces, es la situación humana, la condición del Gran Otro, de mi Otro latinoamericano viviendo la crujiente historia salvadoreña.

Esa identidad camina por un proyecto América donde nuestras cuestiones nacionales, llenas de territorialidades simbólicas, implican en un compartir de historias. Eso es, el entendimiento lírico de esa singularidad que te influencia, cambia tu destino y crea otras nuevas singularidades, en la construcción de personajes como brumas oníricas que rompen con ese real y traen tensiones ante la dureza de la cotidianidad de realidades humanas extremas: el pandillero guanaco presiente que está muerto y así vive como un fragmento eterno que recuenta su historia.

La Rayuela de la vida

Cortázar tiene razón, la Rayuela es una mándala desacralizada, un giro en múltiples líneas para llegar a la iluminación. ¿Dónde queda el cielo? Aviente las piedritas, las tire y siga. Brinque y las siga en el desviar. El cielo está en la esquina. Tantos centros y el camino de la mándala se abre en brillos oníricos, muchos colores que giran en el centro hacia las extremidades y de las extremidades hacia el centro y de allí te expulsa, pero no salgas de los círculos concéntricos. Juegues otra vez. Las casitas. Ellas allí. En otro lugar. Otro siempre re-prepuesto. Re-supuesto. ¿Quiénes son el Otro?

Cuando era niño me quedé aburrido con la Rayuela, pero no sabía cuántas Rayuelas haría y re-haría y cuantas variantes de colores en cada casita. Calma, de salir de la raya pierde, equilibrarse es preciso, ¿vivir? Esa aburrida línea entre el despertar para ver a los papeles sellados otra vez.

¿El autor no sería el escriba del sueño despierto? ¿O sería la obra un gran dibujo de nuestros mejores y peores sueños? ¿El escribir no tiene algo del trance envuelto en el espíritu del chamanismo que nos incita a crear signos y símbolos?

¿Y el sueño del migrante latinoamericano? Bueno, eso platicamos en otro ensayo sobre la literatura migrante del latinoamericano y sus grietas mágicas.