Entrevista: Norma Yamille Cuéllar

nyamc

A decir de Norma Yamille Cuéllar (1977), Historias del séptimo sello es una novela negra de ciencia ficción, “o ciberpunk… si vemos al ciberpunk como algo ubicado en el futuro, que habla de tecnología y sociedad“, explica de paso. Se trata de un relato tan vertiginoso como el Apocalipsis (parafraseando a Javier Moro Hernández) en el que una joven regio-campechana consigue colocarse como reportera senior de nota roja en el rotativo ficticio ‘En exclusiva’, en el que -además de reencontrarse con su primer y único amante- intenta reconstruir las historias de ciertas víctimas mortales, quienes emiten gritos de auxilio desde un escaner alterado. La obra fue publicada en 2010 por el Fondo Editorial Tierra Adentro y al año siguiente ya era considerada “una de las obras más ambiciosas y originales del género negro en México hasta entonces“. Reeditada de manera independiente en 2014, esta novela podría considerarse un relato parasicológico (que reúne poltergeist y algo así como psicografía) sobre la violencia social que se vive en México desde la década de los noventas del siglo XX y que recrudeció en el segundo lustro del siglo XXI.

Algo curioso pasó con este libro -comenta la autora vía electrónica- lo empecé a escribir en 2005, antes de toda la violencia que se apoderó de mi ciudad, y empezaba así: Ansiaba trabajar en la sección policiaca de algún periódico al terminar la carrera… aunque la verdadera acción estaba en Ciudad Juárez, no en Monterrey. Pasaron los años, seguía escribiendo la historia… y entonces la violencia empezó en el 2008, y ya se fueron pareciendo algunas escenas del libro y las de la vida real: la paranoia, la inseguridad“.

¿Cómo surge esta mezcla de periodismo de Nota Roja y Parasicología?
Me interesa mucho contar una historia mezclando elementos que no correspondan cien por ciento con la realidad, inyectarle fantasía o un “¿y qué pasaría si…?”. En HSS los reporteros viven entre la realidad y, por decirlo así, otra dimensión, pueden ver cuervos que les avisan cuando hay un peligro de muerte cerca, sus escáneres decodifican el ruido blanco, por eso pueden escuchar a los muertos.

slerbbe

En 2007 publicaste dentro de una antología que se titula Los humanos mueren sonriendo, la misma frase que ‘los espantapájaros’ de Historias del séptimo sello dicen al encontrar un difunto…
En esta novela nos damos cuenta de que la gente cuando muere le queda una gran sonrisa en el rostro, porque se van directito con “el jefe”, es decir, con Dios o con la Fuerza Suprema, o al paraíso terrenal (según cada quien…), el caso es que la gente que muere se llena de felicidad y en este caso, los espantapájaros (ángeles) acuden inmediatamente al muerto y le quitan la sonrisa para cambiarla por un gesto de pesar. Todo para que la gente no se entere sobre la felicidad de la muerte, digo, todo es idea de “el jefe”.

11409831

Hablando de paraísos (artificiales), ¿recuerdas que los personajes femeninos secundarios son cuasi ninfómanas mientras que la protagonista es apenas voyerista?
Sí, las roomies de ‘Jasminder’ acaban de perder la virginidad y fue como descubrir un mundo nuevo 😉 ‘Jasminder’ anda ocupada en otros asuntos. Como que el sexo no es algo que ronde por su cabeza, pero eso cambia al reencontrarse con ‘Fabián’… todavía lo desea.

Y este deseo es vital para ‘Jasminder’, el personaje protagónico…
Encuentro el tema del deseo como algo muy importante en el ser humano. Es un motor, una fuerza increíble, pero también puede ser un arma de dos filos: mi protagonista recorre la gloria y el infierno, literalmente, siguiendo el deseo que tiene por estar con ‘Fabián’, su interés amoroso.

Hablando de deseos… ¿qué papel juega el (verdadero) Hotel Rooselvelt en la doble vida de la gente de Monterrey?
Mi cuento Te espero en Hotel Roosevelt es al estilo de un texto de Luis Javier Alvarado, un narrador y poeta que me encanta. ‘Brenda’ es un personaje de Luis Javier, es un ser atormentado, y puse a ‘Brenda’ a vivir en el Hotel Roosevelt (título de un libro de cuentos de Luis Javier). Ella vive ahí, extrañando a un hombre, y paga su estancia en el lugar haciendo, literalmente, de todo. Luego te das cuenta de que podría ser, tal vez, una fugitiva de la justicia. Puse algo todavía más patético sobre la doble moral de MTY en la novela Quizás, Quizás, Quizás. Hay un capítulo casi 100% verídico de cuando trabajé para un partido conservador (ya sabemos cuál es)… y todo el acoso que sucedió después. Y es algo tan arraigado, como que luego se va metiendo en el inconsciente colectivo y casi se termina aceptando: el estereotipo del jefe acosador que está casado con hijos, va a misa los domingos y tiene a sus hijos en escuela católica; luego está la leyenda urbana de las señoras que van a recoger a sus amantes de pago afuera de un Soriana a tal hora, etcétera. En MTY la doble moral está tan arraigada que ya ni escandaliza.

Otro autor mencionado en tu primera novela es Eduardo A. Parra…
Creo que es de los escritores más interesantes de su generación. Para mí, leer Los límites de la noche ha de haber sido lo que fue para él Señas de identidad, de Juan Goytisolo (como dijo en una entrevista), y la frase de él fue: “Yo no sabía que se podía escribir de esa manera”. Lo mismo digo de “Límites… Me gustan sus letras porque provoca emociones, reacciones. Cuando leí el cuento El placer de morir casi me dio un infarto, lo iba leyendo en un camión. Su crudeza, las atmósferas que maneja, los personajes… sobre todo, la crudeza.

Tus personajes destacan por su intuición y sobre todo, por su irreverencia…
Considero imposible la vida sin humor negro. Generalmente me desahogo en Twitter, en cuentos y novelas. En mis narraciones el humor negro sirve para darle algo de ‘aire’ al texto, (para) no poner tantas cosas pesadas y deprimentes seguidas.

En esta novela haces un recuento de los daños de la violencia por la guerra contra el narcotráfico. Durante la presente década un conglomerado de escritores se quejan de la abundancia de novelas que retratan ese tipo de violencia. ¿Qué opinas al respecto?
Sí creo que existe un número considerable de novelas sobre violencia y narco, y es un reflejo de nuestra realidad, como la exposición que hiciera el Colectivo Semefo en la Bienal de Venecia, que se llamaba “¿De qué otra cosa podríamos hablar?”. También creo que hay muchos más escritores que manejan otros temas…

¿Asumes el término de “literatura del norte” o “norteña” como parte de una propuesta o estás fuera de dicha polémica?
No me gustan las etiquetas, y creo que en mis temas me he estado alejando cada vez de la “literatura norteña”.