De tres en tres: García Márquez periodista

Por Miguel Ángel Hernández Acosta.

El 9 de abril de 1948, en Bogotá, Colombia, asesinaron al caudillo Jorge Eliecer Gaitán y con su muerte se desató una revuelta popular. Este hecho de violencia provocó que el joven Gabriel García Márquez a sus 21 años abandonara la carrera de Derecho y se afianzara en la idea de ser periodista. Veinte días después de lo que se conoce como “El Bogotazo” aterrizó en Barranquilla y para el 18 o 19 de mayo, acompañado de Manuel Zapata Olivella, antropólogo y escritor colombiano, llegó a las oficinas del diario El Universal donde empezaría su carrera formal en el periodismo que no terminaría sino con su muerte.
A este periodo de formación concierne el periodismo que hizo en El Universal, de Cartagena; El Heraldo, de Barranquilla (donde publicaba la columna “La Jirafa”, llamada así en honor a Mercedes Barcha, su futura esposa); El Espectador, de Bogotá (donde se hizo famoso gracias al relato de un náufrago del navío destructor Caldas); sus corresponsalías en Roma, París, Europa oriental y Londres, así como sus colaboraciones en diversas revistas de Caracas, Bogotá, La Habana y el despacho de Prensa Latina, en Nueva York.
Tras el rompimiento de relaciones entre Cuba y Estados Unidos, en 1961, García Márquez se vio en la necesidad de abandonar aquel país y la agencia de noticias, y comenzó el viaje que lo llevaría por los pueblos sureños norteamericanos que lo apasionaban en la narrativa de William Faulkner, hasta llegar a México. Su estancia en el país se conoce: el cine, las agencias de publicidad, la carestía, la escritura de Cien años de soledad y su envío, en dos partes, a Editorial Sudamericana… Después llegó el éxito, la internacionalización, la dedicación exclusiva a la literatura. Entonces emigró a Barcelona.
De 1971 data una conversación que mantuvo con Pablo Neruda en París, tras el Premio Nobel concedido al poeta chileno. En ella, García Márquez confesó: “a mí me gustaría volver al periodismo, pero sobre todo a ser reportero, porque tengo la impresión de que a media de que uno avanza en el trabajo literario va perdiendo el sentido de la realidad, en cambio el trabajo de reportero tiene la ventaja de que lo tiene a uno todos los días en contacto con la realidad inmediata”. Y así lo hizo: comenzaba su etapa conocida como del “periodismo militante”. En ella destacan sus trabajos en la revista Alternativa, de izquierda, donde lo mismo habló del golpe militar en Chile, que entrevistó al general Omar Torrijos, al dirigente del PSOE español, Felipe González, y relató todo cuanto pasaba en la Nicaragua de Somoza.
En los ochenta llegaron sus colaboraciones en El Espectador y El País, donde sus “Notas de prensa” le permitían hablar de sus obsesiones, de literatura, de política, de anécdotas como su miedo a volar. Después continuaría con su obsesión de reportero al promover e instaurar la Fundación del Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), a mediados de la década de los noventa. Su última aventura periodística fue la revista Cambio, donde escribió perfiles de líderes internacionales, donde están Bill Clinton (recitando de memoria el monólogo de Benji, perteneciente a El ruido y la furia, de Faulkner), pasando por Hugo Chávez (que se encontraba en el punto preciso de convertirse en héroe o dictador de Venezuela) y Shakira (y su imposibilidad de hallar tiempo dentro de su apretada agenda).
Fue el propio García Márquez quien dijo que el Premio Nobel, concedido en 1982, le había sido otorgado por su literatura, pero él creía que un gran porcentaje se lo debía al periodismo, donde se había formado como escritor. Estas lecturas hablan de ese porcentaje.

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Relato de un náufrago
El 28 de febrero de 1955 se conoció la noticia de que ocho miembros de la tripulación del destructor Caldas, de la Marina de Guerra de Colombia, habían caído al agua y desaparecido a causa de una tormenta en el más Caribe”, explica García Márquez al reelaborar la historia de la historia que habrá de contar. Un único sobreviviente, Luis Alejandro Velasco, llegó a las playas colombianas tras 10 días a la deriva en el mar. Su historia se convirtió en leyenda, él se volvió un héroe y pasado el tiempo, tras esos instantes de fama, acudió al diario El Espectador queriendo vender la historia que ya todos conocían. El director era Guillermo Cano; el jefe de redacción, José Salgar, y el reportero de planta, Gabriel García Márquez. Por una corazonada, el director del periódico aceptó la oferta y mandó a su reportero a entrevistarlo hasta el cansancio. Fueron “veinte sesiones de seis horas diarias”, donde el reportero descubrió el arte de narrar de aquel náufrago. García Márquez reconstruyó el relato y la historia apareció durante 14 días consecutivos en el periódico. Las ventas de El Espectador aumentaron e, incluso, la gente esperaba fuera del diario para comprar las más recientes entregas de la historia de aquel marinero. El montaje de la historia, la recopilación exhaustiva de información, así como la pluma del colombiano, se asentaron como características del periodismo que más tarde defendería al momento de establecer la FNPI.
Quince años después, tras el éxito editorial en que se había convertido García Márquez, ese reportaje que encumbró al colombiano se publicó como libro. Él, un escritor con un amplio instinto de la política, que sabía quién era y qué representaba en ese entonces, escribió en el prólogo: “Me deprime la idea de que a los editores no les interese tanto el mérito del texto como el nombre con que está firmado, que muy a mi pesar es el mismo de un escritor de moda. Si ahora se imprime en forma de libro es porque dije sí sin pensarlo muy bien, y no soy un hombre con dos palabras”. A pesar de estas palabras, este trabajo es un perfecto ejemplo de gran periodismo.

Relato de un náufrago. 6 reimpr. en edición de bolsillo. México: Diana, 2010.

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Noticia de un secuestro
En octubre de 1993, García Márquez conoció a Maruja Pachón y a Alberto Villamizar, quienes le relataron el secuestro de ella a mano de ‘Los extraditables’ (narcotraficantes colombianos liderados por Pablo Escobar que querían obligar al gobierno a no extraditarlos a Estados Unidos; esto, al generar terror dentro de la población colombiana). En diciembre de ese mismo año, García Márquez se reunió con Jaime Abello, director de Telecaribe, y le pidió que le ayudara a conformar lo que más tarde se convertirá en la FNPI.
García Márquez estaba convencido de querer regresar al reporterismo y, usando la historia del secuestro de Maruja Pachón y su cuñada Beatriz Villamizar crearía un clásico: Noticia de un secuestro. Este libro ya posee todas las características del periodismo que hoy siguen practicando las mejores plumas: uso de escenas, desglose de datos, una amplia investigación, multiplicidad de escenarios, descripciones indirectas, humor, intención dramática, así como una inclusión del periodista como parte de la narración y como narrador. El trabajo de tres años e incontables entrevistas son la guía que atraviesa este relato que contextualiza cada una de las historias para entregar una Colombia donde el poder, el periodismo, el narcotráfico y la corrupción están separados sólo por una decisión ética; donde la violencia resuena en cada noticiero, donde la fe de encontrar a los seres queridos pasa por las celdas de los narcotraficantes y por barrios a donde la ley nunca llega. Es éste un ejemplo de periodismo como el que quería impulsar García Márquez con la FNPI, tal como estableció en los valores que la guiarían: “daremos la máxima importancia a promover la capacidad de contar historias en forma creativa y el rigor en la investigación periodística”.
En 1995, en un curso de Reporterismo y Redacción para 12 alumnos de la Escuela de Periodismo UAM (Universidad Autónoma de Madrid)/El País, sin luz, debido a una tormenta, sólo con la iluminación de las improvisadas velas, García Márquez leyó por primera vez el inicio de este gran libro: “Antes de entrar en el automóvil miró por encima del hombro para estar segura de que nadie la acechaba. Eran las siete y cinco de la noche de Bogotá. Había oscurecido una hora antes, el Parque Nacional estaba mal iluminado y los árboles sin hojas tenían un perfil fantasmal contra el cielo turbio y triste, pero había a la vista nada que temer”.
Todo periodista debería permitirse repetir esta experiencia que, incluso sin el dramatismo de la falta de luz, provocará un escalofrío por la precisión sin recato de todo cuanto se narra.

Noticia de un secuestro. 6ª reimpr. en edición de bolsillo. México: Diana.

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Gabo periodista
Editada por Héctor Feliciano, esta antología de textos periodísticos recorre toda la trayectoria de García Márquez, desde las inocentes columnas de los años cincuenta donde analiza los motivos para ser perro o en las que establece el sentido poético de la madrugada, pasando por los aguerridos reportajes de los convulsos setenta latinoamericanos, hasta sus discursos en pro de un periodismo de excelencia. Las 512 páginas de este libro revelan a un autor deslumbrante incluso cuando habla de una vaca que paró el tráfico en Bogotá o de la noche cuando viajó de la Alemania occidental a la oriental.
Los textos periodísticos son comentados y seleccionados por Gerald Martin, Héctor Abad Faciolince, Juan Villoro, Jon Lee Anderson, Martín Caparrós, Alex Grijelmo, Juan Cruz, Alma Guillermoprieto, Jaime Abello, María Teresa Ronderos, José Salgar, Teodoro Petkoff, Antonio Muñoz Molina, Jean-Francois Fogel, Sergio Ramírez, Enrique Santos Calderon, Joaquín Estefanía, María Jiménez Duzán y María Elvira Samper.
Además, el ejemplar cuenta con fotos que permiten ensamblar el rompecabezas que es el periodista colombiano; con entrevista a Mercedes Barcha a quien las palabras le faltan en oposición a las que le abundan al esposo; con una cronología periodística de García Márquez, y con el entrañable “El mejor oficio del mundo” que pronunció en la 52ª Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa, en Los Ángeles, en 1996.
La exactitud de las palabras, la intención por revelar un mundo nuevo al lector y la pasión del periodista García Márquez por saber, por demostrar que su labor se nutre de todas las artes, por su gran base cultural, son sólo algunas de las cualidades de este ejemplar. En él se lee al periodista barranquillero y al Premio Nobel internacional; al redactor que aprende el oficio en la calle y al reportero que anota cada dato y detalle para transmitir una forma distinta de ver el mundo.
Si hubiera que hacer una comparación Gabo periodista es a la no ficción lo que Cien años de soledad son a la ficción del colombiano: el libro que provocará que el lector abandone todo cuanto lo rodea con tal de persistir en el embrujo de sus páginas.

Gabo periodista. Antología de textos periodísticos de Gabriel García Márquez. Edición de Héctor Feliciano. México: Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo/Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/Fondo de Cultura Económica, 2012.