Racimo, de Diego Zúñiga

Por Miguel Ángel Hernández Acosta.

racimo

‘Torres Leiva’ es un fotógrafo que ha ido a refugiarse a Iquique, Chile. Tuvo una familia, pero actualmente está solo y su hijo, a quien telefonea de forma constante, prefiere ver la tele, convivir con su padrastro, en lugar de tomarle la llamada. Torres Leiva no conoce a nadie, vive en una pensión donde sólo se dirigen a él para pedirle cigarros, para informarle que alguien lo busca. Además, de camino al trabajo, una mañana se encuentra a una niña en la carretera pidiendo ride y después de llevarla por algunos minutos dentro de su carro, la ve desaparecer en medio del desierto, como si sólo fuera una alucinación. De esta forma comienza Racimo, novela que tiene como eje la desaparición y muy posterior aparición de niñas en Alto Hospicio. Todo ocurre alrededor de una fecha icónica: el 11 de septiembre, vista desde el referente del golpe militar chileno (gente cercana al gobierno de Pinochet parece tener relación con las desapariciones) y desde el derrumbe de las Torres Gemelas, en Estados Unidos (no en balde el apellido del protagonista).

Dividida en cinco secciones, Racimo es una novela extraña tanto por la temática que aborda como por la forma en que está narrada. Su lenguaje sencillo permite avanzar en la trama, pero el cambio de punto de vista y narrador requieren un esfuerzo mayor del lector quien se enfrenta a un narrador que de principio sabe todo lo que pasa y lo que sucederá en el futuro, pero después se descubre que es uno de los personajes de la novela: ‘García’, el periodista y compañero de ‘Torres Leiva’. En este sentido, resulta curioso que cuando ‘García’ dialoga dentro de la novela tenga un extremo fervor religioso, mismo que desaparece por completo cuando es narrador. Asimismo, la validación de ‘García’ como narrador vuelve confusa la idea de que conozca los pensamientos del ‘Torres Leiva’ descritos con anterioridad.

A esto se añade una extraña historia de amor entre ‘Ana’ y ‘Torres Leiva’. Extraña no sólo por cómo comienza o termina, sino por la insistencia del narrador de poner en medio de esta relación a una niña pequeña, hija de ‘Ana’, y quien es una suerte de coro griego quien cuestiona y hace reflexionar a ‘Torres Leiva’. Extraña porque cuanto les sucede es obra de la narración y no de los hechos que se muestran o evocan.

Diego Zúñiga (Iquique, 1987) ofrece en Racimo una novela desconcertante por su temática, que provoca suspenso al retratar la desaparición de colegialas y la investigación que se sigue con tal de hallarlas. Es una historia que está más allá de los esfuerzos humanos de sus protagonistas pues, así como todo inicia con el 11 de septiembre ha de terminar con un terremoto que, se prevé, arrasará con estos personajes y sus historias. A decir de Julián Herbert, Zúñiga es el primero de los narradores latinoamericanos nacidos en los 80 en conquistar la madurez. Esta novela que recibió el Premio a las Mejores Obras Literarias 2013, en la categoría Novela Inédita, otorgada por el Consejo Nacional del Libro y la Lectura chileno, muestra a un escritor con oficio, con conocimiento de las tramas, pero que al apostar por hallar un narrador que hile todo lo que quiere contar, deja una costura demasiado visible y por ello es difícil no notarla.

Zúñiga, Diego. Racimo. México: Random House. 2015.