Entrevista a Emmanuel Vizcaya

Por Jonás “Eveready” Domínguez.

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Poeta, ensayista y narrador, Emmanuel Vizcaya (Ciudad de México, 1989) es autor de un volumen de poesía en clave sci-fi; una serie de breves relatos especulativos (Aerovitrales, Cuadrivio, 2015) y de una antología de 67 páginas en formato epub en las que reúne textos inéditos como ya publicados (Sphera Prisma, Sin Origen, 2016). Actualmente está a la espera de publicar otro libro de poesía y uno más -totalmente inédito- “de corte ensayístico” con observaciones, metáforas y analogías de la cotidianidad “que son una manera en la que disfruto ver y situarme en el mundo“, define previo a esta entrevista, durante un recorrido por las calles de la colonia Roma. Adelanta: “Me gusta reflexionar sobre los inevitables puntos de contacto que poseen las cosas que son diametralmente opuestas. Creo que este libro se nutre de reflexiones de ese tipo. Lo considero un libro de exploración y de hallazgos personales que busca incitar a la contemplación de las cosas mínimas para magnificarlas. Su estructura es muy anecdótica, a veces narrativa y otras tantas llena de imágenes y juegos de palabras, lo que lo vuelve más un receptáculo de textos híbridos unidos por el eje de la observación“.

Relata que la ciencia es un tema que siempre le ha gustado y cautivado. “De niño yo quería ser ingeniero en robótica o programador de videojuegos o astronauta hasta que me di cuenta de que las matemáticas y las ciencias duras jamás iban a ser lo mío. Por eso es inevitable que en lo que escribo se plasme algo de esa admiración de lejos, algo de esa especie de añoranza. Tratar con situaciones donde la ciencia es protagonista o con un lenguaje propio de ese ámbito me produce el gusto de ‘alcanzar’ por flancos inusuales aquello que para mí fue ‘inalcanzable’“, asegura. “La verdad es que es no es tan dramático como suena“.

Además de escritor, Vizcaya imparte talleres de escritura creativa. Se le puede leer de manera regular en su bitácora electrónica que actualiza cada lunes “como una forma de dar circulación a textos que muchas veces quedan flotando o que pueden ser gérmenes o detonadores para algo más. Es todavía un misterio para mí saber hasta dónde llegará o hacia qué desembocará“, dice.

Para esta entrevista, Vizcaya responde el cuestionario vía electrónica:

Se escribe en blogs, se publica en e-books y sin embargo, pareciera que la literatura electrónica es más un medio/soporte que una ruptura literaria. ¿Qué piensas al respecto?
Creo que aún es pronto para hablar de rupturas, aunque es evidente que la escritura está mutando electrónicamente como nunca antes lo había hecho (o como nunca antes lo había visto), y me refiero a escritura que incluso ya no es verbal sino que es escritura de código, de programación, de “glitch”, de “crasheo” digital, de .GIF, de imagen, de sonido y de ensamble. Me interesan mucho estas manifestaciones aunque soy muy inexperto en el rubro. Apuesto por cierta deconstrucción del lenguaje, por el replanteo de la literatura y por las configuraciones artísticas que se alcanzan mediante la tecnología. Tal vez me interesan más en la medida en que son desconocidas para mí porque me proponen retos de análisis y de crítica, aunque es obvio que para aproximarse a ellas debemos explorar con herramientas diferentes, no las usuales con las que se aborda la literatura más convencional. Pienso en algunos artistas contemporáneos míos que están trabajando estas plataformas y muchas veces siento la necesidad de ser un nodo colaborador desde mi trinchera que, cuando logra salirse de la escritura, se dirige hacia la música electrónica, que para mí es otro tipo de escritura de ensambles.

Hablando de música, recomiéndanos el soundtrack idóneo para acompañar la lectura de Aerovitrales
En la época de escribir Aerovitrales estuve escuchando mucho a Flume y a KOAN Sound, sobre todo poniendo algunas canciones en loop infinito como “More Than You Thought” o “Introvert”, respectivamente. Hoy podría recomendar un playlist aleatorio de Synkro, un productor londinense que acabo de descubrir y que me hace sentir familiares muchas de sus atmósferas. Justo ahora me dieron ganas de escuchar su track “Why Don’t You”.

Regresando al tema de la escritura: ¿Cuál es tu ‘momento perfecto’ para escribir?
Donde me agarre el espasmo. Antes tenía ciertas manías y rituales estorbosos que tenían que ver con “preparar el terreno” para ponerme a escribir. Con el tiempo, esas manías han desaparecido para dar paso a otras nuevas que tienen que ver más con el momento justo de estar escribiendo. Por ejemplo, antes sólo me permitía escribir sentado y en calma, con plena conciencia de que ése era “el momento para escribir” sin interrupciones; no me permitía hacerlo en el transporte público o rodeado de gente. Ahora escribo casi en cualquier lado y situación mientras tenga cerca la libreta. A veces puedo ser aquel tipo molesto que en plena fiesta se va al sillón a garabatear tonterías pero juro que no lo hago por inadaptado sino porque si pierdo la idea en ese momento se me va para siempre, y pocas cosas me frustran tanto como dejar pasar un posible detonador. Mi “ritual” consiste en escribir a mano y luego, al transcribir a la computadora, aplicar todos los procesos de edición y corrección.

¿Y en qué momento decides que un texto llegó a su punto final?
Depende mucho el tipo de texto. En mi caso, cuando se trata de una narración, la mayoría de las veces su escritura concluye cuando ya dije todo lo que tenía que decir porque posiblemente lo tenía claro desde antes. En un poema es distinto, pues creo que los poemas nunca terminan, sólo contienen (mediante límites muy móviles y casi frágiles) una emoción determinada que puede expandirse, y de hecho, que pretende expandirse más allá, en el lector. Entonces, así es posible que donde termina mi poema, mi “emoción”, comience una nueva y totalmente distinta en el lector. También a veces me doy cuenta de que los textos terminan mucho antes de lo que creemos, basta con hacer el sencillo experimento de poner el punto final un párrafo o una estrofa arriba y listo. En ocasiones, la conciencia de que queremos concluir nos aleja de la conclusión, como un piloto que titubea al aterrizar su aeronave.

¿Tienes alguna teoría personal sobre el proceso de escribir narrativa?
Sobre escribir narrativa, ninguna. Pero tengo la teoría de que la escritura es un ente moldeable y escurridizo, casi como una medusa, que es capaz de adaptarse a muchos tipos de contenedores, entonces he optado por simplemente dejar que la escritura me lleve, que sea ella misma la que me proponga una estructura. Al escribir narrativa, al contar una historia o una escena breve, sólo pienso en lo que quiero decir, y gradualmente va apareciendo la manera más viable de decirlo, obviamente después de un par de borradores y hojas rayoneadas. Creo que lo más importante es comenzar con una idea más o menos completa de lo que se quiere contar, a pesar de que es inevitable que en el camino se transforme e incluso hasta se desintegre y vuelva a rearmarse. Con la poesía es distinto: a mí me pasa que dejo que el impulso de la emoción abarque la escritura casi como una catarsis, casi sin ver y, después de dejar reposar el texto por algunas semanas sin tocarlo, vuelvo a él con otros ojos y con la intención de evocar de nuevo las sensaciones. Al escribir un cuento o una microficción, por lo general no lo dejo hasta que ya está lista una versión preliminar, lo más de inmediato posible.

¿Hay algo cabalístico en tus publicaciones o simplemente te acoplas al tríptico como estructura?
La estructura del tríptico me ha funcionado bien hasta el momento. Divido en tres secciones o capas la totalidad de un proyecto (como un libro) para proponer una manera más ligera pero a la vez más incisiva de abordarlo. Transitar por tres espacios de un todo me resulta práctico pero tampoco lo veo como una regla y esto puede cambiar en el futuro. Sin embargo, sí me gusta jugar con ciertas pistas y detalles mínimos (que muchas veces tienen que ver con números) en mis textos y libros. Por ejemplo, el texto “Quince columnas son un templo” representa mi obsesión por el exacto engranaje de las secuencias numéricas. Es un texto muy breve que me gusta mucho porque traté de darle forma (de rellenar de contenido) a una estructura secuencial casi caleidoscópica. No sé si lo logré, pero para mí funciona. Lo veo como un pequeñísimo prisma. Hay más elementos así en lo que escribo y algunos no tienen que ver con números, esto lo hago sólo por ver quién los encuentra, como un divertimento. Ahora puedo revelar uno del que ya he hablado varias veces en público: en todos mis libros hasta ahora (incluso en los que tengo inéditos) siempre aparece la frase el signo de la X.

Has mencionado que los cuentos de tu libro Aerovitrales son un respiro a anteriores trabajos poéticos. ¿Piensas seguir ese camino u optarás por escribir narrativa con otra intención?
En efecto, para mi escritura y anímicamente para mí, fue un respiro el traslado momentáneo de las formas al escribir narrativa después de tres años de trabajar en las estructuras poéticas de mi proyecto NEO/GN/SYS. Esto se dio como algo muy natural, como una necesidad de destensar la cuerda, por decirlo de algún modo, y no porque la narrativa me exigiera menos sino porque se me presentaba como un nuevo canal, más fresco y casi inexplorado para ese entonces. La narrativa me interesa como también me interesa la poesía y la escritura en general. Cuando me siento a escribir, pocas veces tengo clara la forma del “recipiente” que contendrá aquellas líneas. Por lo mismo, seguiré en la narrativa mientras tenga la necesidad de narrar, sin una intención más específica. Ha sido con el transcurso del tiempo y las páginas que decidí no estacionarme en géneros y fórmulas (aunque siempre le tendré un lugar muy especial reservado a la poesía) y más bien distinguir qué tipo de parámetros me pide el texto de manera orgánica para desarrollarse. Creo que esa postura ante mi trabajo me facilita las cosas, sobre todo porque confío en que el proceso posterior de revisión y corrección que aplico limará las asperezas. Ese proceso para mí es todo un ritual de obsesiones que disfruto bastante.

aerovitrales

En tus cuentos breves abundan los escenarios apocalípticos. ¿Qué te atrae de la catástrofe?
Cuando pienso en microrrelato o microficción (como es el caso de la mayoría de los textos de Aerovitrales) el primer recurso que tomo es el de la contundencia, porque para mí, un texto así de corto sólo puede sostenerse por la fuerza de su impacto, que será brevísimo, y por eso busca ser certero y a veces violento, como un latigazo. La catástrofe o las escenas del fin del mundo, por ejemplo, me parece que ya llevan la mitad del camino recorrido hacia la permanencia en la memoria y en el inconsciente, entonces en varias ocasiones aproveché esa característica y construí escenas o imágenes límite, entre la realidad y un posible cataclismo, universal o personal. Evidentemente esto no significa que sólo así pueda escribirse microficción (o que yo sólo lo haga de este modo) pero fue un recurso que me gustó explotar porque, además, no voy a negar que siempre hay algo de fatalismo, paranoia y humor negro en mí.

Algunos de tus relatos parecen construidos desde una imagen fotográfica o desde una imagen onírica. ¿Acostumbras escribir tus sueños?
Sí, desde hace un buen rato tengo la costumbre de escribir mis sueños más significativos en una libreta. Nunca lo hago al despertar porque tampoco es que coleccione todas las escenas de la noche, más bien, lo hago muchos días o incluso semanas después, con los sueños que a pesar del tiempo sigo recordando con claridad. Esos son los sueños de los que me interesa tener registro, por puro gusto y por ver si algo bueno sale de ellos. De hecho, en mi blog hay un apartado específico de “Sueños” donde ya he publicado algunos. No tengo un conocimiento psicoanalítico fuerte para saber cómo interpretarlos pero me atraen en su forma más elemental: la de ser un lenguaje cifrado y un generador de imágenes, escenas y posibilidades poéticas y hasta literarias.

Por último, ¿cuál es tu idea de futuro?
Pienso que el futuro no existe, o si existe es inalcanzable por el hecho de que para ser futuro deberá estar siempre adelante de nosotros. Creo en el pasado y en el presente porque ambos son tangibles, pero el futuro es una ilusión que puede nombrarse e intuirse mas no suponerse. Me gustaría citar el pequeño texto con que abro NEO/GN/SYS para terminar la respuesta y así salirme del apuro: “El presente sólo existe mientras es nombrado. El futuro nos llama inevitablemente. Respirar es llevar aire del presente hacia el futuro. Hablar es transportar palabras desde el presente de los labios hacia el futuro del aire y de las calles. Aun así, el futuro tampoco existe. Pero sí su evocación. Esa biosfera de rayos”.