#Antártida: Carlos René Padilla

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Blog: Antártida
Los cinco libros que Carlos René Padilla* preservaría en el fin del mundo.

Escoger cinco libros siempre es difícil, sobre todo si cada día descubro un nuevo escritor con una historia sorprendente que contar:

Quizás otros labios (Juan Hernández Luna)
Cayó en mis manos cuando estaba en la universidad, de pura suerte, me lo topé en un botadero, leí el primer capítulo ahí, y me enganchó. Lo he comprado tres veces porque siempre lo ando prestando para que lo lean y nunca me lo regresan. La última vez batallé para conseguirlo, por eso decidí ya no soltarlo, eso sí, siempre le ando diciendo a los morros que lean a Juan, sé que sus libros son difíciles de conseguir, pero está bien que se les convierta en su santo grial porque cuando los lean sabrán que no es tiempo perdido. Desgraciadamente nunca lo conocí, pero me lo topé en un semanario de Hermosillo, mando tres cuentos que le publicaron como un favor para uno de los editores. Me pasó su contacto. Le escribí un correo electrónico felicitándolo por su obra y él me contestó muy agradecido. Quedamos en que si alguna vez venía a Hermosillo o yo a Puebla, nos echaríamos un café. La cita nunca se cumplió.

El asesino solitario (Élmer Mendoza)
Me gustó el estilo narrativo de que si no te pones atento, te come la plática del ‘Yorch’. Es una novela entretenida y muy divertida y los modismos pos los conozco todos, pues sí, ni modo que qué. Años después, me toco la fortuna de estar en un taller que dio en Obregón. El maestro Élmer siempre ha sido generoso con su conocimiento y con sus consejos. De él aprendí como debe ser la acción en una novela. Salí de ese taller completamente sacudido y desde entonces no he dejado de escribir a la menor provocación.

El complot mongol, (Rafael Bernal)
La primera vez que leí a Bernal, repasaba un par de párrafos y me iba a la última página a mirar la fecha en que se imprimió: 1969. Y pensaba que esto pudo haber sido publicado dos días antes. ‘Filiberto’ era un personaje que desgraciadamente se quedó en una sola “aventura” porque creo que todos los que han leído El complot mongol se quedaron con ganas de más. La prosa me impresionó y no paré de reírme. Siempre he dicho que así debe ser la literatura: divertida. Que el lector la disfrute y la recomiende. Por supuesto al siguiente viaje a México fui a buscar a los pinches chales en su minibarrio chino con la esperanza de que me tocara un poco de acción.

1280 almas (Jim Thompson)
El personaje de ‘Nick Corey’ es una hermosura: maquiavélico y agradable. Inclusive logra agradarte con todo los asesinatos que comete o los enredos que provoca para seguir detentando el poder como el sheriff de Potts Country, un lugar que desde que Corey vio peligrar su trabajo ha comenzado a bajar su población, antes de 1280 personas, demasiado seguido.

Mientras escribo (Stephen King)
No todos los libros de King me gustan, pero hay unos que son una obra maestra. Mientras escribo es un exorcismo para un escritor adicto a las drogas y el alcohol. Te enseña que por más bueno que seas si no tienes disciplina no puedes lograr nada, además las anécdotas que cuenta son buenísimas.

*Carlos René Padilla es autor de las novelas Amorcito corazón y Un día de estos, Fabiola. Ha merecido dos veces el Premio del Concurso del Libro Sonorense, en 2015 y al año siguiente por el libro de crónica No toda la sangre es roja. Ganó el Premio Nacional de Novela “Una Vuelta de Tuerca” 2016 por Yo soy Spiderman.