Compro libros, luego existo

De libros

Augusto Monterroso menciona, en su pequeño texto titulado “Cómo me deshice de quinientos libros“, que suele confundirse el hábito de comprar libros con el hábito de la lectura. Me parece cierto y me parece triste. He conocido gente que usa de amuleto aquella foto donde José Emilio Pacheco aparece rodeado de libros (literalmente rodeado) y aseguran, con más palabras de las necesarias, creo yo (en un burdo intento por hacernos ver cuánto leen) que les gustaría estar en similar situación. Me parece que el hábito de la lectura, sobre todo actualmente, no va de la mano con aquel de comprar libros.

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No es de sorprender que el consumismo permee las zonas más sensibles del pensamiento humano (en este caso, el de la lectura, que es, al fin y al cabo, conversación); a mí me parece similar el hombre que presume su carro de medio millón de pesos a aquel que presume su edición de Rayuela forrada en piel de bebé caucásico; un Tsuru es tan capaz de llevarte a tu destino como lo puede ser un Ferrari; en el caso de los libros, una edición barata contiene el mismo texto que la edición bendecida por Borges (con un par de erratas extra, claro, como en el caso de los autos). Sin embargo, el consumista de libros suele verse con ojos más benévolos, ya que el fenómeno de la lectura nos sigue pareciendo misterioso y digno de admiración; o, entendámonos, lo que creemos por “fenómeno de la lectura”.

Hace un par de días, vi circular por la red una caricatura donde un libro y un lector electrónico competían, cual viles niños de primaria, por ver quién era el mejor. La victoria se la llevaba el libro de papel, por un ligerísimo margen (otorgado, de más está decirlo, por el dibujante). La discusión me parece necia y pueril, y pienso, además, que se está instalando rápidamente en el terreno de las grandes disyuntivas que han aquejado al mexicano desde tiempos ancestrales: Pepsi o Coca, Paulina Rubio o Thalía, Santo o Blue Demon, América o Chivas; DC comics o Marvel. Creo que más que acérrimos rivales, el libro físico y el electrónico pueden ser complementos; son complementos. Viejas ediciones que no pueden ya ser adquiridas en físico, o cuyo precio nos queda fuera de las manos, son asequibles en formato electrónico. Como caso personal, expongo que desde que me mudé al formato electrónico he leído más que cuando dependía enteramente del papel.

Un cerdito temeroso hizo su casa con palitos de madera; el segundo cerdito la hizo con paja, el tercero la hizo de tabiques; el cuarto la hizo con libros. Rodearnos de libros (a la Pacheco), y mostrárselo al mundo, tiene más que ver con la afición de comprar libros que con leerlos o, en todo caso, tiene más que ver con los demás que con nosotros mismos. Así como el verdadero artemarcialista no va por la calle tirando patadas o golpes, el verdadero lector (no un ser mítico o súper poderoso, sino alguien que disfruta de la lectura) no va por la vida hablando de sus libros ni los lleva bajo el brazo al café más cercano, para que la mesera lo mire leer y entonces le den ganas de arrancarle la ropa. Empero, el libro no está exento (por qué habría de estarlo) de un fetichismo de mercancías. (¿o acaso creíamos que los innumerables anuncios de Gandhi no generan ganancias?)

En concordancia con lo anterior, en el tenor de las artes marciales: Bruce Lee solía decir “no temo al hombre que ha practicado 10 mil patadas, sino al hombre que ha practicado una sola patada 10 mil veces”. Así, pues, yo no respeto al hombre que ha leído 10 mil libros, sino al que ha leído unos cuantos, pero los ha leído con profundidad (entiéndase amor). Si Borges decía que la literatura se hace más con la goma que con la punta del lápiz, creo que la labor del lector puede también ser la de deshacerse de libros y pulir la biblioteca personal: limar la carne del librero hasta que quede el hueso; volver a los autores (nuestros autores) de cabecera, pero con otros ojos, brindados por nuevas lecturas (lecturas, no compras de libros).

En fin, que las personas que gustan de comprar libros y coleccionarlos son libres de hacerlo (total, cada quien hace con su dinero lo que mejor le parezca) pero que no juzgue o mire por encima del hombro a quien colecciona carritos (a escala o tamaño natural). Que lo que has leído con la derecha no lo publique en Facebook la izquierda. O que lo que compre y pague tu derecha lo lea tu izquierda.

De lobos

1. Hablando de izquierdas y derechas, es bien sabido que un boxeador zurdo (un southpaw) puede generar problemas al peleador de guardia derecha (o natural, como la llaman). Aquí un compilado de las acciones de 10 zurdos.

2. Y hablando de lápices y Argentina (y un poquito de Borges, también) en Youtube se puede ver completa, y con bastante calidad, “La noche de los lápices“, película sobre desapariciones forzadas y torturas de estudiantes.