El bigote, de Emmanuel Carrère

Lo natural es que parezca fácil narrar una pesadilla. Encimar imágenes inconexas para producir una aleación delirante y sin sentido. El reino de los sueños es un terreno en perpetua exploración, ya que lo permite casi todo. No hay un solo ingreso a ese lugar de sensaciones encontradas, que resulte incapaz de revelar algo de nosotros, lo que vivimos o no y el entorno, con sus pliegues y áreas de sombra.

Emmanuel Carrère (París, 1957) ha dedicado su labor literaria a explorar situaciones inverosímiles en un contexto verídico, al menos, en apariencia. Antes de ser conocido en el medio hispanoparlante por su labor como narrador, se le recordaba como autor de Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos. Philip K. Dick, 1928-1982 (1993), biografía novelada del autor norteamericano. El bigote (1986) es uno de sus títulos más recordables, pues construye el tipo de pesadilla que nadie quisiera vivir: la sospecha que todos conspiran para volvernos locos. En el libro, el protagonista tiene bigote y lo ha utilizado durante años. Una mañana desea cambiar su apariencia, y se rasura, con lo que espera alguna reacción de los demás, quienes no hacen manifestación alguna y el relato gira alrededor de la posibilidad de aquel bigote improbable.

El autor francés es un hábil editor de sus propios trabajos, y la novela genera sub-tramas de investigaciones cruzadas, en donde el lector termina más confundido que el protagonista. Lo cual, debo decirlo, se necesita más que nunca. Los libros con una trama complaciente, cuya la última página nos revela una epifanía inconmensurable, casi bíblica, dan muestras de cansancio y el arte de narrar se revitaliza en la posibilidad de emplear el lenguaje para fines personales, antes que para la comodidad de un posible lector. La proximidad de Carrère con el cine, dota a la historia de una ligereza que deriva epidérmica y, en sus páginas más atrevidas, revela las claves de una realidad que sólo por comodidad imaginamos estacionaria.

Maquetación 1

El bigote es una novela que se vuelve necesario releer porque su autor la escribió con ese propósito. Una sola palabra puede ser la clave para intuir si, en efecto, el protagonista tenía o no bigote, ya que es la pregunta que carraspea con timidez en todas sus páginas. Las formas arriesgadas de la novela posmoderna, liberaron a los lectores de la idea añeja de “cerrar la trama”, esto es, explicar por qué apareció el perro, se disparó la pistola y el tapete era de color rojo. Por suerte, el narrador actual goza de una libertad inédita, lo cual igualmente lleva al naufragio a muchas tentativas escriturales, incluso premiadas. No todo Carrère es un batazo, pero El bigote podría ser la anotación de su carrera.

Emmanuel Carrère. El bigote. España: Anagrama, 2014.