Festín de muertos. Antología de relatos mexicanos de zombis

El terror para ser efectivo necesita de la monstruosidad y el peligro inminente. Precisa piel erizada, ojos sobreexpuestos y vuelcos al estómago. El terror es el miedo excesivo donde la fuente mira de directamente. El horror, además, tiene el ingrediente de lo grotesco, lo horripilante encarnando la posibilidad de muerte. Los monstruos son necesarios para el horror, pueden aparecer desgarrando cuerpos, cargando fusiles de alto poder, machetes y una mirara torva e inmisericorde. El horror clásico tiene en la literatura sus monstruos. De ésos ya sabemos al hastío. Ya no asustan. Han pasado a ser héroes. Nuestros monstruos, esos que producen horror, tienen el sello de nuestro sistema de sociedad: la masificación, homogeneización, la falta de identidad y voluntad. Se trata de los zombis. El terror de ser protagonista sólo cuando se es parte de una plaga. Ese es el gran terror descubierto por Sigmund Freud cuando habló del hombre ordinario. El hombre gris, masificado. No es gratuito que el zombi sea el monstruo de nuestra generación y tampoco que la literatura mexicana haga sus exploraciones en dicha figura. Es legítimo y necesario, una especie de búsqueda cuando el vagón del metro está saturado de cuerpos. Ahí nadie se salvaría de la infección. Fantasear con ser el superviviente es acceder a la posibilidad de llegar con aliento a la siguiente estación.

zombis

Los cuentos compilados en este Festín de muertos no son, como dicen los propios coordinares del libro, tropicalizaciones; es decir, no son George Romero lidiando con la corrupción de la policía o de los políticos (aunque no suena mal como eje argumental), se trata de piezas que hacen suyo al personaje y le exploran facetas instaladas en la subjetividad mexicana. Como aquel donde el zombi es la herencia, una macabra mascota a quien se alimenta por lástima, por ese bendito valor muy mexicano de compadecer al más jodido y odiar a quien sobresale. Bajo es máxima, el zombi se convierte en ser vulnerable, el muertito a quien cuidar. O el zombi convertido en estrella cinematográfica. Quizá sólo posible en México. Tenemos tantas probables estrellas zombis que el cuento parece documental.

Por supuesto ¿qué pasaría con el día de muertos después de un cataclismo zombi? José Luis Zárate nos lleva a la fiesta. Tengan preparados los alimentos frescos, los necesitarán. También es probable, si tenemos estrellas de tele zombi, que haya una conjura zombi y nuestros héroes, anónimos como siempre, luche como sólo los verdaderos hombres luchan, a decir de la Botellita de Jerez, con máscara y mallas, llaves y lances desde la tercera cuerda.

¿Hay algo más que una pulsión insaciable en el zombi? ¿Hay algún resquicio de reflexión? Cecilia Eudave penetra en el último habitante de la tierra para responder estas preguntas. A su vez, Antonio Ramos descubre una cura y describe los efectos colaterales. El drama es la imposibilidad de cancelar el deseo más punzante, el deseo por la carne, eso lo sabían bien los teólogos del medioevo: la carne es la vía a la condenación. Y esa carne también es amable, en el sentido cárnico y carnal de la palabra, en su forma erótica. Un apocalipsis zombi, sin duda, sería el festín para un necrófilo. Con arrancar dientes y uñas…

Norma Lazo presenta una pieza pulcra en lo que respecta al género. Pulcra porque la historia se sostiene en el eje emblemático del género zombi: la confrontación con la muerte animada, donde las víctimas nada saben sobre el asunto y luchan por sobrevivir sin tener tiempo a preguntarse qué es aquello muerto-vivo, sólo se puede recurrir al bagaje de recuerdos propios como acceso a la muerte por mordidas. Una pieza clásica y exacta.

Este festín llena la panza con los pedazos humanos necesarios según lecturas sobre el tema definidos por cada autor. Un banquete para ir leyendo en un vagón del metro y así poder documentar los movimientos necesarios para sobrevivir hasta llegar a destino.

Castro, Raquel y Villegas, Rafael (Coords.). Festín de muertos. Antología de relatos mexicanos de zombis. México: Océano, 2015.